La difícil ecuación del feminismo y la política

“Quien es feminista y no es de izquierdas, carece de estrategia. Quien es de izquierdas y no es feminista, carece de profundidad”, Rosa de Luxemburgo

Con esta fabulosa cita arrancaba un reportaje sobre Podemos y feminismo, una ecuación todavía difícil de resolver porque para que el feminismo triunfe, es decir, la igualdad, hacen falta cambios estructurales. Es necesario truncar la cultura patriarcal. Pero no es fácil. Por eso muchas veces los feminismos quedan relegados a un segundo plano. También en Podemos, explicaba para Tintalibre en su edición de diciembre que recojo en parte en este blog.

Cuando el partido morado surgió de las calles, enseguida se escuchó aquello de “la revolución será feminista o no será” entre sus asambleas. Pero para muchas feministas, la forma de entender la igualdad entre mujeres y hombres de la nueva formación resultó poco. En cuanto a contenido, volvía a quedarse en lo teórico, en un círculo, señalaban. (…) La lucha por llegar a gobernar relegaba la propuesta económica y social que defiende el feminismo, a una fase posterior, a una segunda etapa. Antes que los cambios por la igualdad, importaba correr y hacerse con el poder. Hasta el nombre con el que el grupo político fue a las urnas, Unidos Podemos, resultó excluyente para un importante sector de las feministas.

“Podemos no es feminista como no lo es ningún partido político ni ninguna institución. Porque todos los partidos y todas las instituciones continúan siendo androcéntricos y porque el poder de las mujeres feministas dentro de los partidos sigue siendo un poder delegado: te ponen, te borran; te dan más poder, te dan menos, según convenga. Pero dicho esto, lo cierto es que Podemos está lleno de feministas”, escribía en Público Beatriz Gimeno, senadora por Madrid de la coalición y una de las escritoras feministas más reconocidas del país. Preguntada al respecto, responde que la política es un sitio áspero y que Podemos quizás hasta más, porque han tenido que pasar de cero a mil en dos años, señala. Niega que los feminismos sean solo un círculo y defiende que el feminismo se entiende en su partido de una forma transversal en todos sus programas.

Pero cuesta, no hay duda. “Me temo que las mujeres están en la “nueva” política tal y como estaban en la “vieja”, es decir, sin tocar verdaderamente el poder y sin tener eso que Celia Amorós llama la completa investidura. Me temo que vuelven a ser las traicionadas, como lo han sido a lo largo de la historia, por revoluciones en las que ellas se dejan la piel pero luego, a la hora de repartir poder, suelen quedar en las afueras”, comentaba hace unas semanas Octavio Salazar en una jornada sobre género e inclusión.

(…)

En esa difícil lucha por cambiar las estructuras que habla de la necesidad de que ellos pierdan privilegios, Lidia Falcón, fundadora del Partido Feminista y parte de Izquierda Unida, criticaba desde dentro la última campaña del grupo nacido el 15M. La señalaba de masculina. La abogada y feminista afirmaba que la contienda electoral no había contado con la participación de feministas, ni en las listas ni en los actos. Y lo peor, sugería, “asuntos tan sangrantes como los feminicidios que se cometen cada dos días, solo han consumido ocho segundos del valiosísimo tiempo de Pablo Iglesias, en el debate televisivo más importante”. No es la única pega que se escucha sobre la agrupación morada. Una parte del feminismo les reprocha que no sean valientes a la hora de posicionarse en contra de la prostitución o los vientres de alquiler, dos ejemplos de mercantilización del cuerpo de las mujeres, apuntan.

“En Podemos puede estar ocurriendo lo que pasa en casi todas las organizaciones mixtas de izquierdas: que hay que convencer a los compañeros de que la agenda feminista esté de verdad en los programas y que no hablamos solo de sexualidad y derechos reproductivos, conciliación y permisos de paternidad. Nuestra propuesta política es un cambio sistemático que atañe al urbanismo, a la economía, a la política internacional…”, señala Irantzu Varela, feminista y en las listas de Bildu, que también vive la tensión de señalarse feminista dentro de una estructura patriarcal. “Ser mujer y feminista en un partido resulta incómodo: hay que hacernos sitio”, resume.

(…) Gimeno afirma que no se trata tanto de convencer del feminismo, sino de imponerse para conseguir mayores cuotas de poder y ejercerlo para hacer una política más inclusiva. Y sin miedo habla de un feminismo más impugnador, sin caras amables y que repita que ellos han de ceder privilegios. Pero falta. Y la feminista de Podemos llega a afirmar que hoy sería imposible que una persona que se declare eminentemente feminista fuese elegida como primera opción para dirigir un país. ¿Por qué? Porque una parte, los hombres, deberían de ceder. Una política auténticamente feminista, repite, sería aquella que se dirigiese al total de la población, al 100 por cien, y no solo a las prioridades de los hombres, que son los que hasta ahora han escrito las leyes, señala.

 

(…) ¿Soluciones? Seguir luchando en todos los frentes, propone Gimeno. No desistir. “Hay mucho trabajo, pero estamos dispuestas”, concluye Irantzu Varela que recuerda lo importante que será siempre apoyarse en los feminismos autónomos, la vanguardia, para seguir avanzando, a pesar de todo. FIN

 

 

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