El señor del chalé en el Escorial y los “otros”, los migrantes

Con toda la buena intención (presumo), el actual ministro de Exteriores, Josep Borrell, clausuraba esta semana un encuentro sobre migraciones y ciudades para subrayar la necesidad de ver las migraciones como uno de los grandes temas a abordar del presente y el futuro. Señalaba el socialista que nos encontramos ante un tema que puede romper más la Unión Europea que la crisis del euro. Avisaba del peligro de la posible división que se puede crear: los habitantes del viejo continente ven en esos flujos de personas que migran una amenaza hacia lo que han configurado como “su identidad”, apuntaba el político. Todo bien.

Excelente el ejemplo que trajo de Ecuador y de cómo el país andino está siendo capaz de escolarizar, de un curso a otro, hasta a 40.000 niños, hijos del éxodo venezolano. “El otro”, en Ecuador, ha sido parte del país; no hay más.

El problema es cuando desde posiciones como la del titular de Exteriores se mezcla la economía con el Derecho y la crisis natalicia de un puñado de países. No, señor Borrell, no podemos pensar en las migraciones como una solución al problema demográfico de este envejecido rincón del planeta. No podemos confundir a la sociedad –aturdida por tanto ruido e información malintencionada- y contarles que sí peligra parte de nuestro empleo. No vale parapetarse en que admitimos a los que sí producen o a los que sí se reproducen. Cuidado, hablar así es acabar poniendo el adjetivo “liberal” a los derechos humanos. Y ya habrá visto la que le ha caído a sus colegas de Ciudadanos por querer aplicar el término al feminismo.

Asusta escucharle diciendo que a usted, que tiene un chalé en El Escorial y una plaza como catedrático en la universidad, como recordó ante el auditorio, esas personas que migran no le van a quitar el trabajo. Atemoriza lo que no dice. O sea, ¿que para el común de los mortales que no hemos sido ministros, ni presidentes de una institución europea, ni altos representantes de multinacionales, esa gente que huye del hambre o viene con el legítimo derecho de otra vida, amenaza nuestro confort? Señor Borrell, nómada cosmopolita, como usted se autodefinió en el foro, le está dando la razón a esa extrema derecha.

¿De verdad que piensa que –como señaló- solo unos pocos van a entender que los aportes de quienes vienen de fuera (a recoger fresas y cuidar a nuestros niños y viejos, acoto yo) son el sostén de nuestras pensiones?

No nos líe; es peligroso. “Somos sociedades que envejecen. Y mientras que no seamos capaces de despertar la voluntad de procrear en nuestros hijos y nietos, no tenemos una solución fácil para el bache demográfico. Solamente podremos cubrir ese bache importando población”, dijo. ¿De verdad que de lo que hay que hablar es de “importar” personas? ¡Ah, sí! Pero que no sean catedráticos, no le vayan a quitar el puesto.

“Hay que buscar un equilibrio entre nuestras necesidades y nuestra capacidad de integración”, comentó. Socorro: ¿entonces solo miramos nuestros intereses? Preocupada por ese posible enfrentamiento entre las dos partes del Mediterráneo, demando nuevas alternativas a las políticas de migración. Porque seguir construyendo muros, físicos o mentales, entre ellos y nosotros, no funciona; lo estamos viendo.  “Hay que buscar un equilibrio entre lo que necesitamos y lo que la sociedad entiende que es positivo”, señaló. Cuidado, los migrantes no son vasijas. Importan, pero no porque puedan contribuir al PIB. Menos mal que a pesar de este escalofriante mensaje que daba esta semana, también señalaba que no podíamos agarrarnos exclusivamente a la lógica aritmética y que las sociedades deben ser capaces de integrar a esas personas que vienen de fuera. Solo un matiz: propongo empezar a desterrar ese verbo, dejar de decir “integrar” y sí cumplir con el derecho internacional humanitario, si hablamos de refugiados; de responsabilidad, progreso, diversidad y sociedades de bienestar donde cabemos todos, si hablamos de migrantes.

Publicado en https://blogs.publico.es/conmde/2019/03/23/el-senor-del-chale-en-el-escorial-y-los-otros-los-migrantes/

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