Nos están matando, una por semana

La lista de mujeres asesinadas por la violencia machista es bochornosa e incluye a jóvenes, mujeres de mediana edad o abuelas de cualquier edad y estrato social. El contador es imparable, en Madrid, Málaga, Galicia, Levante, Zaragoza. Son tantas como las que el terrorismo de Eta ha asesinado en su vil historia, pero parece que no nos hemos dado cuenta hasta que el marcador sangriento ha llegado a las 900. Son tantas, que la violencia machista es ya la primera causa de muerte entre las mujeres de 14 y 45 años en Europa. ¿Y ante esa barbarie, ante ese terrorismo, qué hacemos? ¿Qué hacen los medios y la sociedad? Poco. Está claro.

En un próximo reportaje que publicaré en Tintalibre sobre el tema, la periodista Lucía Martínez Odriozola y profesora de periodismo en la Universidad del País Vasco pone en dedo en la llaga al comparar –ya hace años- cómo se trataban los asesinados por el terrorismo de Eta y las asesinadas por la violencia machista. “Presenté ese trabajo durante una conferencia tras el abandono de las armas de Eta. Quería demostrar cómo, desde el punto de vista social y de los medios de comunicación, se estableció un consenso que resultó muy eficaz contra el terrorismo de Eta. Y ante la realidad que tenemos, con más muertas por violencia machista que en los peores años de la banda etarra: una mujer por semana, es imprescindible que se enarbole ese acuerdo. El tratamiento de esos asesinatos debe ser impecable”, señala. Y ante la realidad que tenemos, con más muertas por violencia machista que en los peores años de la banda etarra: una mujer por semana, es imprescindible que se enarbole ese acuerdo. El tratamiento de esos asesinatos debe ser impecable”, afirma la reportera. Y como ejemplo narra cómo en los primeros años de terror en el País Vasco las noticias de los guardia civiles y políticos asesinatos se daban como breves; nunca se hablaba de la víctima. Con el tiempo, los medios cambiaron y las víctimas empezaron a ocupar portadas, tenían nombres y apellidos, familias, una historia en su tierra, se sabía si sus hijos hablan euskera… Por contra, en el asesinato de mujeres no se suele contar la historia de la víctima; al revés, quien sale frecuentemente es el victimario, con problemas de alcohol, licencia de armas… Como mucho –apunta Martínez Odriozola-, nos encontramos con unas siglas: “ORL, de procedencia rumana”. Al ser cuestionada por qué antes unos crímenes sí hubo una voluntad de informar distinto y ante los otros no, la profesora dice no sentirse con autoridad para responder, pero sí apunta que posiblemente existió la fuerza de algunos políticos vascos.

(…) “No se habla de las causas porque son muy pocas las que las saben y las entienden. Las que analizan y sacan conclusiones sobre esos motivos son, además, mujeres, y por ello son ninguneadas. Su opinión pasa a ser “de loca”. Volvemos a lo mismo: sociedad misógina”, apunta Barbijaputa.

Y lo peor, es que la criminal cuenta sigue, y más grave aún, que las jóvenes -una de cada tres, según un trabajo del CIS de enero de este año- considera aceptable que su pareja la controle.  “La educación que recibimos perpetúa el mismo sistema. Es un bucle donde todos nos retroalimentamos, sin pensamiento crítico no saldremos nunca de él”, sentencia Barbijaputa. El artículo completo, próximamente.

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