Física pura

67,

68,

69,

70,

71…

Marta aprendió a contar aquel día pegada a la tele. Siempre le habían costado los números, le aburrían. Pero aquel septiembre, absorta ante la pantalla, entendió la gravedad, que resultó ser una ley física.

-¡Más lejos¡ Se te va a estropear la vista, le decía su madre desde la cocina. ¿Qué haces?, ¿estás rezando?

La pequeña estaba paralizada, y de pronto supo que tras el 67, donde siempre se había cansado, iba el 68, el 69 y luego se saltaba al 70 (con esa “t” fricante y rara). Petrificada ante el cómputo de esas siluetas que se lanzaban de los edificios, imaginaba el poco tiempo en el que esos números llegarían al suelo.

Llegado el ciento, no quiso seguir.

Lula Gómez

(un cuento que me pidió Diana Restrepo para hablar de la gravedad de la caída)

 

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