Te quiero perrito, pero pan poquito

Cuando mi abuela se aburría de mis halagos y cero eficiencia, cuando mis “te quiero”, “te quiero”, le sonaban a vacío, me repetía: “Te quiero perrito, pero pan poquito”. Con esa idea arranca el próximo reportaje que publico en Tintalibre en junio. Habla sobre las promesas electorales a las mujeres, que en España somos -con el censo en la mano- un millón más de votos. Las féminas constituimos el 51,6% del censo frente al 48,4% de ellos. Esto es, una diferencia de casi tres puntos, que traducido en votos es más  de un millón cien mil papeletas.

¿Y? Poco caso. Pero, ¿por qué no les interesa a los políticos apuntar a esos temas de interés para ese 51,6% del electorado? , “No, no son los asuntos importantes, dado el proceso de domesticación de las sociedad. Porque aunque la desigualdad está muy presente en sus programas, no se considera que haya que actuar sobre el germen de ese desequilibrio: el patriarcado”, asevera Lucía Martínez Odriozola, profesora de la Universidad del País Vasco.

Tras muchas reflexiones de políticas y feministas cierro recordando el peligro amarillo, aquel miedo que hubo durante los años del telón de acero. Se decía que el día que todos los chinos saltaran, el mundo brincaría. Bien, quizás, el día que todas las mujeres votemos analizando qué se nos ofrece, el mundo bote.

 

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