No son estadísticas; son vidas

2017 se está convirtiendo en España en el año de una masacre. Nos están matando y nos hacemos caso. Pasamos a otro tema, como si molestase o fuera poco importante. 21, hasta ayer, 3 de marzo, dos a la semana. ¿Han oído bien, dos a la semana? No quiero comparar con otros muertos por otras causas, porque me duele. El terrorífico número 21 esconde que la violencia machista la seguimos viendo como un suceso y un tema doméstico (ay, la semántica).

Sí, porque los medios siguen hablando de sucesos y de “mujeres”, siglas y nombres que no nos llegan. Quiero ver el mismo tratamiento que se da a la muerte de los que parece que sí importan. Exijamos el mismo enfoque y profesionalidad que esperamos de periodistas y políticos cuando mata el terrorismo islámico, el de Eta o cualquier. Busco las páginas y páginas, ediciones especiales y horas de visibilización del horror. Porque el día que en España empecemos a contar que nos matan con la contundencia que hicimos cuando el asesino era ETA (en una segunda fase), empezaremos a entender el drama.

“Aquí tienen que aplicarse políticas muy serias, el Estado y los violentos deben reconocer lo que le han hecho a las mujeres. Se debe saber que la violencia es una arma. Y hay que poner nombre a quienes lo permitieron y no lo evitaron. ¿Por qué se violenta a las mujeres? Es fácil: porque no se las reconoce como individuas, ni como grupo, ni como sociedad (…). Si nosotras permitimos que se piense así, que no haya políticas para enmendar esa realidad, que no se diga la verdad, que la sociedad no esté dispuesta a cambiar… pues no hemos hecho nada”, grita Patricia Guerrero en su discurso vital. Lo repite también en Mujeres al frente (libro y documental) y se refiere a Colombia, pero aplica igualmente a España.

Porque sí, señora ministra, hacen falta recursos y en este punto es importante recordad que el presupuesto para la prevención contra la violencia de género ha sufrido un tijeretazo del 26%. Y sí, además, hace falta coordinación, educación y un Pacto de Estado YA para que sepamos quién eran esas mujeres que se esconden bajo ese nombre de Matilde, peruana, B.E.M.A, Virginia, mujer en silla de ruedas…  Es mucha la educación que hace falta para que no volvamos a escuchar en boca de Interior que los crímenes machistas están relacionados con la decisión de las mujeres de separarse rápido.

mientras se dá la inacción por parte de las autoridades,un grupo de mujeres en la madrileña Puerta del Sol se han plantado para molestar, para desde el kilómetro cero de la capital, recordad que el patriarcado mata. No comen desde el pasado 9 febrero y reclaman ese Pacto de Estado contra la violencia machista. El próximo 6 de marzo acudirán al Senado para exponer sus propuestas contra esta lacra. Solo queda apoyarlas, en cuerpo y alma. Y una forma clara es la huelga a la que estamos invitadas todas las mujeres el próximo 8 de marzo, un paro de empleo, cuidados y consumo de media hora que comenzará a las 12,00, una iniciativa mundial convocada por el movimiento argentino Ni Una Menos. Yo paro. FIN

Publicado en Más de la Mitad

Mirar la guerra desde los ojos de las mujeres

(Publicado originalmente en el Huffington Post, Huffington Post. )

Colombia resulta fascinante: puede ocurrir de todo. Por la parte macondiana y más colorida, recuerdo manifestaciones de ladrones autorizadas en las que los maleantes gritaban que los auténticos malos no eran ellos. Gritaban a cara descubierta, ese día que podían, que quienes robaban estaban en las instituciones. También viví cómo en un cine rural al aire libre la entrada era diferente si se optaba por leer los subtítulos al revés; desde el otro lado de la pantalla. Pero si entramos en el drama, desde allí nos hemos hasta aburrido de ver masacres. Y absurdos, como a un Pablo Escobar que desde la cárcel recibía putas y manejaba el cartel de drogas. Más. Para un curioso, un inquieto, un periodista resulta fácil hablar con una persona que dice ser mercenario y dedicarse a matar. Pero ojo, tras ese espectáculo (cuidado, periodistas; cuidado, audiencias), hay que reiterar que Colombia es un lugar que se desangra por una guerra que resulta imposible de datar: no son 52 años, son muchos más. Porque allí, el conflicto es la desigualdad, que mata. Y son muchos los muertos y las muertas de esa esquina de América del Sur, son millones los desplazados, incontables las mujeres utilizadas como botín de guerra, los mutilados físicos y psíquicos y las víctimas de esa atrocidad que se llama guerra. Como cuento en el prólogo del libro que publico ahora con libros.comMujeres al frente, las guerras siempre me han llamado la atención.

Supe siempre que mi abuelo Mario había participado en la guerra, la nuestra, y aquello me provocaba tantas preguntas… Mi abuelo, aquel señor grande y tierno que comprendía y nos permitía siempre todo. No solíamos estar solos; por allí andaban también mi abuela y mi hermano. No obstante, recuerdo buscar momentos a solas para preguntarle si él había matado. En mi cabeza de menos de diez años me resultaba imposible que aquel señor que me protegía y daba cariño, hubiese disparado a otro hombre. Su respuesta a mi pregunta directa fue ambigua. Con tristeza y muy despacio, como costándole las palabras, me llegó a contar que aquello fue lo más triste con lo que jamás un hombre se puede enfrentar y que solo esperaba que nunca jamás se repitiese. Entendí que sí mató.

Con las muchas inquietudes que me sigue provocando nuestra guerra civil o cualquier otra, porque al final, todas son las mismas, Colombia y su guerra me ha respondido a muchas de mis dudas. Aunque en Mujeres al frente (tanto el libro como la película), quizás la clave esté en mirar el conflicto desde otra perspectiva, desde los ojos de ellas, las mujeres, quienes no suelen engrosar las filas de combatientes, pero sí ponen muertos, sus hijos que caen matando; sus hijas, que son violadas; sus maridos, muertos o ausentes, sus muchas miserias… Me paré en ellas porque en Colombia, desde hace años, de una forma silente y soterrada, las mujeres llevan inventándose alternativas a la muerte. Dicen algo tan obvio como que la violencia solo provoca violencia y están hartas del patriarcado y de que impere la ley del más fuerte. Repiten que la indiferencia mata, que no hay paz sin desarrollo. Afirman también que necesitan de la memoria para construir un nuevo país que no repita el horror de matar y matar. Quieren una Colombia democrática, y no hay democracia sin mujeres, por eso es importante que se las oiga. Y hay que hacerlo por dos motivos obvios: uno, por justicia, y dos, porque plantean ideas diferentes y porque las actuales, las de seguir apostándole a la violencia solo ha tintado los ríos de sangre.

Termino con sus nombres, que son quienes han hecho posible esta gran historia. Las protagonistas de Mujeres al frente son la campesina Nelly Zelandia; la afrocolombiana Luz Marina Becerra; la candidata al Nobel de la Paz Luz Marina Bernal; la ex comandante del M19 Vera Grabe; la fundadora de la Ciudad de las Mujeres, Patricia Guerrero; la lideresa comunal Mayerlis Angarita y la socióloga Beatriz Montoya. A todas ellas les agradezco sus lecciones de vida. Suelo repetir que ojalá fueran presidentas porque “no estaría mal escribir un libro sobre la guerra que provocara náuseas, que lograra que la sola idea de la guerra diese asco. Que pareciese de locos. Que hiciera vomitar a los generales”. Esta última afirmación es de Svetlana Alexiévich, Nobel de Literatura. Lo dice en su libro la Guerra no tiene rostro de mujer. Algo así pretende ser Mujeres al frente. FIN

El freno de las mujeres a guerra sin fin

(Contundente texto de Isabel Valdés, publicado en el Blog de Mujeres El País

Las violaron, las mutilaron, las despojaron de sus tierras, las arrinconaron, las desplazaron, las expulsaron, las hicieron desaparecer, emigrar, ocultarse. Las convirtieron en viudas, en madres sin hijos, en hermanas sin hermanos, en tumbas, en ira, en abuelas vacías, en nada. Colombia ha sufrido durante décadas una violencia ininterrumpida, brutal y expandida hasta el último rincón. En medio del terror que crecía sin pausa, las mujeres fueron víctimas desproporcionadas.

Desde el Bogotazo que dio paso a La Violencia, aquel periodo de acertado nombre entre 1948 y 1958 —aunque ningún historiador se pone de acuerdo en acotar aquellos años—, con casi dos millones de desplazados y alrededor de 300.000 muertos. Después, el conflicto armado para estrenar la década de los 60, y ya no paró: primero fue el Gobierno, luego la guerrilla, se sumaron los paramilitares, aparecieron los narcos y brotó la criminalidad.

Como parte de aquel horror, también quisieron participar en su final. Y lo hicieron. El papel de las mujeres durante ese proceso, y después para alcanzar el Acuerdo de Paz (firmado el 12 de noviembre de 2016, aunque no definitivo), apenas ha sido reconocido por la opinión pública más allá de los sectores con cierto interés por el papel femenino en la historia de Colombia. El texto firmado a finales del pasado año entre el presidente, Juan Manuel Santos, y el líder de las FARC, Rodrigo Londoño (conocido como Timochenko), incluye disposiciones de género importantes, tanto por la profundidad de las mismas, como por la garantía que supone para que ellas sigan participando de todo lo que está por venir.

La periodista y escritora Lula Gómez (Madrid, 1970) se encontró en 2015 con dos mujeres que cambiaron su futuro más inmediato, Luz Marina Bernal y Patricia Guerrero, y decidió, después de un sinfín de “noes” de medios de comunicación y editoriales, publicar un libro y grabar un documental que pusiera voz y rostro a esas mujeres que ponen voz y rostro a millones de colombianas, Mujeres al frente. Mujeres que expertos internacionales en la resolución de conflictos han calificado como innovadoras y modélicas.

Phumzile Mlambo-Ngcuka, directora ejecutiva de ONU Mujeres, y Zainab Hawa Bangura, representante especial del secretario general sobre la violencia sexual en los conflictos, hablaron en aquel momento sobre el trabajo sin precedentes de la Mesa de Conversaciones de Paz y su subcomisión de género: “Las mujeres son una fuerza dinámica para la paz y la reconciliación, y esto debe reforzarse en el acuerdo final y, de forma fundamental, durante la fase de implementación. Puede que éste sea el mejor ejemplo de una participación significativa y consistente de las mujeres en un proceso de paz”.

Patricia Guerrero, ex jueza y fundadora de la Ciudad de las Mujeres; Nelly Velandia, campesina que representa a seis millones de mujeres; Mayerlis Angarita, superviviente del conflicto y fundadora de Narrar para Vivir; Luz Marina Bernal, líder de las Madres de Soacha y nominada al Premio Nobel de la Paz; Beatriz Montoya, fundadora de AMOR y resistente ante la guerra; Vera Grabe, ex dirigente del M19 y directora del Observatorio por la Paz; y Luz Marina Becerra, líder afrocolombiana y activista de los DD HH. Ellas son la condensación de Lula Gómez en Mujeres al frente, de la pelea constante, ahora más visible y posible.

“Colombia es un país al que viajo mucho. En uno de esos viajes, después de conocer la historia de Marina Bernal y Patricia Guerrero, supe que tenía que socializar esas historias, contarlas, expandirlas. Volví a España y todo fue una negativa como respuesta por parte de los medios de comunicación”. Explica Gómez que su enfado derivó en intentar ir un poco más allá y empezó a pensar en incluir a más mujeres que pudiesen ampliar la narración: “Di con siete perfiles y, envalentonada, pensé en un libro”. Se lo ofreció a una editorial que, de primeras, le dijo sí. Luego fue un sí y 1.000 euros para viajar, conseguir los testimonios y volver. Al final fue un no y Gómez volvió a enfadarse. “Pues ahora me voy a montar un documental”, pensé.

Su malestar acabó siendo más productivo que obstáculo y todas aquellas puertas cerradas se convirtieron en un proyecto que le ha llevado dos años (aunque en diez días aterrizó en Bogotá, las localizó, les financió el billete hasta la capital y grabó), y que finalmente ha salido mediante crowdfunding a través de Libros.com. A 19 días de que terminara la campaña alcanzó los mecenas que necesitaba para publicar el libro, 200; ahora, su segundo objetivo es llegar a los 300.

Aunque asegura que el documental, fílmicamente hablando, es muy básico, demuestra que las historias sirven para algo más que para envolverlas en papel de regalo: “Estas señoras mantienen un librazo y un documental que ha estado en el Festival de Cine de Málaga, y ya tiene distintos premios”. Parte de la consistencia del libro y el documental viene por el discurso que sostiene a ambos: “Aunque parece de Perogrullo que la violencia solo lleva a más violencia, el poder sigue apostando por hacer más armas, más policía, más conflicto. Pero el cambio solo se dará con la educación y el desarrollo”.

Gómez exhala: “La indiferencia mata, eso comentan ellas todo el tiempo. Tienen una postura valiente, enfrentan a verdugos y víctimas, hacen posible el diálogo”. Diálogo, educación, desarrollo. “Reclaman un sistema nuevo que les reconozca derechos tan básicos como el de la propiedad de sus tierras o contar con soberanía alimentaria. Una nueva sociedad más igualitaria, un lugar que ha de ser construido de nuevo desde las bases si se quiere poder respirar paz”. Sin miedo a hablar, a pedir, a exigir. En Colombia, después de más de medio siglo de ser víctimas de las víctimas, es momento de construir alternativas desde la palabra, la memoria, la justicia y la reinserción.

LA CONFIRMACIÓN DE LA ONU

Según un estudio reciente realizado por Naciones Unidas sobre la implementación de la Resolución 1325 de mujeres, paz y seguridad, en los casos en que las mujeres tuvieron la oportunidad de ejercer una influencia profunda en el proceso de negociación, las probabilidades de alcanzar un acuerdo eran muy superiores que en los procesos en que esta influencia había sido escasa o nula.

De hecho, cuando se contó con la participación de las mujeres y estas ejercieron una influencia amplia, las negociaciones culminaron casi siempre con un acuerdo. Uno de los efectos que más se repetían de la participación de las mujeres en los procesos de paz era la presión que ejercían para iniciar, reanudar o concluir las negociaciones cuando habían perdido impulso o cuando las conversaciones habían fracasado.

Al controlar otras variables, los procesos de paz en los que participaban mujeres en calidad de testigos, firmantes, mediadoras y/o negociadoras registraban un incremento del 20% en la probabilidad de alcanzar un acuerdo de paz que perdurase, como mínimo, dos años. Este porcentaje aumenta a lo largo del tiempo, ya que la probabilidad de lograr un acuerdo de paz que dure 15 años crece un 35%.

Puedes descargar el estudio aquí: Estudio mundial sobre la aplicación de la resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Pontífice Rafa Maltés

Decía el otro día Rafa Navarro, que firma como Rafa Maltés, que él no pontifica. Lo hacía en la presentación de su libro: “Pensar no es buena idea”, editado por Ediciones Asimétricas. Niego la mayor. Mi muy buen amigo, ¡tengo esa suerte¡, cada vez que levanta el lápiz en una de sus viñetas, esta especie de “El Roto” dispara a matar a quien no quiera darle una vuelta a la cruda realidad. Contaba también que se inspira de una forma fácil; le basta con desayunarse las páginas de la prensa por las mañanas. Imagino que indigesto, antes de salir de casa, empieza figurarse cómo expresarlo en blanco y negro, con un trazo rotundo y una escueta frase. Es absurdo contarlo en palabras, pero tras su “Cometí la insensatez de enfermar por encima de mis posibilidades, Maltés muestra a un inválido en silla de ruedas de cara a la pared, por intentar expresar en palabras el saber hacer de Rafa. Y barrunta, supongo, y se queda con los muertos de Tarajal, con el dinero que nos roban los bancos, con la indiferencia ante las muchas violencias, también la machista, y el sinsentido de los poderes que parece mirar para otra parte.

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Sí, pontífice Maltés, desde tu tribuna, consigues removernos las tripas, enseñarnos esa realidad que ya no vemos, porque… es tan cómodo no pensar. Como dice en el prólogo Paco Pomet, tu obra actúa “como escudos, antídotos o trajes protectores con los que podemos ahuyentar y repeler las embestidas incansables de la publicidad, el BOE, las ruedas de prensa, los comunicados oficiales o las campañas electorales”. No se lo pierdan, el libro es una joya.

Las palabras sanadoras de las mujeres de Colombia

(Un texto de Belén la Banda sobre Mujeres al frente, publicado en el Blog Más de la mitad). 

Miles de mujeres están dejando atrás en Colombia el que parecía un destino inexorable de víctimas. En unos años han superado todos los tipos -los más extremos- de violencia, de marginación, de subordinación, de desprecio y maltrato en el ámbito público y en el privado. Han logrado participar de manera activa y determinante en el camino hacia la paz en su país, para salir de un terrible conflicto bélico.

Nada es fácil para ellas aún hoy, pero las mujeres de Colombia han conseguido contribuir a la paz cambiándole el ADN al proceso. Un proceso de paz que pretendía pasar por encima de ellas como lo había hecho la guerra. La inteligencia colectiva de las mujeres colombianas logró hacer entender que una paz sin ellas no tenía ninguna oportunidad de ser auténtica, o de durar.

La paz en Colombia no puede dejar a un lado a mujeres como Patricia Guerrero, que fue jueza y que creó la Ciudad de las Mujeres para permitirles vivir en paz en los peores tiempos del país. O Nelly Velandia, la voz de seis millones de mujeres campesinas. O Mayerlis Angarita, que sobrevivió al conflicto y fundó Narrar para vivir, o la luchadora Luz Marina Bernal, que inició una lucha que aún no termina para reivindicar la memoria de su hijo asesinado en un ‘falso positivo’. O Beatriz Montoya, Vera Grabe, Luz Marina Becerra… Cada una de ellas con un trauma y un dolor imposible de medir a sus espaldas, han protagonizado trayectorias impresionantes. Y cada una ha pensado la paz y la ha compartido. Y ha exigido compartirla cuando nadie le invitaba a estar en ese proceso.

La periodista Lula Gómez se comprometió para darles visibilidad a través de un documental, Mujeres al Frente, que ha levantado emociones en los festivales donde se ha presentado. Finalista en el Festival de Málaga, Mención especial del Jurado en el Festival Internacional de Bogotá por los Derechos Humanos, y se presentará el sábado 18 de febrero en el Festival de Cine y Derechos Humanos de Valencia, el Lunes 20 en dos pases organizados por el Ajuntament de Tarrasa, entre otras citas.

Pero, además de la imagen, Lula se quedó con las palabras sanadoras de estas siete mujeres. Pensó que sería muy importante que otras personas pudieran beneficiarse con su potencia. Y así surgió Mujeres al frente, el libro. Un nuevo proyecto de crowdfunding que está a punto de hacerse realidad (ya ha logrado tres cuartas partes de la financiación) y que servirá para que las palabras, las voces y la sabiduría de las mujeres colombianas nos lleguen a todos, y nos sirvan para sanar nuestras violencias.

El libro ‘Mujeres al frente’ se puede apoyar mediante el crowdfunding abierto en Libros.com hasta dentro de 24 días.

Nada es fácil para ellas aún hoy, pero las mujeres de Colombia han conseguido contribuir a la paz cambiándole el ADN al proceso. Un proceso de paz que pretendía pasar por encima de ellas como lo había hecho la guerra. La inteligencia colectiva de las mujeres colombianas logró hacer entender que una paz sin ellas no tenía ninguna oportunidad de ser auténtica, o de durar.

La paz en Colombia no puede dejar a un lado a mujeres como Patricia Guerrero, que fue jueza y que creó la Ciudad de las Mujeres para permitirles vivir en paz en los peores tiempos del país. O Nelly Velandia, la voz de seis millones de mujeres campesinas. O Mayerlis Angarita, que sobrevivió al conflicto y fundó Narrar para vivir, o la luchadora Luz Marina Bernal, que inició una lucha que aún no termina para reivindicar la memoria de su hijo asesinado en un ‘falso positivo’. O Beatriz Montoya, Vera Grabe, Luz Marina Becerra… Cada una de ellas con un trauma y un dolor imposible de medir a sus espaldas, han protagonizado trayectorias impresionantes. Y cada una ha pensado la paz y la ha compartido. Y ha exigido compartirla cuando nadie le invitaba a estar en ese proceso.

La periodista Lula Gómez se comprometió para darles visibilidad a través de un documental, Mujeres al Frente, que ha levantado emociones en los festivales donde se ha presentado. Finalista en el Festival de Málaga, Mención especial del Jurado en el Festival Internacional de Bogotá por los Derechos Humanos, y se presentará el sábado 18 de febrero en el Festival de Cine y Derechos Humanos de Valencia, el Lunes 20 en dos pases organizados por el Ajuntament de Tarrasa, entre otras citas.

Pero, además de la imagen, Lula se quedó con las palabras sanadoras de estas siete mujeres. Pensó que sería muy importante que otras personas pudieran beneficiarse con su potencia. Y así surgió Mujeres al frente, el libro. Un nuevo proyecto de crowdfunding que está a punto de hacerse realidad (ya ha logrado tres cuartas partes de la financiación) y que servirá para que las palabras, las voces y la sabiduría de las mujeres colombianas nos lleguen a todos, y nos sirvan para sanar nuestras violencias.

El libro ‘Mujeres al frente’ se puede apoyar mediante el crowdfunding abierto en Libros.com hasta dentro de 24 días.

Texto originalmente publicado en Más de la mitad, blog de 20 minutos. 

Nuria Varela: “A las mujeres nos toca ser cigarras”

Feminista, periodista y experta en género, publica este mes de febrero Cansadas (Ediciones B), un libro en el que grita su hartazgo sobre la violencia contra las mujeres, el desdén hacia ellas y la vieja y nueva misoginia. Nuria Varela es también la autora de Feminismo para principiantes.

“Estamos cansadas, sí. De las medias verdades y de las mentiras a medias. De los micromachismos, del velo de la igualdad y de los mitos que rodean el amor. Cansadas de pintar las paredes sin poder tocar los cimientos. Cansadas de la violencia, de todas las violencias, de los embargos, las guerras y las postguerras. De las batallas en el frente y en la retaguardia. De todas las trincheras. Cansadas del desdén, de la vieja y la nueva misoginia, de la cultura de la violación y del mansplaining, de la cultura del simulacro y de la RAE… Suena de lujo, pero no creo la máxima. No te creo cansada montando un volumen como este. 

Bueno, quizás el título que he elegido sea una forma correcta para hablar de hartazgo. Porque sí, por una parte hace referencia a un cansancio físico, pero también al aburrimiento de seguir defendiendo una causas por las que no tiramos la toalla y se avanza, pero con matices. Porque no solo estamos indignadas; es más. Estamos cansadas, un aspecto que hasta tendría un coste en nuestra salud, como bien cuentan otras compañeras. Fíjate, cuando Rosa Parker hizo historia y no se levantó del autobús fue criticada por algunos que dijeron que estaba cansada. Ella dijo que sí, claro, que también, pero que sobre todo estaba harta de que la relegaran. Por eso digo que estamos cansadas de la crisis, de lo insostenible de la desigualdad, de los nuevos machismos…

Pero cansadas, no podremos hacer mucho. 

No, claro. Hay que pensar en estrategias.

¿Cómo cuáles?

Primero, hay que ponerle nombre a las cosas, que es algo que el feminismo lleva siglos haciendo. Y luego, tenemos que desarticular los mecanismos que llevan al retroceso, a esos neomachismos que son ahora más sutiles que nunca. Porque vemos los datos y alarman: la violencia no disminuye y ni uno solo de los indicadores que hablan de igualdad ha mejorado. Mira el uso de los tiempos, la economía de los cuidados, la precariedad de la situación laboral y económica de las mujeres. Los mecanismos del patriarcado se han rearmado y eso está provocando cambios clarísimos.

¿No se enteran los partidos políticos? Si simplemente mirasen el potencial de votos…

Los partidos políticos lo entienden. Cómo no lo van a entender. Lo triste es que no les da la gana. Los partidos de izquierda no son feministas. Ninguno. El feminismo tendría que ser la norma, y no la excepción. Y debería aplicarse no por conseguir votos, sino porque aporta un pensamiento y una mirada más justa del mundo.

Y aparte, lo que es una anomalía democrática es que haya tan poca formación de género entre quienes dirigen y gobiernan. No se explica que quiénes trabajan en derechos humanos no sepan de género.

Suena duro lo que cuentas. Dices también pertenecer a una generación, la de finales de los 60, desaprovechada. Resulta poco esperanzador. 

Ojo, si me atengo a los datos como los de la violencia de género, sí, el panorama es terrorífico. ¡Ya está bien¡. Pero el mensaje que lanzo no es triste o desesperanzado. En el libro también digo que queremos ser cigarras, que queremos cantar, que nos escuchen, que no nos den lecciones. Hormigas, que sean ellos.

¿Tu libro lo leerán los hombres?

No lo sé. Sí que puedo decirte que Feminismo para principiantes lo vieron muchos hombres. Porque uno de los grandes déficits es que ellos siguen sin sentirse aludidos de esa desigualdad que es real. Hace falta formación. Y el libro no solo lo he escrito para que me lean las mujeres. FIN

Publicado originalmente en el Newsletter Fundación Atenea, enero

Todos somos Trump

“America, first”, “América, lo primero”, decía y repetía el nuevo y rubio presidente de Estados Unidos. Y aquí nos escandalizábamos todos. ¿Por qué? ¿Porque Europa no está en la cabeza? Sonroja la hipocresía de todos nosotros al masticar las imágenes del nuevo mandatario y señalar lo disparatado que resulta obviar al resto. Hasta aquí, no hay duda. Pero, nosotros, los europeos, hace muchos meses que nos blindamos con la misma política: allá ellos, los infames que quedaron fuera de nuestras fronteras. Que se mueran de frío, y no es literal. La ola de temperaturas polares ha matado a varios refugiados. Nuestras vallas (las de Melilla, las de Bulgaria, las de Hungría y Turquía), eso sí, las hemos pagado nosotros. Qué detalle.

Europa perdió la vergüenza el 18 de marzo de 2016. Ese día la Unión Europea, y tras dos eternas jornadas de negociaciones, y ya muchos meses de muertos y refugiados de la guerra de Siria, los Veintiocho y el primer ministro turco, vendieron su alma por 6.000 millones de euros. Los occidentales de este lado del océano, el viejo continente, cerraban un acuerdo para retornar a Turquía a todo migrante que llegase a las islas griegas. Muy fácil, con ese dinero dejábamos de verlos intentando entrar en nuestros países. La excusa: « Europa, first».

Ha llovido mucho desde entonces. Ha nevado también. Y en estos días, y noches, veíamos (por unos segundos nada más, que muchos frase importunan) a gente bañándose en tinas con cazos de agua hirviendo en medio del hielo. Las fotos recuerdan a las de los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial y nosotros, nos escandalizamos por Trump.

Recojo a continuación un testimonio de una voluntaria catalana que, aburrida de la inacción y falta de voluntad política, se ha ido a Grecia, a Veria, a un campo de refugiados, durante sus vacaciones. Sobrecogen sus palabras por la autenticidad. Porque es un relato de lo que está ocurriendo allí ahora mismo.

 En Veria el tiempo pasa muy lento a la espera de ese asilo. Las familias viven en las antiguas habitaciones (algunas sin ventanas) de lo que fue un campo militar. Los lavabos son compartidos y están en el exterior de los edificios. Hay agua caliente solo 2 horas al día y la duchas también son compartidas. Los mismos refugiados han organizado una escuela para los niños y van de 10 h a 14 h. Los jóvenes lo tienen más difícil, para ellos sí que parece que la vida se les escapa de las manos. Muchos dedican su tiempo a estudiar idiomas. Lo sé por las clases de español que estoy dando, en horas muertas, a algunos de ellos. Hablan árabe, turco, inglés y griego”, va contando Carolina Pau Suriol.

Su texto, publicado en su Facebook personal, prosigue: “ La actividad más importante que lleva a cabo Bridge2 [ONG con la que trabaja como voluntaria en su mes de vacaciones] es la concerniente a la alimentación. Cuando llegaron hace algo más de tres meses, los residentes del campo sufrían malnutrición. La comida provista por los militares, además de ser muy poco apetitosa, carece de los nutrientes y de las vitaminas necesarias para tener una buena salud. 

Hay que pensar que las personas refugiadas de Veria han huido de la guerra y han estado meses e incluso años conviviendo con las bombas, la carencia más absoluta y el hambre y la desnutrición. Después de largos meses de viaje de huida, el cierre de las fronteras y el desalojo de Idomeni, al llegar a Veria la alimentación a la que tenían acceso seguía siendo inadecuada. A causa de esto, en el campo ha habido casos de nacimientos con problemas de salud graves como la microcefalia o incluso de fallecimientos de recién nacidos. 

Ahora sí que hay una salud nutricional adecuada gracias a que Bridge2 distribuye frutas, verduras y otros alimentos básicos como arroz, pasta, leche, huevos, yogures, atún, aceite, harina, azúcar… a las 80 familias que componen las 270 personas residentes en este campo de refugiados. Esto se provee en un supermercado los martes y los jueves”.

Y aunque nos moleste, la voluntaria habla de esas tantas cosas que nos amargan el telediario y que dicen hacen caer a las audiencias. ¿Por qué? Quizás porque pusimos a Europa primero, a resguardo de todo.

 Las historias son muchas y muy duras… las palabras “guerra”, “bombas”, “muerte”, “rapto”, “mafia”, “hijos”, “madre”, “padre”, “hermanos”, “bote”, “Turquía”… no faltan en cada una de las historias personales. Vidas truncadas por la guerra, exilios que pasaron por Turquía, meses y meses estancados allí, en algunos casos trabajando ilegalmente y explotados (los refugiados no pueden trabajar), el viaje en barca hasta Grecia (entre 1.000 € y 2.000 € por persona dependiendo del tipo de bote) y el cierre de las fronteras. Algunas familias tienen madres, padres, maridos, mujeres, hermanos o hermanas en algún país de Europa desde hace años pero todavía no les han dado el permiso de acogida por reunificación familiar. Otras familias tienen seres queridos todavía bajo las bombas y las amenazas y sufren a diario por ellos”.

Y ante la desidia, Carolina invita a participar en un reto: “ Os quiero proponer un reto: donar entre todos la alimentación de frutas y verduras. Yo estaré aquí para ver cómo se gestiona nuestro donativo: hacer el pedido, recibirlo y entregarlo personalmente a las 270 personas. ¿Qué os parece? El pedido de frutas y verduras es de 500 €. Yo pondré 30 € y estoy segura de que puedo contar con vosotros para conseguirlo”.

Los donativos se pueden hacer directamente a Bridge2, con diferentes opciones de pago e incluso vía PayPal, con la referencia VEG. “ Vamos a demostrar a los gobernantes que nosotros no olvidamos a los refugiados que huyen de la muerte y necesitan VIVIR. Recordad que lo que estaremos haciendo no es caridad, el asilo es un Derecho Fundamental del Ser Humano y, al menos nosotros, la sociedad civil, hacemos lo que está en nuestras manos para cumplirlos. ¡Cuento con ello! Un beso a todos y os voy contando cómo va el reto“.

Gracias, Carolina, por contar y por hacer. FIN

Publicado en http://www.eldiario.es/desigualdadblog/Europa-primero_6_605499461.html

Arranca la campaña Mujeres al frente, el libro completo

Desde http://www.libros.com , una nueva forma de poner en pie proyectos editoriales, pongo en marcha el mecenazgo de Mujeres al frente, un libro que recoge las entrevistas completas del documental del mismo nombre. Recojo lo que cuentan mis amigos libreros y antes os invito a participar, Participa, hazte mecenas de Mujeres al frente en este click:

Sobre el libro

Es la primera vez en la historia que las mujeres participan activamente en la firma de un proceso de paz. Ellas siempre han estado en la guerra, pero nunca hasta ahora en los procesos de paz. Mujeres que son madres de hijos que pelean en los dos bandos. Mujeres fuertes como ejércitos, que quieren aportar su especial forma de ver la paz a Colombia.

Este libro recoge las entrevistas con siete mujeres colombianas que ante la guerra deciden construir alternativas a la violencia. Luchan contra la espiral de violencia y resuelven el conflicto desde la palabra, la memoria, la justicia y la reinserción. Reclaman un sistema nuevo que les reconozca derechos tan básicos como el de la propiedad de sus tierras o contar con soberanía alimentaria. Plantean una nueva Colombia, una nueva sociedad más igualitaria, un lugar que ha de ser contruído de nuevo desde las bases si se quiere poder respirar paz al fin.

Las siete protagonistas son Patricia Guerrero, ex juez y fundadora de la Ciudad de las Mujeres; Nelly Velandia, campesina que representa a seis millones de mujeres; Mayerlis Angarita, superviviente del conflicto y fundadora de Narrar para Vivir; Luz Marina Bernal, líder de las Madres de Soacha y nominada al Premio Nobel de la Paz; Beatriz Velandia, fundadora de AMOR y resistente ante la guerra; Vera Grabe, ex dirigente del M19 y directora del Observatorio por la paz; Luz Marina Becerra, líder afrocolombiana y activista de los DDHH.

Sus testimonios son verdaderas lecciones de sabiduría, y en estos momentos, con el acuerdo con las FARC recién firmado, son de una actualidad absoluta. Escucharlas es como hacerlo a grandes pensadores latinoamericanos como Eduardo Galeano o Enrique Mújica.

El juez Baltasar Garzón firma el epílogo de un proyecto que cuenta además con un documental de mismo título (50 minutos), dirigido y producido por la autora. Ha sido finalista en el Festival de Málaga, donde fue presentado al público. También se ha visionado en Colombia, dentro del marco del Festival Internacional de Bogotá por los Derechos Humanos.

Por qué apoyarlo

Porque ellas siempre han estado en las guerras, pero nunca hasta ahora habían estado en un proceso de paz.

Son madres de hijos que pelean en bandos contrarios. Que se matan unos a otros. Y eso aún le da más valor a su participación en el proceso.

A través de estas siete heroínas, Lula Gómez defiende que la forma de hacer la paz de las mujeres es diferente, y que cuando ellas participan el tiempo sin conflicto es más sostenible.

Te animamos a apoyar este libro para conocer la realidad de Colombia a través de estas mujeres y no de Pablo Escobar.

Un hogar para salir de la exclusión

2017 arrancó con 2 muertos y 2 heridos por incendio en Torrevieja a la luz de las velas. El problema se llama pobreza energética y mata. Parece que hubiésemos olvidado el artículo 47 de la Constitución que dice que “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación”.

Resolver la situación de las personas sin hogar, que a veces tienen otros problemas asociados, como la adición al alcohol, el maltrato o la marginación, no es fácil, pero tampoco es imposible. Y, como dice la Constitución, es un derecho de la ciudadanía, sean pobres o no.

Para Dani, una casa ha supuesto muchas cosas. Por ejemplo, aprender a cocinar (llevaba comiendo durante años en albergues), poder dormir tranquilo sin la angustia de mantener un ojo abierto para que no le quiten las pocas cosas que tiene. Más cambios: después de más de una decena de años en la calle está aprendiendo a hacer la colada y su estima ha cambiado tanto que hasta se tiñe el pelo. No puede ir más guapo y aseado.

Ahora también se ha puesto un horario para trabajar: pedir en la calle. Sale solo en las horas de máxima afluencia y pasa menos frío y muchas más horas en su hogar. De su trabajo, la mendicidad, no le da para pagar la pequeña casa en la que ahora hace vida normal. Vídeo sobre Dani y el hogar que le hace ciudadano.  Los gastos los asume Atenea, una ONG que junto con el Ayuntamiento de Madrid ha empezado a poner pequeños pisos de la Empresa Municipal de Vivienda y Suelo a disposición de quienes duermen en las calles por un tiempo ilimitado. Están convencidos de que, pese a no tener ninguna o casi ninguna contrapartida económica por parte de los nuevos inquilinos, con esta medida mejoran sus condiciones de vida y se consigue una mayor reinserción de estas personas en el sistema.

Ganan también los comerciantes y vecinos de la zona, que ya no tienen durmiendo en sus puertas a estas personas. La vivienda no se condiciona a que dejen el alcohol, si lo consumieran (como en otros programas), a que aporten un dinero mínimo o a que consigan pagar un alquiler. Solo les piden seguir en contacto con ellos para trabajar con ellos en su futura reinserción social.

“Pero además de las claras mejoras para quienes están entrando en las casas, se está demostrando que esta solución es más económica y eficaz que los albergues o soluciones ‘en escalera’ en las que el beneficiario debe ir superando fases poco a poco. Quienes participan en estas iniciativas están más sanos, ganan en autoestima, dignidad y salen del círculo de las dependencias y la exclusión social”, explican Israel Fábregas y María López Tobar, profesionales de la Fundación Atenea, en contacto directo con los beneficiarios de este iniciativa.

Para quienes defienden esta solución, es importante también entender que las personas sin techo no forman un colectivo. Son personas que han sufrido diversos (y distintos) procesos de exclusión social y que requieren ser tratadas de forma individual según sus situaciones, sean de dependencia de drogas, de violencia de género o de desarraigo laboral. Entienden el alojamiento como un derecho (como dice la Constitución), como una oportunidad para la persona, como un lugar que garantiza las condiciones de seguridad, intimidad y estabilidad necesarias desde las que las personas puedan abordar procesos de cambio. Repiten que la estabilidad residencial es clave para la inclusión.

En total, junto con Atenea, otras cuatro ONG (Asociación Realidades para la Integración Social, Asociación Provivienda, Fundación San Martín de Porres y Fundación Luz Casanova) gestionan y se hacen cargo de un total de 20 viviendas en Madrid. En Sevilla, también con el Consistorio, Fundación Atenea entrega en este mes una veintena de casas totalmente amuebladas para un total de 100 personas. Está contemplado que las personas aporten un 20% de sus ingresos como apoyo al programa, un total que varía según las necesidades de cada beneficiario y que contempla que si no hay ingresos, no aportan nada. En Madrid, el proyecto ha contado en 2016 con financiación de las obras sociales de La Caixa e Ibercaja. En Sevilla, el proyecto es un recurso del Ayuntamiento de Sevilla.

Todas estas iniciativas abren las puertas de nuevos hogares para entrar en ellos y salir de la exclusión. Texto originalmente publicado en Desalambre, un apartado de www.eldiario. es sobre Desigualdad.