Para los nazis somos culos: ¿burka o bikini?

En las tristes elecciones que hoy se han celebrado en Alemania y en las que un partido de ultraderecha podría conseguir hasta 90 escaños, con un 13,5% de los votos, las mujeres somos culos. Era parte de su publicidad, ilustrada con tres mujeres jóvenes, esbeltas a las que se veía de espaldas en bikini metiéndose en el mar. ¿Burka o bikini?, rezaba el panfleto. “Nosotros, preferimos bikini”, proseguía el partido que habla de la expulsión del extranjero y la defensa de lo propio.

La forma de llamar la atención contra el extranjero (identificado con el burka) ha sido escándalo en el país de Hitler, para algunos, sí, pero para otros muchos, no. Porque las mujeres seguimos siendo cosificadas, objetos, culos, tetas y madres que paren hijos (e hijas) para que el sistema siga funcionando, pero no más. Que un señor (y lo siento, aquí utilizo el masculino singular) de derechas se quede tranquilo optando por el bikini me aterra por varios motivos.

*) sigue siendo un machirulo que me llamará feminazi y que considera que sus hijas solo pueden ser, como mucho, un culo bonito.

*) está comparando la velocidad con el tocino (no vale ser tan simplista a la hora de gritar y querer expulsar al otro).  No es lícito pensar que una prenda de vestir, tan peligrosa como un traje de chaqueta, pueda representar “el uniforme de un movimiento contra el que estamos en guerra” y una “señal de adhesión al yihadismo (se llegó a escuchar en Francia con la polémica del burkini, el burka adaptado al baño.

*) Que ellas lleven un atuendo u otro no les fuerza e ellos a tener que usarlo y mucho menos, a opinar sobre lo que visten ellas.

*) y sin entrar de defender el burka, por si alguno esgrime estar defendiendo los derechos de las mujeres, ¿no son los reducidísimos uniformes de vóley-playa, por ejemplo, tan machistas como el burka? Porque puestos, en España hace poco en una piscina prohibieron el uso del burkini y admitieron el top less. Y de aquí al disparate del ayuntamiento de Cannes, que llegó a prohibir el baño en sus playas a las mujeres que usaban burkini porque “representaba una forma ostentosa de pertenencia religiosa”. Menos mal que dicha acción provocó al menos el sarcasmo internacional, bendito humor inglés que titulaba: “El burkini, prohibido en las costas francesas, para proteger a la gente” (The Independent).

 

 

 

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