KAJSA EKIS EKMAN: “Me niego a distinguir entre trata y prostitución como si hubiese putas e inocentes”

De gira por España, la periodista y activista Kajsa Ekis Ekman asevera que no entiende cómo se sigue discutiendo sobre la abolición de la prostitución. Para ella, es una cuestión de vida o muerte, la de las mujeres prostituidas.

Madrid, 28/10.- Kajsa Ekis Ekman (Estocolmo, 1980) es periodista, activista y una de las voces más reconocidas por la abolición de la prostitución. Conoce de lo que habla. Para escribir El ser y la mercancía, editado por Bellaterra Ediciones, se pasó dos años recorriendo Europa investigando el negocio, sus sindicatos, los lobbies que lo defienden y el testimonio de las mujeres prostituidas. Esta semana ha estado en España invitada por Feminicidio.net para hacer campaña pro abolición y señalar la prostitución y el negocio de los vientres de alquiler como los más abominables del capitalismo.

La escritora sueca aprovechó también para verse con los partidos políticos. Ekis Ekman, que habla un perfecto español, cuida el lenguaje. Por eso seguro prefiere referirse a las mujeres que ejercen la prostitución como prostituidas y celebra el término hijo de putero, en vez del clásico español. A ellos, quienes hacen posible el negocio, los denomina directamente compradores.

Las preguntas personales se suelen dejar para el final, pero me resulta difícil hacerlo, especialmente para alguien que habla tanto de lo nocivo que ha sido para las mujeres separar los conceptos cuerpo y alma. ¿Cómo se siente tras dos años metida en las tripas y el negocio de la prostitución?

Bueno. Son más de dos años. Salí del libro, estuve 3 años escribiendo sobre la crisis económica en Grecia y volví al tema de prostitución. Es duro, sí, pero también es muy enriquecedor en cuanto a la comprensión del fenómeno. Quería entender los discursos no abolicionistas que escuchamos sobre la prostitución.

Pero esos discursos se mantienen. Una parte argumenta que la prostitución es el oficio más antiguo del mundo y otra defiende la libertad de ejercerla.

Eso es lo interesante. Porque por el trabajo del lobby del sexo el discurso es el que tú quieras: desde el trabajo más antiguo del mundo, a la profesión más moderna. Han cogido los términos claves de todos los movimientos sociales. Han secuestrado los términos más importantes y utilizan sindicatos, para convencer a la izquierda; vida privada, para hacerse con la derecha conservadora. Hablan de la libre elección entre dos adultos, que es el término neoliberal más corriente. Mi vida, mi cuerpo, mi decisión es el eslogan para llegar a las feministas. Y al movimiento LGTBI, les dicen que es una sexualidad igual que ser gay o lesbiana.

Pero usted denuncia que no son sindicatos; que no hay libre elección, que se está manipulando la realidad.

No. Claro, ¡no son sindicatos¡. Un sindicato es un grupo financiado por los trabajadores que luchan contra los gerentes y jefes de la industria. Y eso, como tal, no existe en la prostitución. Lo que hay son grupos de lobbistas que se llaman sindicatos para convencer a la izquierda. Algunos son financiados por proxenetas, como en Inglaterra; otros por los Estados, como en Holanda. Otros son sindicatos que ya existían y que abrieron dentro de sus organizaciones espacios para la prostitución. Otros son lobbistas.

Y por supuesto, no hay prostitución libre: eso es falso. La prostitución en sí es sexo entre dos personas. Una que quiere y otra que no. Por eso mismo yo no hago distinción entre trata y prostitución. Me niego, es hacer una distinción entre putas e inocentes.

¿Y qué pasa con las mujeres prostituidas que defienden que quieren ejercer?

Lo que quieren es dinero, no sexo. Si no las pagas, ¿no practican sexo, verdad? Entonces, dales dinero de otra forma. El sexo debe ser libre y ajeno al dinero. En el sexo debe haber deseo y en la prostitución no lo hay.

Pero habrá muchos que dirán que tampoco hay deseo en picar una mina, pero sí quieren la remuneración.

Pero trabajar en minas es un trabajo necesario para la humanidad y el sexo lo practicamos para sentirnos bien. No hay necesidad de sexo. No hay necesidad de que los hombres se corran una vez por día, por semana o al mes. No es un derecho humano.

Habla de que dejemos de mirar a las mujeres prostituidas y pongamos el foco en los hombres ¿Por qué se van los hombres de putas?

Por falta de respeto a las mujeres. Porque no buscan una sexualidad mútua.
En la prostitución él decide con quién; ella no. Él decide cómo; ella, no. Es el sexo más desigual que pueda existir. Ellas, al recibir el dinero, renuncian al derecho de decidir y mandar.”Los hombres se van de putas por falta de respeto a las mujeres”, Ekis Ekman

No puedo entender por qué hay tanta gente preocupada por mantener una institución tan brutal, tan capitalista, tan colonizadora, tan patriarcal. Porque entre comprador y comprada se distinguen por género por supuesto, pero también por clase social, por país de origen, por edad (ellos son siempre más viejos. Las niñas que entran en esto lo hacen con 14 años). La desigualdad es absoluta: ellos tienen papeles; ellas, no…. Hasta el estado civil; ellos casi siempre están casados; ellas, no.

¿Eso es lo que ha estado contando a los partidos políticos?

Sí, claro. En el PSOE dicen que están a favor, que tratarán de hacer una propuesta por la abolición; en el PP no me han recibido. Y en Unidas Podemos hay dos corrientes, una abolicionista y otra que no. Abominable, la verdad. No puedo entender cómo un partido anticapitalista no esté en contra de la peor expresión del capitalismo. Dicen que son un partido muy joven, que requieren tiempo para tomar posiciones, que no quieren crear divisiones… No lo entiendo. Solo espero que se sumen a la lucha.

Usted dice que el cuerpo nos une a todas las mujeres, pero viendo la división que hay, no pareciese tan claro.

Ricas y pobres tenemos el mismo cuerpo. Las dos podemos sufrir abuso en el matrimonio, las violencias físicas y psíquicas no tienen clase. Nos dividen las cuestiones de trabajo, porque las mujeres ricas no trabajan en el sector reproductivo y luchan por otras cosas, pero el feminismo no es siempre lucha de clases.

¿Y el debate dentro del feminismo entre abolicionistas y no?

Para mí, la máxima del feminismo es defender el derecho de vivir de las mujeres. Y si tú no estás en contra de la prostitución, que es una de las fuentes de mortalidad entre las mujeres, ¿qué es feminismo? Si tú defiendes una institución patriarcal donde el hombre tiene todos los derechos y las mujeres ninguno… ¿Por qué debe haber una serie de mujeres de origen pobre que existan para eso?”Si tú no estás en contra de la prostitución, que es una de las fuentes de mortalidad entre las mujeres, ¿qué es feminismo?”

El mecanismo de defensa de tanto las personas en prostitución como en vientres de alquiler es disociar cuerpo y mente, cuerpo y mercancía para apropiarse de la capacidad reproductiva de las mujeres, fundamento de la sociedad patriarcal. Utilizan técnicas de desconexión universales: tratar de pensar en otra cosa, utilizar drogas para evadirse, cualquier cosa…. ¿Cómo si no vas a vivir en un mundo donde tienes que vender tu cuerpo o a tu propio hijo, parido por ti?

Porque, ¿qué es un acto sexual? Es placer, es unirse con la otra persona, es sentir… Es un momento donde el alma y cuerpo se unen. Y aquí, solo una persona disfruta y la otra desconecta.

En este sexo comprado cuentan las emociones y los deseos de los compradores; nosotras no valemos nada: somos cosas. Y ojo, veamos también la tasa de mortalidad de estas mujeres. Porque no estamos hablando de filosofía y de qué es libertad. La tasa de mortalidad en las mujeres prostitutidas es un 40% más alta que de las que no. No podemos esperar 20 años más para abolir la prostitución. Estamos hablando de vida o muerte.

Hablemos de la economía de los cuidados, base del capitalismo.

Claro, el trabajo no pagado de las mujeres es la base de toda sociedad. Para entender la economía hay que analizar la reproducción y después, solo después, la producción. Y ahí los cuidados son el trabajo más básico y clave. Y también el peor pagado, sin posibilidades de tener carrera, sin sueldo… Trabajamos hasta gratis.

Hay que entender que todos aportamos a la economía, pero que solo algunos se llevan los beneficios. Habría que repartir la ganancia de igual manera entre todos los trabajadores, porque todos aportamos. Y el problema es que si tú cuidas a tu hijo, no puedes hacer huelga. Si cuidas al hijo de otro, sí puedes pero es más difícil que si trabajas con dinero o máquinas porque eres responsable de vidas. Y entonces, sobre nosotras caen los recortes, porque saben que seguiremos trabajando ya que nuestra responsabilidad por la vida humana es la columna vertebral de cada sociedad. Las mujeres por eso nunca han vivido en el neoliberalismo, porque nunca hemos sido individualistas. El día que lo seamos se muere la economía.

Dice también que las feministas “somos el sueño de la izquierda”.

Sí, sobre todo en España. Son populistas e intelectuales a la vez. El movimiento feminista en España me impresiona mucho: está en todas partes. El 8M es súper importante, sus huelgas y capacidad de convocatoria…. Admiro cómo han sacado a la luz la violencia machista. Eso en Suecia no pasa. Que un diario como El País o como Público publiquen en portada “Nuevo caso de violencia machista”, o “Hombre apuñaló a su esposa”… es fantástico. En mi país, dicen: “Persona hallada muerta”. “Otra persona bajo sospecha”.

Aquí hay minutos de silencio por cada mujer asesinada. Es impresionante. Tendría que ser lo mismo con la prostitución. Porque es no vale callarse porque sean inmigrantes, porque no tengan papeles, porque son pobres.

Kajsa Ekis Ekman tiene que irse. Cierra la conversación con la realidad de esas mujeres prostituidas que tan bien conoce y recuerda que empezó a escribir El ser y la mercancía en Barcelona, donde convivía con una mujer rusa que trabajaba en la calle. Un día murió. Treinta y pico años. Estaba alcoholizada. Acabó en una fosa común: no tenía papeles y no sabían quién era. No entró en las estadísticas de violencia de género, por supuesto. “Seguro que ninguno de sus compradores pensó porqué no la vieron más. Buscarían a otra: somos mercancía”. “No hay ninguna niña en la escuela que diga que quiere ser puta”, concluye.

Publicado en Público

La falsa paz de Colombia

La paz en Colombia es un espejismo en gran parte del país, donde persiste la desigualdad y el control de ciertas partes del país por grupos armados que asesinan, extorsionan y amenazan a quienes defienden sus tierras y se agarran a lo pactado hace ya casi tres años. Papel mojado.

Se cumplen casi tres años (noviembre de 2016) de la firma del Acuerdo para la Terminación Definitiva del Conflicto colombiano y la paz está muy lejos de ser real. Casi tres años y la ausencia del Estado en los territorios es un hecho. Casi tres años y la muerte, violencia, amenazas y desapariciones siguen siendo el pan nuestro de cada día en ese rincón de América terriblemente acostumbrado a ver muertos flotando por sus ríos.

Casi tres años de paz teórica y el país no deja de sangrar. Casi tres años desde que  las FARC se desarmó (era parte del acuerdo), para evidenciar el abandono de la violencia, pero el conflicto sigue allí. También la desigualdad, que se entiende fácilmente con una cifra: el 1% de los propietarios posee el 80% del territorio. Y en este aspecto, las mujeres -esenciales en la firma de un acuerdo histórico por su perspectiva de género-, por quienes la guerra pasó de forma atroz convirtiéndolas en botín de guerra, sufren con mayor fuerza esa desproporción. “Una vaca tiene más derechos que una mujer. Ellas tienen derecho a una hectárea de tierra mientras que nosotras, no. Una vaca tiene derecho a vacunación y eso es sagrado acá, tiene un veterinario. Las mujeres rurales no tienen ni un centro de salud”, declara una campesina que no da su nombre por miedo a ser perseguida. Es una de las declaraciones que recoge el informe Defensoras de Derechos agrarios, territoriales y medioambientales de Colombia, presentado por Intermón Oxfam en estos días.

Porque las están matando y Colombia es ya el segundo país más peligroso del mundo para quienes defienden los derechos humanos. En este sentido, el grado de violencia es tal que la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos expresaba hace unos meses su alarma por la cantidad de civiles asesinados, hostigados y amenazados. A fecha de julio de este año, el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz -INDEPAZ, entre el 24 de noviembre de 2016 (fecha en la que se suscribió el acuerdo de Paz entre el Gobierno Nacional y las FARC – EP) y el 20 de julio de 2019, 627 personas líderes sociales y defensores de Derechos Humanos han sido asesinados.

En tan solo los primeros cuatro meses de este año, se contabilizaban al menos 51 asesinatos de líderes comunitarios, ambientalistas, campesinos e indígenas. Y de nuevo aquí ellas, las mujeres que deciden defender su territorio, sufren con fuerza el estigma de género y el hecho de ser indígenas, afros o campesinas. En este sentido, Oxfam Intermón alerta de que en el primer trimestre del año, los ataques contra las defensoras se han incrementado en un 97% respecto al mismo periodo del año anterior. 55 defensoras han sido asesinadas desde 2016.

Pero mientras, van pasando días, casi 1.000 desde aquella esperanzadora jornada…, y muertos. Porque la realidad, en estos casi tres años, parece estar matando la esperanza. Porque ante la ausencia del Estado, esas tierras anteriormente ocupadas por los guerrilleros de las FARC, han sido tomadas por el ELN (todavía alzado en armas), las disidencias de las FARC, los grupos paramilitares y las llamadas “bacrins” (bandas criminales).

Tampoco han llegado las promesas de hace casi tres años. La reforma rural no se ha acometido y no han llegado ni los recursos y ni planes prometidos. “Hasta la fecha, solo el 3% de las disposiciones incluidas en el capítulo de la Reforma Rural se ha completado y casi la mitad ni se han iniciado”, recoge el documento de la ONG.

Han pasado más cosas en el país andino con la guerra interna más larga de Latinoamérica: 50 años. Desde hace casi tres años el cultivo de coca crece anualmente. Casi tres años en los que las empresas extractivistas aumentan su negocio. Casi tres años en los que las gentes del campo denuncian unas políticas extractivistas que va en contravía de sus intereses y que además contaminan sus ríos y bosques.

“El país se raja en materia de Derechos Humanos. Nos están matando en un contexto de conflicto y con total impunidad”, afirma Jaqueline Rivera, una activista indígena traída a Europa por la ONG para denunciar la vulnerabilidad de sus vidas y del acuerdo de paz. Ella pide que se haga un “ejercicio de escucha” hacia sus comunidades, históricamente olvidadas. “La pobreza está nosotras”, denuncia gráficamente Luz Amparo Vázquez, también defensora y parte de la misma campaña, Todas somos Victoria. Ambas subrayan que las matan por defender el territorio. También dicen hablar en nombre de todos y todas. Piden acompañamiento internacional y ser reconocidas como sujetos de derecho. Y en estos casi tres años, y con tantas compañeras y compañeros asesinados, amenazas a sus familias, y amistades forzadas al desplazamiento, reconocen que tienen miedo, pero también que han aprendido a tragárselo, a veces, confiesan conscientes de que su activismo las sitúa en el centro de la diana. FIN.

Publicado en Diario Público

Jim Acosta: “Un mundo sin prensa sería ‘1984”

La confrontación de Trump con Jim Acosta llegó hasta el extremo de revocarle el pase de prensa para entrar a la Casa Blanca. Ahora el reportero publica un libro sobre la cada vez más difícil tarea de los corresponsales políticos en Estados Unidos

La teoría dice que un periodista no debe ser noticia. No obstante, en varias ocasiones los focos de todo el mundo se han posado en el reportero de CNN Jim Acosta (Washington D.C., 1971) durante sus preguntas a los presidentes de Estados Unidos. Le ha ocurrido tanto con el demócrata Barack Obama como con el republicano Donald Trump. El actual mandatario ha llegado a referirse al periodista y a su cadena como “el enemigo del pueblo”. La confrontación del mandatario de Estados Unidos en su contra llegó hasta el extremo de revocarle el pase de prensa para entrar a la Casa Blanca. Su empresa le respaldó y fueron a juicio. Ganaron y el Gobierno tuvo que volver a admitirle. El reportero, de ascendencia cubana, narra esa batalla y la cada vez más difícil tarea de los corresponsales políticos en Estados Unidos en El enemigo del pueblo, un tiempo peligroso para decir la verdad, un libro de HarperCollins.

Pregunta. Las mentiras, manipulaciones y ocultamiento de la verdad no son algo nuevo de la prensa de hoy. No obstante, las de Nixon, desveladas por la prensa, por citar un ejemplo, le obligaron a salir de la Casa Blanca. ¿Por qué eso no ocurre hoy?

Respuesta. Vivimos en un mundo absolutamente distinto de ese. Estamos ante el presidente más deshonesto de la historia reciente de Estados Unidos. Hace poco The Washington Post publicaba que, en estos dos últimos años, Trump ha hecho más de 10.000 declaraciones engañosas. Eso nos obliga a un continuo fact checking (comprobación de los hechos). Como periodistas, nos encontramos en una situación en la que tenemos que defender la verdad, y no tanto perseguir una historia. Además, se ha creado un ambiente de hostilidad y odio enorme entre sus seguidores hacia nosotros: somos “el enemigo del pueblo”. Y esa gente solo lee una parte de la historia y cuenta con medios conservadores para solo leer y acceder a la historia que les gusta, la de ellos, la que nos desacredita e insulta. En ese sentido, me preocupan los ataques a la prensa. Es fácil que ese odio acabe en periodistas heridos, en muertos. Y si eso ocurre, estaremos en un momento muy crítico de la democracia de Estados Unidos.

P. ¿Y cómo recuperar la credibilidad de la prensa?

R. Tenemos que continuar haciendo nuestro trabajo: periodismo. Debemos seguir trabajando para la gente. Se trata de combatir esas estrategias cortoplacistas basadas en la polarización y el odio, unas formas que ya se han expandido a Europa y a países como Brasil, con Bolsonaro.

Porque a pesar de ellos, en el otro lado de la ecuación, tenemos a mucha gente que está con nosotros. También las compañías de medios. Fue mi caso, cuando la CNN decidió sin ningún tipo de duda que era importante ir a los tribunales. ¿Por qué? Porque no podemos vivir en un mundo donde no hay prensa. Eso sería el terrible escenario de 1984 de Orwell.

P. ¿Y en qué papel debe colocarse la prensa? A usted mismo le decían desde la Casa Blanca: “Os está provocando”. ¿Estamos cayendo en su juego?

R. Trump sabe perfectamente lo que hace y lo utiliza desde todas las plataformas que puede. Nosotros solo podemos recordar a nuestros lectores y audiencia que solo está excitándolos. Lo que sí tenemos que hacer es ayudar a los consumidores de noticias a distinguir los vídeos falsos y las informaciones manipuladas.

El punto en el que debemos seguir o no informando sobre sus provocaciones es complejo: no podemos entrar en el debate todo el tiempo, pero tampoco podemos permitir que ahonde en la división entre unos y otros.

P. Cómo responde a la pregunta que lanza en su libro sobre la difícil situación que vive la prensa: “¿Hasta cuándo puede resistir el sistema sin romperse?”

R. No lo sé muy bien. Si seguimos en esta dinámica, con gente que solo ve lo que quiere ver y sigue a los periodistas que cree, vamos a llegar a una situación donde nadie creerá a nadie. No es la primera vez que esto pasa en la historia… y nunca ha acabado bien.Mi oficio es hacer preguntas; no respuestas.

P. Hay encuestas que apuntan que Trump podría ganar las próximas elecciones. ¿Cree que es factible?

R. Yo no hago predicciones. Creo además que los periodistas debemos hacer más periodismo y menos encuestas. Lo que me preocupa es la próxima campaña con un político que sabe lo que da votos. Mira los insultos de estas semanas a nuestras congresistas. Lo que la prensa debe seguir denunciando es que ese patrón no es normal, es inusual y es racista.

P. Tras el 11S el mundo cambió ante la dicotomía libertad-seguridad. ¿Cómo se vive en América, cómo lo ve usted?

R. Benjamin Franklin decía algo así como “aquellos que abandonan las libertades esenciales para comprar un poco de seguridad no merecen ni libertad ni seguridad”. Todos queremos seguridad para nuestras comunidades, para nuestros hijos, pero también un país del que estar orgullosos de sus derechos y libertades.

P. Usted dice que es antes americano que periodista. ¿Se puede ser fiel así al oficio?

R. Se puede ser ambas cosas. Me gusta hablar y decir que estoy orgulloso de mi país porque hago noticias y cuestiono. Lo que haces y dices, nuestro oficio, no tiene nacionalidad. Se puede ser patriota y cuestionar. FIN

Publicado en El País

Jineth Bedoya: “Que por primera vez Colombia vaya a ser juzgada por crímenes de violencia sexual es un triunfo”

Jineth Bedoya, subdirectora del diario ‘El Tiempo’, compagina su labor de reportera con el activismo y es hoy una de las caras internacionales contra la violencia sexual contra las mujeres.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) juzgará al Estado de Colombia por el caso de la periodista colombiana Jineth Bedoya (Bogotá, 1974), secuestrada y violada hace 19 años cuando realizaba una investigación sobre el tráfico de armas en una cárcel de Bogotá.

Bedoya, subdirectora del diario El Tiempo, compagina su labor de reportera con el activismo y es hoy una de las caras internacionales contra la violencia sexual contra las mujeres. A pesar del horror que sufrió y de un posterior secuestro, sigue amenazada. Sus continuas denuncias la ponen en la diana y hoy vive y se mueve en su país con siete escoltas. Público habló con ella.

¿Qué supone que la Corte Interamericana de DDHH juzgue al Estado colombiano por su secuestro, torturas y violación?

Llegar a la Corte Interamericana para que el Estado colombiano sea juzgado por todo lo que me ocurrió el 25 de mayo del 2000 es un gran triunfo y es histórico para las mujeres en Colombia. Para las que hemos tenido que afrontar violencia sexual y para las mujeres periodistas que hemos vivido violencia de género ejerciendo nuestro trabajo en medio del conflicto armado.

Pero además es una luz muy grande de esperanza de que sí va a haber justicia y de que la verdad de no solo lo que me ocurrió a mí, sino lo que rodeaba en ese momento al país. Hablo de corrupción, del manejo por parte del narcotráfico, del paramilitarismo y de la guerrilla en una asociación ilegal con integrantes de la fuerza publica.

Es usted la primera víctima que lleva la violencia sexual en Colombia ante un Tribunal internacional.

“Soy la primera víctima que lleva la violencia sexual cometida en Colombia ante un tribunal internacional y esto es histórico”

Efectivamente soy la primera víctima que lleva la violencia sexual cometida en Colombia ante un tribunal internacional y esto es histórico. Por primera vez Colombia va a ser juzgada por crímenes de violencia sexual en el marco de un conflicto armado, un acto que es un crimen de guerra y de lesa humanidad. Y es importante porque en Colombia, el delito que más impunidad tiene es el de la violencia sexualdentro del conflicto armado, que llega al 98%. Se abre una puerta muy grande para se dé justicia en los tribunales internacionales.

¡Hablamos de unos hechos que ocurrieron hace casi 20 años! Sobre los que hay sentencia reciente para dos paramilitares, pero hay más… y mucha impunidad.

En mi caso hay tres personas que están condenadas de cerca de 27 que están mencionados en el proceso judicial. Los tres condenados son paramilitares. Son dos de los autores materiales y un tercero que permitió o facilitó que yo asistiera a una cita, una trampa, para que me secuestraran. Las dos últimas condenas salieron hace apenas dos meses.

Pero lo paradójico es que aunque están mencionados en el proceso, oficialmente, los actores intelectuales aún no han sido investigados ni judicializados. Y entre esos autores hay integrantes de la policía colombiana y del Ejército. Esa tal vez ha sido la mayor responsabilidad del Estado colombiano: no investigar esa línea.

El diario ‘Tiempo’ titulaba: “He sido la investigadora de mi propio crimen”. ¿A qué se refiere?

Cuando aseguró que yo he sido la investigadora de mi propio crimen es porque es así. Eso se lo manifesté en una carta a la Comisión Interamericana. Les decía que el Estado colombiano no tienen nada de lo que vanagloriarse ni atribuirse por haber logrado las únicas condenas que existen por el crimen del que fui víctima.

Yo fui la persona que durante estos 19 años recopiló todas las pruebas e hizo la investigación con el apoyo incansable de los abogados de la Fundación para la Libertad de prensa.

¿Ha sido la Justicia colombiana patriarcal con su caso? ¿Y con los casos de las otras tantas miles de mujeres víctimas de violencia sexual? 

Indudablemente sí. Sigo considerando que si no hubiese sido Jineth Bedoya, sino Pedro Pérez, a Pedro Pérez le habrían dado un tiro. A mí me tuvieron que torturar y violarme por el hecho de ser mujer, porque eso se sigue considerando como un escarmiento. Y en la Justicia no ha sido diferente: se manejó de una forma totalmente patriarcal. Tengo que mencionar los primeros años de investigación donde el propio fiscal argumentaba que si yo sabía que corría peligro yendo a hacer un trabajo periodístico a una cárcel, para qué lo hacía; que las mujeres no deberían hacer investigación a una cárcel. Se dijo que seguramente yo tenía alguna relación sentimental con algún guerrillero y que seguramente por eso habían organizado violarme. Se dijo que era muy difícil que todo lo que yo narraba de la violación pudiera ser cierto porque las mujeres en estado de emocionalidad perdemos el sentido y el raciocinio, y que por lo tanto no era tan creíble.

Y lo mismo durante las audiencias: se me revictimizó y me hicieron contar 12 veces mi violación, la última frente a mis verdugos.

¿Es posible dimensionar el número de mujeres que han sido víctimas de la violencia sexual durante la guerra en Colombia?

La Unidad de Víctimas dice tener 27.000 casos de violencia sexual registradospero mis investigaciones y las de otras organizaciones nos hablan de que pueden ser unas dos millones de mujeres violentadas sexualmente.

En mayo, el 25, se cumplirán 20 años de aquel crimen contra usted. Tengo entendido que quiere hacer ruido. ¿Qué está pensando?

Quiero sentar un precedente para la prensa internacional para las mujeres periodistas del mundo. Quiero organizar un acto de memoria que no se centre solo en Jineth Bedoya, sino en las mujeres periodistas de todo el mundo que tienen que afrontar su trabajo de una forma muy diferente a la de un hombre. Quiero hacer un homenaje a todas las mujeres corresponsales de guerra que han tenido que padecer abuso, acoso, violencia, estigmatización en medio de su trabajo. Porque eso fue lo que me ocurrió a mí. Es un día para recordarlas a todas. La violencia sexual es uno de los peores crímenes que existen en la humanidad.

Porque usted sigue con la campaña #NoEsHoraDeCallar para que las mujeres denuncien los abusos sexuales, ¿verdad?

Sí, porque cada vez que nos silenciamos, estamos beneficiando a nuestros verdugos; cada vez que guardamos silencio, le estamos dando el poder a quien nos violenta; cada vez que callamos frente a la violencia de género estamos empoderando a ese que nos hace daño. Hay que hablar. Levantar la voz, nos permite liberarnos y evitar que a alguien más le pase. Todos y todas tenemos que levantar la voz contra la violencia sexual. No denunciarla es ser cómplice de esa sedicia y esa barbarie que significa el abuso sexual. 

Publicado en https://www.publico.es/internacional/jineth-bedoya-primera-vez-colombia-juzgada-crimenes-violencia-sexual-triunfo.html

Qué pena, qué pene: una guía a favor del lenguaje inclusivo

Libros Catarata lanza ‘Ni por favor ni por favora’, una guía para hablar en inclusivo. Lo escribe María Martín, que pide que se adapte el lenguaje para el 100% de sus hablantes. Esgrime, entre otros motivos, estos dos: que la lengua no muera y por justicia social. Ay, qué pena, penita, pene.

María Martín, abogada, impenitente y feminista (entre otros títulos), argumenta con absoluta contundencia en Ni por favor ni por favora, editado con Catarata, lo necesario que resulta que adaptemos el lenguaje. Lo hace abrazándose a importantes razones de peso: lingüísticas, a pesar de lo mucho que nos han advertido de la imperiosa necesidad de ahorrar vocablos o de la apocalíptica destrucción de su cuerpo, la lengua, si las feministas seguimos insistiendo en esa manía de estar, y por justicia social. Y es que, al fin y al cabo, el idioma lo hablamos las mujeres en un porcentaje de como mínimo el 50%. Además, si sigue anclado en el pasado, morirá por caduco, advierte. Tres estomagantes motivos para las autoridades lingüísticas, advertidas desde las primeras páginas de que el libro, escrito íntegramente en inclusivo, puede afectar gravemente a su verdad.

La publicación, que se define como una guía para hablar para todas y todos sin que se note demasiado, analiza las trampas del lenguaje por las que los señoros y machirulos (*) y sus argumentos siempre han ganado. No es retórica. “La jerarquización del masculino sobre el femenino corresponde a una visión del mundo del siglo XVIII, y la gramática que cristaliza esa jerarquización en el lenguaje, también. La Academia que fija la norma solo ha tenido 11 mujeres en 500 años de historia. Hasta 2013 no ha tenido a una mujer dirigiendo una de las academias. Solo tres hasta 2019…”, apunta la escritora.

Porque la lengua, por sí misma, no es sexista, señala María Martín, pero sí quienes dan cuerpo a la gramática, la sintaxis y deciden qué palabras se definen y cuáles no. Pero analicemos algunos de los grandes axiomas de los fundamentalistas del lenguaje. El primer mantra asevera que el masculino es genérico. “Si niño es genérico y designa al niño y a la niña, ¿por qué se sintió la necesidad de crear la palabra niña? Y una vez creada la palabra niña, ¿por qué los niños no se sintieron identificados con ella?”, lanza la autora, que defiende que el lenguaje es además político. (Ay, ¡igual que lo personal!: va a ser que esto del feminismo debe de ser transversal).

De ahí que ella hable de un masculino excluyente. La razón es fácil: provoca la invisibilización del 50% del total. “Es redundante lo que se nombra dos veces. Un niño y una niña no son lo mismo. Porque si fueran lo mismo, la propia existencia de las dos palabras sería redundante”, afirma. Bajo esa pauta, las mujeres nos encontramos con que debemos aprender nuestra identidad sociolingüística para renunciar inmediatamente a ella y permanecer toda la vida frente a una ambigüedad de expresión a la que terminamos acostumbrándonos con el sentimiento de que ocupamos un lugar provisional en el idioma, explica la abogada Martín.

Pero no se preocupen, angustiados -por mantener la pureza de la lengua- y acelerados -por esa repentina manía de economizar los vocablos-, no hace falta llenar los textos de carniceros y carniceras, españolas y españoles y enfermos y enfermas. Hay soluciones mucho más inteligentes. Y sí, a veces habrá que desdoblar, pero otras muchas, muchísimas, se podrá usar un genérico como ciudadanía, alumnado, profesorado, vecindario, población… Otras bastará con utilizar abstractos y hablar de la redacción y no de los redactores, de la legislación y evitar así a los legisladores o del equipo docente para que también haya maestras. Existen también, recuerda la autora, estrategias semánticas, o lo que es lo mismo, darle la vuelta a la tortilla para que nosotras sí estemos. No es difícil. Las mujeres estamos en España si decimos “que la renta per cápita en España es de…”, algo a lo que no llegaremos si seguimos repitiendo que “en España los españoles tiene una renta de…”. Utilizar el impersonal también vale.

Sexo débil y zorras

Más. “La lengua española está herida de sexismo”, afirma la feminista y escritora. Y es que además de esa exclusión, nuestro idioma sitúa lo masculino como superior y universal contra lo anecdótico e invisible. Y por si fuera poco, volvemos a discriminar a ese colectivo de casi la mitad de la población (permítanme el guiño), si analizamos el androcentrismo del diccionario, el orden sintáctico elegido como adecuado o la definición de las palabras. No es un berrinche, no: son hechos. Lo corroboran las entradas del diccionario y que hasta hace un par de años, recuerda Martín, gozar era “disfrutar carnalmente de una mujer” y solo tras mucho exigir se añadió a la definición de “sexo débil” (para referirse a las mujeres) el adjetivo de despectivo. Es que sigue resultando paradójico los distintos significados de zorra y zorro; que sombrero (en su segunda definición) sea una prenda de adorno usada por las mujeres para cubrirse la cabeza y ¡trapo sea una prenda de vestir de mujer! Tampoco sería justo, si seguimos el orden alfabético, tronco de cualquier diccionario, que la colocación de los términos sea primero para los que acaban en “o”, masculina; seguido del que termina en “a”, femenina. Vayan y vean: empedernido/empedernida o huérfano/huérfana; arquitecto/arquitecta.

El machismo con el que nos encontramos en la lengua es también una cuestión de ritmos, argumenta la abogada. No se explica de otra forma la lentitud para adoptar términos como sororidad, una palabra que ya utilizaba el bueno de Unamuno hace casi un siglo en su Tía Tula, 1921. Porque este amor entre hermanas, equivalente a la fraternidad (entre hermanos), ha tenido que esperar hasta 2019 para ser aceptado en la RAE, el mismo año que entraron los memes, los selfis, escraches o viagras. Y aquí es donde Martín señala que, o se incorporan los vocablos que llevamos exigiendo las mujeres desde hace años con una enorme resistencia, términos que reflejan unas realidades concretas, o la lengua muere. “Hay quienes se atrincheran pidiendo que la dejen como está. Quizás han olvidado cómo las lenguas que no se adaptan a las sociedades que las hablan se fosilizan y mueren. Por eso tenemos al español aún vivito y coleando y al latín más tieso que la mojama”, apunta.

Con el sexo hemos topado

Y bajo el título “el misterioso caso de las vaginas mutantes”, la escritora entra en unas hilarantes páginas para hablar de sexo. Provoca risa, sí, pero según la norma, escrita por ellos, el pene y los testículos, por ejemplo, tienen una función; algo de lo que carecen los órganos genitales femeninos. Qué pena, qué pene (bromea Martín), para explicar también los muchos vaivenes académicos que han sufrido los clítores en los últimos años. También perdemos las mujeres y disfrutamos menos -diccionario en mano- ante las felaciones, definidas como la práctica sexual consistente en la estimulación bucal del pene. Nada que ver con la simple y casi quirúrgica “práctica sexual consistente en aplicar la boca a la vulva”, véase cunnilingus. “Un fallito, con elle”, dice la autora, uno entre la legión que recopila en su libro.

Pero no se depriman, hay una excelente noticia en la publicación: hay solución, el lenguaje es una construcción cultural y hacerlo inclusivo “está en la punta de la lengua” (la suya). “Nombrar es un acto creador; no nombrar, de aniquilación”, concluye Martín.

Nota de la periodista. (*) Señoros, sinónimo de machirulos. No está en los diccionarios, pero habla de cierto tipo de hombres de comportamientos sexistas y con una visión del mundo tradicional y patriarcal. Son peligrosos, mandan, actúan bajo estereotipos y se sienten amenazados por el simple hecho de que una mujer sea consciente de sus derechos, y los reclame.

Publicado en https://elasombrario.com/pena-pene-guia-lenguaje-inclusivo/

LAS ACOSADAS ‘HIJAS’ DE BERTA CÁCERES

Defienden la tierra, el agua, las montañas y una forma de vida contraria al capitalismo, al clasismo, al machismo y al patriarcado. Son las defensoras ambientalistas, cada vez más amenazadas.

La defensora Berta Cáceres, asesinada por defender su tierra, sigue molestando a aquellos que la callaron. Lo hacen por ella un sinfín de mujeres que denuncian que las élites y las empresas nacionales e internacionales están (siguen) esquilmando sus recursos.

La mayoría son amas de casa y campesinas de El Salvador, Guatemala y Honduras con numerosas cargas familiares que no tiemblan ante auténticos gigantes. Lo hacen pese a que el activismo no es bien acogido ni en sus familias (padres, madres, esposos, hermanos…) ni en sus comunidades, compradas muchas veces. Tampoco, repiten, cuentan con el respeto de los movimientos de resistencia y organizaciones: su voz no es tan valorada como la de los hombres.

Hablamos con dos de ellas que a pesar de sus distintos perfiles coinciden en la esencia: la defensa de la tierra. Estos son los temas que esbozamos.

Riesgos de género

“Sí, por ser mujeres somos acosadas sexualmente; nos gritan, insultan y humillan, nos dicen que nos vayamos a fregar, que qué hacemos demandando nada. Y todo eso al tiempo que debemos seguir manteniendo las casas y ser el centro de los cuidados. Porque al final somos nosotras las que además de defender lo que es de todos, debemos hacernos cargo de la limpieza, la ropa, la comida…”, apunta Sonia Sánchez, lidera en El Salvador de el Movimiento de Mujeres de Santo Tomás.

Ella lucha desde hace años contra la multinacional Inversiones Robles, una constructora que ha talado más de 30.000 árboles para construir viviendas de lujo. Su particular contienda le ha valido dos demandas por coacción (de las que fue absuelta), difamaciones y calumnias varias.

La respuesta de Ana Rutilia Ical, catedrática y candidata a diputada en Guatemala es similar. Sí, ser mujer y defensora de los derechos ambientales tiene un coste añadido por cues-tión de género. En su caso, la batalla contra una hidroeléctrica, Renace, del Grupo español ACS, le ha costado ser criminalizada, estigmatizada, difamada y tachada de “loca”. También la acusan de ir contra el desarrollo. “Sí, estoy en contra del desarrollo de los ricos y de aquellos que se olvidan que en este territorio viven 29.000 indígenas”, puntualiza.

Llamada a la comunidad internacional

“Buscamos un compromiso con los Derechos Humanos más allá del componente económico. Igual que el capitalismo se ha globalizado, nosotras queremos globalizar las luchas de los territorios y visibilizar la vulnerabilidad de quienes defendemos la tierra”, dice Sonia Sánchez. La política guatemalteca señala que la defensa del planeta es un tema universal. “No tenemos otro planeta y este se nos está acabando. ¿No lo entienden? La Tierra no es una mercancía”. 

El significado Tierra

“Es mi madre. Y a mi madre no se la vende. Se le ama”, zanja rotunda Ana Rutilia. “Fuente de vida”, puntualiza Sonia Sánchez.

Desarrollo

“Eso es algo que debemos aclarar. Desarrollo debe ser sinónimo de el buen vivir. De contar con un aire sano, agua, ríos, salud y por supuestos recursos como la educación o el respeto a la vida”, afirma la guatemalteca al tiempo que recuerda que ella es maya y aclara que Europa no es Mesoamérica. La salvadoreña se opone a lo que ella llama “mal desarrollo” y apuesta solo por el que se hace en armonía con la naturaleza. “Yo no puedo vivir sin agua. No sé ustedes”, apunta. Para ella la clave pasa por revisar la educación que recibimos, la de un sistema capitalista que nos lleva a un individualismo absoluto cifrado en una cultura de consumo. “Hemos dicho adiós a la espiritualidad y a los valores”, concluye. 

Miedo a las amenazas, atentados o secuestos

“No. Ya me los quité”, aclara la guatemalteca que piensa que a pesar de luchar contra un sistema racista, discriminatorio, clasista, patriarcal y machista, se avanza. Sonia Sánchez dice tener que trabajárselos, porque sí ha tenido miedos y angustias (no tanto por ella, pero sí por los suyos, también tocados). “No es fácil enfrentarse a una empresa que tiene poder para comprar a jueces y hasta a nuestras comunidades”, aclara.

Esperanza de futuro

“Hay esperanza. Hay futuro, pero para eso se nos tiene que escuchar y reconocer nuestros derechos. Es necesario también una formación ambiental, aquí y allá”, opina Sánchez. Ana Rutila no lo duda: “Si se detuvo a la Coca-Cola en su momento… claro que podremos”.

Ambas defensoras estuvieron en España invitadas por la ONG Alianza por la Solidaridad que ha lanzando estos días la campaña DesTieRRRadas. Con ella pretende lograr cambios en la legislación y las políticas nacionales e internacionales en cuanto a la protección de las mujeres defensoras. La organización ha presentado también un informe al respecto.

El documento señala que en un 54% de los casos las defensoras son agredidas por dirigentes políticos, policías, militares, jueces y fiscales, a quienes acusan de velar más por los intereses de las compañías que por la población afectada por sus proyectos. Un 13% son atacadas o amenazadas en sus entornos privados (en su comunidad, las organizaciones y las familias), dado que es muy frecuente que las empresas sigan la estrategia de generar graves divisiones en las comunidades. FIN

Publicado en https://www.publico.es/internacional/defensoras-tierra-acosadas-hijas-berta-caceres.html


La sangrante paz de Colombia

«En tres semanas han atentado contra tres mujeres, tres mujeres que conocí este verano en Colombia». Ese fue el arranque de este artículo, un comentario a la directora de LA MAREA que rápidamente me pidió escribiese sobre el tema. Afortunadamente a ninguna de ellas la mataron, pero desde entonces, hace poco más de un mes, los asesinos varios que andan desangrando esa esquina de América han aniquilado a decenas de defensores y defensoras de los derechos humanos. Y estamos en paz. Y en Colombia no hay guerra. Y la mítica guerrilla de las FARC, la más antigua de América Latina entregó las armas hace ya dos años. Y los informativos no hablan de ello. 

Quizás los más avezados lectores hayan visto en Internet los gritos de un niño de 9 años este fin de semana. La criatura presenció cómo disparaban a su madre. En las imágenes, el pequeño golpea como un loco la puerta de su casa con el cadáver de su madre a unos metros. Aúlla, patalea y se desgarra ante el cuerpo sin vida tirado en el suelo de quien le crió. María del Pilar Hurtado, que así se llamaba, había sido declarada objetivo militar por los paramilitares. «Nosotros no estamos con rodeos. Nosotros vamos es matando y recuperando el control y si buscan que el pueblo se caliente, pues se calienta esta mierda. Le damos plazo hasta las 12 de la noche de hoy», rezaba uno de los panfletos que le enviaron un día antes de matarla. Se dirigían a ella como «gorda, hija e puta y mujer del cacharrero». No está claro si ella, dirigente social, desplazada de otras tierras por otros violentos, era defensora o no. Hay fuentes que apuntan que fue un error y dicen que estaba incluida en esa lista fatal por equivocación. 

Mayerlis Angarita durante el rodaje de Mujeres al frente.

Que acertasen o no es lo de menos: está muerta, como los 702 líderes sociales y 135 excombatientes que han sido asesinados según el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz) desde que se firmó el tratado de paz de la Habana. Repito el recuento, una cifra que seguramente estará desactualizada cuando lean estas líneas: 837 personas entre enero de 2016 y mayo de 2019. El gobierno colombiano entre esas dos fechas “solo» reconoce 281 homicidios de líderes sociales, otras fuentes oficiales como la Defensoría del Pueblo hablan de 462 asesinatos. 

Ya sea con un asesinato cada 24 o 48 horas, lo que está ocurriendo en Colombia es un asesinato sistemático, están matando el acuerdo de paz mientras que el Gobierno y gran parte de la sociedad civil mira para otro lado. Es molesto mancharse de barro; es incómodo acercarse a los territorios (o sea, a las tierras que los campesinos y campesinas defienden con su piel y su sangre, donde “estuvo” la guerra); es cansino y aburrido seguir hablando de armas, desplazados y veredas a las que no llegan ni los funcionarios, ni los hospitales ni las carreteras. Porque en ellas reinan a sus anchas los narcos de Sinaloa -en unos tiempos donde los cultivos de coca se multiplican-, las disidencias de las FARC, el ELN (otra de las míticas milicias del país que viendo los incumplimientos de las promesas Gobierno hacia el grupo armado resulta difícil creer que entreguen las armas), las bandas criminales y los paramilitares. 

«Estamos alarmados por el chocante número de activistas asesinados, acosados o amenazados en Colombia, y el hecho es que esta terrible tendencia parece empeorar», decía hace apenas unos días el portavoz de la Oficina de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Rupert Colville. Y por poner cara, esbozo un somero perfil de esas tres mujeres que sobreviven y que podrían haber engrosado esa interminable escabechina que no cesa y que se dirige claramente hacia quienes defienden la paz y sus territorios. 

Tiemblo al hacerlo porque se me mezclan con las palabras de otra defensora, la periodista Jineth Bedoya, contra quien los bestias también han atentado varias veces. Ella, que fue secuestrada dos veces, torturada y violada de forma masiva. Ella, que vive con siete guardaespaldas, este fin de semana en Acampa por la Paz, en Coruña, decía que no callará a pesar de que la siguen apuntando. De algún modo, espera las balas. Algo muy parecido repite Mayerlis Angarita, otra defensora, otra mujer que ha renunciado a una vida propia por defender un país donde no sea normal que las maten, desaparezcan, violenten o torturen, explica. Ella es una de las mujeres más perseguidas en la zona en la que vive, Montes de María, en el norte de Colombia. Cuestiona el sistema de arriba abajo: por eso la quieren tumbar. Angarita ha sobrevivido a varios atentados, el último hace apenas un mes cuando iba en el coche con su hija y su sobrino. Vive también custodiada y tanto a la reportera como a ella se les quiebra la voz cuando piensan que cada vez que hablan puede ser la última. “Resulta difícil de entender que sigamos, claro. De hecho me ofrecieron salir de Colombia, pero quiero cambiar las cosas desde aquí. Me criticaron, me dijeron que no pensaba en mis hijos. Pero es porque pienso en mis hijos que me quedo. Y si tú no haces nada, eres parte de la indiferencia que nos mata. Las balas no matan, mata la indiferencia”, afirmaba en el libro Mujeres al frente. “A nosotros nos vulneraron los derechos y nos los tienen que restablecer. No nos protegieron, ni nos dieron garantías para que esos grupos no nos tocaran. Es el mismo escenario de lo que está pasando ahora. Nos están matando sin que a nadie le importe. La diferencia con lo que viví empezando el milenio es que ya no pueden tapar el sol con un dedo”, escribía hace unos días en el suplemento Semana.  

Contra Francia Márquez también fallaron. La afrocolombiana ostenta el premio Goldman, considerado como el Nobel del Medioambiente y vive en el Cauca, una de las zonas más peligrosas del país y una auténtica «mina de oro», un vergel que ha quedado seco por la actividad ilegal minera que drena y contamina los ríos. Con ella estaba la activista Clemencia Carabalí cuando las dispararon la última vez. Las dos siguen en pie y dicen que cuando les usurparon todo (amigos asesinados, tierras y derechos), también les quitaron el miedo. «El atentado del cual fuimos víctimas líderes y lideresas, nos invita a continuar apostándole a lograr la paz en nuestros territorios, en el departamento del Cauca y en nuestro país. Ya está bueno de tanta sangre derramada», comentaba Márquez en twitter. 

Hartas de tanta guerra tienen claro que deben seguir. Deben ser las lecciones que les ha dado la vida en un mundo que no ha conocido la paz. Otra defensora, la campesina Nelly Velandia, también desplazada, también perseguida, también acosada apuntaba hace tiempo que la guerra les enseñó que no podían claudicar. Sigo escribiendo, pero según lo hago -alentada por su fuerza- vuelvo a temblar. Me llega al móvil una nueva advertencia contra Mayerlis Angarita. Es de ayer. Y en ellas, las Aguilas Negras (paramilitares) la ponen la primera en su lista de las personas a callar. “Ninguno de los anteriores se salvarán de nuestras órdenes como son torturar, secuestrar, desaparecer, mutilar, descuartizar como ejemplo para que otros dejen de abrir la boca”. Tras el último tiroteo que vivió el Gobierno dijo que eran ladrones. Señores gobernantes: ¿van a hacer algo? Porque no vale lamentar las muertas. No vale aterrarse ante las imágenes de un niño desconsolado. FIN

Publicado en La Marea https://www.lamarea.com/2019/06/27/la-sangrante-paz-de-colombia/

«EL CAMBIO CLIMÁTICO TIENE CONSECUENCIAS DIRECTAS EN LA SEGURIDAD DEL PLANETA»

Bahijjahtu Abubaka, autoridad mundial en energías renovables, ha instalado más de un millón de cocinas limpias en Nigeria. La medida, que ha permitido mejorar la salud de las mujeres que inhalaban el aire contaminado del carbón, ha sido un éxito: su propuesta es ya seguida por 300.000 emprendedoras convertidas en luchadoras climáticas.

Es una autoridad mundial en renovables y, en su discurso, el cambio climático tiene una relación directa con la seguridad. En Nigeria, su país, ha desafiado todas las convenciones. También a las mafias, a las que se ha enfrentado para llevar el sol como fuente de energía a las áreas rurales. Su convicción le ha hecho instalar más de un millón de lámparas solares y cocinas limpias (energéticamente hablando) en las aldeas a las que nunca han llegado los derechos más básicos. Bahijjahtu Abubaka sustituye con ellas a las cocinas tradicionales de leña y, así, sus usuarias dejan de inhalar el aire contaminado que genera el carbón, empiezan a vender la energía sobrante y se convierten en empresarias de renovables en un país donde el 70% de los hogares no cuentan con electricidad. Esta ingeniera ambiental, fundadora de RUWES (Rural Women Energy Security) –una organización que busca garantizar la seguridad de las mujeres rurales– habla fuerte y claro y asegura que cada vez que le dicen que lo que pretende hacer es imposible, la impulsan a hacerlo. Recuerda lo rara que fue desde siempre: la consideraban un chico, subía a los árboles, le aburrían los estereotipos de género y quería estudiar para cambiar el mundo. También señala lo mucho que ha llorado al ver la miseria y violencia a la que se enfrentan los hombres y mujeres de su país. Esta «hermana del sol» como la llaman, explica su propuesta ambiental con la misma energía que responde a la entrevista, con la misma que llega a las aldeas arrasadas por Boko Haram y habla y trabaja con las mujeres. Viene de Londres invitada por el IX Encuentro Mujeres que Transforman el Mundo, en Segovia. De España volverá a África y de allí a India, donde está también poniendo sol en las vidas de las mujeres.

Utiliza la tecnología para combatir el cambio climático, pero al tiempo es también una herramienta, una batalla contra la pobreza. ¿Cuál debería ser la prioridad en esas dos luchas?

Solamente es una lucha, la lucha contra la pobreza. Mi propuesta tiene dos beneficios. Por un lado, aporta herramientas para montar un negocio y lo hace con una tecnología limpia. Pero aparte, las lámparas solares que defiendo suponen un beneficio para la salud. Con ellas, las mujeres y sus familias dejan de respirar un aire contaminado, el del carbón en sus casas, que es el que produce la leña. Solo en Nigeria casi 100.000 mujeres mueren cada año a causa de los humos que se producen al cocinar con leña en cocinas cerradas. Según los cálculos manejados, respiran un aire equivalente a fumar 20 cajetillas de cigarros al día. Se forma un círculo interesantísimo: por un lado se convierten en luchadoras climáticas y, por otro, se hacen empresarias. Esto último es vital, ya que hablamos de la independencia económica para las mujeres, y utilizar esta tecnología les ayuda a ser libres. En estos siete años ya contamos con 300.000 emprendedoras, es decir, con 300.000 luchadoras climáticas.

¿Cómo empezó con esta idea?

El conocimiento es poder. Lo único que hay que pensar es cómo utilizarlo. Cuando empecé a estudiar ingeniería medioambiental se me abrieron los ojos: descubrí que hay soluciones para luchar contra el cambio climático, hay tecnologías para que la gente deje de beber agua contaminada y deje de vivir inhalando humos nocivos. Ser consciente de ello no me dejaba dormir. Era una obsesión. No podía dejar de ver los problemas de mi país y no hacer nada.

Pero no mucha gente se lanza y deja la piel. ¿Por qué no hay más propuestas como la suya?

Porque no están locos como yo. Soy una lunática. Cada persona tiene una misión y yo creo que esta es la mía.

Uno de los grandes dramas de los que habla, más allá de los problemas ambientales, es la situación de las mujeres. Cuenta que, tras las barbaries y violaciones que sufren, no se sienten humanas.

«El conocimiento es poder. Lo único que hay que pensar es cómo utilizarlo»

Hay muchas cosas, como la libertad, la salud o el derecho a elegir, que consideramos que están garantizadas para todos y es falso. Ni te imaginas el horror de las mujeres y niñas que secuestra Boko Haram. Hablo de mujeres que están cocinando en sus pequeñas aldeas –o quizás, todavía durmiendo–, y de repente escuchan unas motos potentes que llegan a sus aldeas e imponen el horror. Aparecen y, de repente, unos hombres armados las separan de sus padre, hermanos, marido y se las llevan. Cualquiera que se resiste es asesinado. Es diabólico. Las meten en el bosque y las tratan como animales. Algunas de ellas son niñas de 8, 9 y 10 años. Cuando son liberadas, a veces tras años, les cuesta un tiempo verse como seres humanos. No se consideran iguales a nosotras. Sus miradas son de absoluta falta de esperanza: tienen miedo a todo. Se sientan en un rincón y no levantan la cabeza… Lo que cuentan no cabe en la peor película de terror. Y entonces, ¿cómo las consuelas?

No lo sé.

Les das cariño. Y les intentas dar poder. Porque este mundo es difícil y la mayoría de ellas no tienen un lugar donde volver. Muchas vuelven embarazadas y cargan con el estigma de ser «las novias de los terroristas». Se convierten en unos seres fuera de la casta. Algunas padres dicen que preferían que sus hijas estuviesen muertas. Otras veces, hombres absolutamente enfermos, las ven como una oportunidad, las buscan y las prostituyen. ¿Te imaginas?

Con iniciativas como la suya, dice que se empodera a las mujeres.

Sí, porque una mujer que es financieramente independiente tiene oportunidades y, si sigue a un hombre, es porque quiere. No porque tiene que hacerlo. Alguna de nuestras coordinadoras asiste hasta a 6.000 casas y cuando se hacen técnicas en energía cada semana recogen dinero. Ellas se quedan con el 10% de lo que generan.

Habla de esos terroristas como animales. ¿Cómo explicar esa barbarie?

Les llamo animales porque se comportan como tales, pero no nacieron así. Por eso es necesario ir a las causas. Y ahí el mundo debe entender que el cambio climático tiene consecuencias directas en la seguridad del planeta. El lago Chad, que riega a Nigeria, Chad, Niger, Camerún y zonas donde empezó Boko Haram, prácticamente ha desaparecido debido al cambio climático. Hay millones de personas que dependen de ese lago. Vivían de la pesca, de la agricultura y todas las industrias y negocios que surgen a partir del procesamiento y venta. Todo eso se ha acabado. El 80% de esa población son gente joven, chicos de menos de 30 años sin futuro. Para hacerlo todo más complicado, existe la guerra en Libia y la proliferación y el negocio de las armas. Están captando a jóvenes que no tienen nada que hacer. Si un joven tiene un trabajo, una tienda, un estatus y reconocimiento en la sociedad, no se va a ir a causar problemas que irán en contra de él. Pero, si no tiene nada que perder, apoyará cualquier causa y morirá por nada. Por eso debemos hablar de cambio climático y seguridad. Y, de nuevo, si miramos a las mujeres y la desertificación, nos damos cuenta de que ahora deben caminar kilómetros y kilómetros para encontrar leña para cocinar. Es un desastre. Además, esos caminos no son seguros para ellas y muchas veces las violan.

Usa diferentes discursos. Uno para primeros ministros, otro para las mujeres, otro para los hombres. ¿Cómo es eso?

Es fácil: si hablo con un gobernador, le cuento cosas que le importan. Le hablo del voto de las mujeres que les pueden votar. A ellos, les menciono las elecciones y lo que ganarían si empoderan a las mujeres, no de polución y medio ambiente. Eso me lo guardo para otras audiencias. A ellas, a las campesinas, no les voy con el discurso de los impuestos, pero sí les digo que miren las paredes negras de sus casas sucias del carbón con el que cocinan. Les hablo de cosa reales, les digo que sus pulmones están igual de negros. Les hablo de su salud y de la de sus hijos, ¡y vaya si lo entienden! A los maridos de las aldeas donde voy instalando cocinas solares les cuento lo mucho que van a ahorrar en mantener ese fuego. Se vuelven locos. Si hablas con hombres, hazlo de economía: verás cómo te escuchan, incluso si es de dar libertad a sus mujeres.

¿Es su empresa un negocio sostenible?

Sí, sí y sí. Es una empresa social que no busca beneficio. Los precios difieren, es cierto, pero es por las distancias: Nigeria es un país muy grande y el precio para llegar a ciertos puntos es tremendamente costoso. Son diez o doce horas de carretera. Pero la esencia es reducir pobreza y que dependan de un sistema limpio, que combata el cambio climático y que les da negocio. Porque si tú puedes comprar queroseno, puedes comprar una lámpara solar. A ellas, además, les enseñamos a mantenerlas.

Mujer, negra y africana. ¿Cómo combate los estereotipos?

Simplemente les ignoro. Y sí, soy negra, se ve a primera vista. Mira mi color, mira cómo visto (señala su colorida vestimenta). Estoy muy orgullosa de las mujeres africanas. Amo mi cultura, mi herencia y mi país. No es mi problema si a ti no te gusta. No permito que su negatividad me afecte. Yo llevo luz: no tengo tiempo para esa gente. Realmente me dan pena, porque sé que son desgraciados ante la vida.

¿Le han amenazado?

Sí, dos veces. Mi propuesta va en contra el negocio de los clásicos generadores de energía dependientes de queroseno. Cuando empecé con mi programa, directamente vino un hombre a visitarme a mi oficina para decirme que me matarían. Me dio igual. Le enseñé mis manos y le dije «no tengo miedo, ingeniero de la muerte». La segunda vez fue muy controvertida. Había trabajado muchísimo durante seis años para conseguir la financiación necesaria para instalar las lámparas en un millón de casas. Cuando lo había conseguido, me quitaron el proyecto. Lo terrible fue que, a quien se lo dieron, no sabía gestionarlo y me preguntaba para ver cómo hacerlo. Fue un gran escándalo mediático. Me amenazaron, me llamaban a las 2 de la madrugada, me ofrecieron dinero…. Pero pude denunciarlo y aquí estoy. ¿Sabes cuántas mujeres podrían haber muerto si me hubiese vendido? FIN

Publicado en https://ethic.es/2019/05/bahijjahtu-abubaka-cambio-climatico/

Diana López Varela: “El sistema dice que si la economía va mal es por culpa de las mujeres”

Si no quiero tener hijos, ¿soy normal?, ¿existe una nueva mística de la maternidad?, ¿estamos esperando demasiado para ser madres? Son algunas de las preguntas que se responden en ‘Maternofobia’, un retrato de una generación enfrentada a la maternidad.

Su último libro, Maternofobia [editorial Península], es un compendio de derechos que arranca con uno de los más básicos, el derecho a que las madres puedan decidir ser madres o no. Cabe en las páginas de sociedad, sí, pero también en las “salmón”. Entre otras cosas, porque entra en una de las grandes mentiras: España no necesita de nuevos infantes para que se paguen nuestras pensiones. “España tiene más habitantes que nunca en toda su historia, al igual que el continente europeo; la superpoblación mundial amenaza el equilibrio ecosistémico y la falta de recursos naturales es un problema que aumenta cada vez que nuevos niños son lanzados al mundo”, afirma su autora, Diana López Varela.

En este volumen, y a partir de una amplia investigación y numerosas entrevistas, la guionista disecciona quiénes paren, cuándo y los muchos cuestionamientos a los que se enfrenta la mitad de la sociedad si no alumbra “cuando toca”. López Varela entra en las presiones reales ante el “reloj biológico”, en la idealización de la maternidad, en cómo la conciliación sigue recayendo en las mujeres o en las “NOMO (No Mother)”, las mujeres que deciden no ser madres, entre otros muchos asuntos.

Para hablar del derecho al aborto y de cómo se practica, de los pocos hijos que nacen en España, de sanidad, de conciliación y de la mística de la maternidad, entre otros temas, la escritora parte de datos. “Las mujeres españolas son las europeas que menos hijos tienen, muy lejos de la tasa de reemplazo con la que se supuestamente se apuntalará el sistema de pensiones, amenazado por la precariedad laboral y la baja natalidad. Además, son madres tardías: la media para el primer hijo ya se sitúa alrededor de los 32 años y muchas mayores de 35 todavía no los tienen. Mientras, y pese a todas las advertencias, amenazas y barreras a la libre elección, la fecundidad sigue estancada. Muchas mujeres en edad fértil nunca tendrán hijos, otras llegarán al límite biológico y entregarán su cuerpo a la ciencia en aras del nuevo negocio del siglo: la reproducción asistida”, reza la sinopsis del libro.

Antes de derechos, hablemos de economía, que parece que es un lenguaje que muchos entienden más. ¿Hace falta que seamos madres para que el mundo se sostenga?

Sí, yo siempre digo que esa es la gran mentira. O mejor, la gran estafa. Desde un punto de vista económico y sobre todo ecológico, sobran seres humanos en el Planeta. En España hay población suficiente. Desde que yo nací, en el año 1986, hay 10 millones más de personas. La población ha crecido en estos últimos 30 años, lo que pasa es que la pirámide no está compensada en cuanto en edades. No hay tantos niños, se van los jóvenes y se vive más. Lo preocupante es que se nos pide que tengamos hijos para mantener el sistema, cuando los que se supone que tendrán que aportar, los jóvenes, viven en precariedad absoluta, con el paro más grande de la Unión Europea. Es perverso. ¿Qué tengan más hijos para perpetuar la espiral de la pobreza? Al final, si la economía va mal, la culpa vuelve a ser de nosotras. No. Eso no.

Porque además, hay niños, pero es que la gente quiere a sus hijos con pedigrí. No valen los de otros; quizás por racismo, por xenofobia. No sé: se me escapan las razones.

Madres tardías, entre otras cosas, porque tener hijos acaba siendo un lujo. ¿El sistema podría soportar pagar a las mujeres por los cuidados?

Debería. El sistema debería pagar a las mujeres todo el trabajo que el Estado de bienestar se está ahorrando gracias a tenernos en casa a tiempo completo o duplicando jornada dentro y fuera del hogar.

Pero nos prefieren esclavas e invisibles. Porque está demostrado que si se pagara a las cuidadoras, esas mujeres contribuirían con sus impuestos a que la economía mejorase.

Sigue hablando de economía.

Sí. Me gustaría que este libro estuviese en las páginas de Economía. Igual que me querría que las mujeres estuviésemos en los sindicatos, que siguen copados por hombres y son el último reducto del machismo más rancio. Porque son ellos los que tienen que defender a las personas trabajadoras, también a las mujeres. Y aquí es clave que las mujeres nos asociemos y reclamemos nuestros derechos. Mira las Kellys.

Mientras, la palabra corresponsabilidad parece que sigue bastante lejos del vocabulario utilizado por empresarios, políticos y la sociedad en general.

Sí. Nosotras nos hemos incorporado a la universidad y al mercado laboral desde hace más de un siglo. A mí me gustaría que los hombres conquistasen el espacio doméstico. Porque cada vez que se habla de conciliar, se habla de que lo hagamos las mujeres.

Pero además de los hombres es una responsabilidad que debe recaer también en el Estado y en las empresas.

Claro, claro. De hecho el caso de Francia que yo recojo en el libro muestra cómo es el país de Europa con mayor índice de natalidad. Son las que tienen el mejor servicio de guarderías públicas de toda la Unión Europea. Alguna relación debe de tener el tema de las guarderías públicas desde los cero años con el incremento de la natalidad para que ellas puedan seguir trabajando con unos sueldos mucho mejores que las españolas y sin renunciar a su carrera profesional.

Entremos en grandes conceptos como el hedonismo o la libertad de quienes deciden ser o no madres. 

No quiero que se me malinterprete, pero yo creo que es al revés, que tener hijos es un acto puramente egoísta que genera placer a la persona que los tiene. A mí no me hace feliz que una desconocida tenga hijos, me hará feliz, si quiero tenerlos yo. Es más. Las personas que no tienen hijos suelen colaborar más con la comunidad porque tienen más tiempo. Los padres y las madres están absorbidos por la maternidad y paternidad.

Eso del egoísmo de quienes no son madres es una auténtica mamarrachada. ¿Egoísta con quién? ¿Con el tema de que mi hijo no va a pagar los impuestos? Pero si te estás ahorrando toda una vida en hospitales, educación y mil servicios. 
Yo creo que la maternidad, y esto es un lema feminista, será deseada o no será. Y, cuando lo es, hace feliz a la mujer que decide plena y libremente serlo. Única y exclusivamente.

¿Cómo se educa a las hijas para romper con los estereotipos de la maternidad?

El gran cambio vendrá cuando consigamos que ser madre sea una opción. También hace falta que los niños sean corresponsables en las tareas domésticas y que vean que los cuidados forman parte de la vida de los hombres.

Cuando se dice eso de hacer poner “los cuidados en el centro de la vida”, yo pregunto: “¿en el centro de quién?, ¿de la vida de las mujeres?”. La vida debe estar en el centro de la vida de todas las personas, hombres, mujeres, madres y no madres.

No preguntaré por un derecho legítimo como el del aborto, pero sí sobre el derecho a ser padres. Hablo de alquiler de úteros. 

No lo trato en el libro pero es algo en lo que estoy absolutamente en contra. Me parece espantoso y una traición de una parte del colectivo gay hacia las mujeres y hacia las feministas que hemos luchado mucho por los derechos LGTBI.

Me aterra pensar en unas personas que han decidido que pueden tener hijos alquilando el cuerpo de las mujeres como si fueran ganado. Me parece espantoso y me da mucho miedo que los nuevos gobiernos de derechas, conservadores para lo que quieren y muy pegaditos al capital, piensen en promocionar este tipo de prácticas desde clínicas privadas. Vete a saber en manos de quién puede estar la salud de esas mujeres, que al igual que en la prostitución, son las más pobres y vulnerables.

Dice que en ginecología y en obstetricia falta perspectiva de género, ¿a qué se refiere?

La violencia obstétrica es algo de lo que se empieza a hablar pero no lo suficiente. Por ejemplo, con el tema de la edad (tanto a la hora de posponer un embarazo como para interrumpirlo) sigue habiendo muchísimos juicios de valor hacia la decisión de las mujeres. Hay un cuestionamiento moral, porque al final, si te sometes a un aborto lleva implicado que has cometido un error y una carga de culpa.

Pero aparte, la falta de información con la que nos encontramos es otro tipo de violencia. También hay falta de perspectiva de género en la investigación. 

Si la anticoncepción recayese en los hombres, ¿viviríamos un panorama diferente?
¡Por supuesto! Creo que incluso se trataría distinto el tema del aborto desde la política y las leyes. Lo cierto es que se nos responsabiliza absolutamente de todo lo que pasa. Y luego, si queremos interrumpir un embarazo no deseado, se nos cuestiona. A las chicas les cae la responsabilidad de la anticoncepción y de las enfermedades sexuales enfrentándonos a veces a situaciones de violencia por parte de sus parejas. FIN

Entrevista publicada en https://www.publico.es/sociedad/maternofobia-sistema-dice-economia-mal-culpa-mujeres.html