Un hogar para salir de la exclusión

2017 arrancó con 2 muertos y 2 heridos por incendio en Torrevieja a la luz de las velas. El problema se llama pobreza energética y mata. Parece que hubiésemos olvidado el artículo 47 de la Constitución que dice que “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación”.

Resolver la situación de las personas sin hogar, que a veces tienen otros problemas asociados, como la adición al alcohol, el maltrato o la marginación, no es fácil, pero tampoco es imposible. Y, como dice la Constitución, es un derecho de la ciudadanía, sean pobres o no.

Para Dani, una casa ha supuesto muchas cosas. Por ejemplo, aprender a cocinar (llevaba comiendo durante años en albergues), poder dormir tranquilo sin la angustia de mantener un ojo abierto para que no le quiten las pocas cosas que tiene. Más cambios: después de más de una decena de años en la calle está aprendiendo a hacer la colada y su estima ha cambiado tanto que hasta se tiñe el pelo. No puede ir más guapo y aseado.

Ahora también se ha puesto un horario para trabajar: pedir en la calle. Sale solo en las horas de máxima afluencia y pasa menos frío y muchas más horas en su hogar. De su trabajo, la mendicidad, no le da para pagar la pequeña casa en la que ahora hace vida normal. Vídeo sobre Dani y el hogar que le hace ciudadano.  Los gastos los asume Atenea, una ONG que junto con el Ayuntamiento de Madrid ha empezado a poner pequeños pisos de la Empresa Municipal de Vivienda y Suelo a disposición de quienes duermen en las calles por un tiempo ilimitado. Están convencidos de que, pese a no tener ninguna o casi ninguna contrapartida económica por parte de los nuevos inquilinos, con esta medida mejoran sus condiciones de vida y se consigue una mayor reinserción de estas personas en el sistema.

Ganan también los comerciantes y vecinos de la zona, que ya no tienen durmiendo en sus puertas a estas personas. La vivienda no se condiciona a que dejen el alcohol, si lo consumieran (como en otros programas), a que aporten un dinero mínimo o a que consigan pagar un alquiler. Solo les piden seguir en contacto con ellos para trabajar con ellos en su futura reinserción social.

“Pero además de las claras mejoras para quienes están entrando en las casas, se está demostrando que esta solución es más económica y eficaz que los albergues o soluciones ‘en escalera’ en las que el beneficiario debe ir superando fases poco a poco. Quienes participan en estas iniciativas están más sanos, ganan en autoestima, dignidad y salen del círculo de las dependencias y la exclusión social”, explican Israel Fábregas y María López Tobar, profesionales de la Fundación Atenea, en contacto directo con los beneficiarios de este iniciativa.

Para quienes defienden esta solución, es importante también entender que las personas sin techo no forman un colectivo. Son personas que han sufrido diversos (y distintos) procesos de exclusión social y que requieren ser tratadas de forma individual según sus situaciones, sean de dependencia de drogas, de violencia de género o de desarraigo laboral. Entienden el alojamiento como un derecho (como dice la Constitución), como una oportunidad para la persona, como un lugar que garantiza las condiciones de seguridad, intimidad y estabilidad necesarias desde las que las personas puedan abordar procesos de cambio. Repiten que la estabilidad residencial es clave para la inclusión.

En total, junto con Atenea, otras cuatro ONG (Asociación Realidades para la Integración Social, Asociación Provivienda, Fundación San Martín de Porres y Fundación Luz Casanova) gestionan y se hacen cargo de un total de 20 viviendas en Madrid. En Sevilla, también con el Consistorio, Fundación Atenea entrega en este mes una veintena de casas totalmente amuebladas para un total de 100 personas. Está contemplado que las personas aporten un 20% de sus ingresos como apoyo al programa, un total que varía según las necesidades de cada beneficiario y que contempla que si no hay ingresos, no aportan nada. En Madrid, el proyecto ha contado en 2016 con financiación de las obras sociales de La Caixa e Ibercaja. En Sevilla, el proyecto es un recurso del Ayuntamiento de Sevilla.

Todas estas iniciativas abren las puertas de nuevos hogares para entrar en ellos y salir de la exclusión. Texto originalmente publicado en Desalambre, un apartado de www.eldiario. es sobre Desigualdad.

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