Cine elevado a M, de mujer

“Cuando las mujeres hacemos cine, filmamos lo mismo y más, porque tenemos otras historias que no se han contado. Es así de simple”, afirma Carlota Álvarez, codirectora de la primera edición del Festival Internacional Cine por Mujeres, que se clausura este domingo 8 de abril. No es cuento. Debra Zimmerman, directora ejecutiva de Women Make Films, lo explica con estadísticas y con un argumento claro: la organización que representa está aburrida de la misma película de siempre, de los mismos patrones, dice, y quiere ver cintas donde aparezcan mujeres con poder, que no sean objetos y que reflejen la realidad de lo que vive la mitad de la humanidad. Porque según los datos que aporta, con los que coinciden multitud de estudios, en los diálogos de la gran pantalla las mujeres ocupan un 30 por ciento, por ejemplo.

Para evitando caer en el tópico sobre qué es lo que retratan las mujeres —que si un cine menor, o más sensiblero—, la crítica de cine Pilar Aguilar se cuestionaba hace unos días si los hombres hacen un cine “de hombres”. “Claro que sí, absolutamente. Y lo peor es que ni se dan cuenta. Es el patriarcado que dice que los hombres están en el centro del universo”, responde Zimmerman, que lleva décadas en una organización que se declara feminista y se dedica a distribuir cine independiente hecho por mujeres.

“Sí, feminista, rotundamente. Y desde hace muchos años: ayudamos a las mujeres a distribuir cine con perspectiva de género. Hablo de contenidos nuevos a kilómetros de distancia de lo que vemos en Hollywood”, asevera la norteamericana.

Álvarez, por su parte, puntualiza que en su festival todos y todas son feministas, pero que se dirigen a todos los públicos para, entre otras cosas, romper estereotipos y mostrar que las cineastas no solo hacen cine intimista, sino que aportan talento y un abanico de visiones más amplio.

En la charla, surge pronto cómo medir el grado de feminismo de una película: bajo qué parámetros, por ejemplo, acepta o no una cinta la organización Women Make Films. Ante la cuestión y los debates sobre las varias olas de feminismo, la norteamericana se ríe y dice que en su organización lo que se busca es una mirada inclusiva. Que eso es el feminismo. Pero ante la duda de cuál sería, por ejemplo, el buen feminismo, se agarra al nombre de su organización, mujeres que hacen cine, y recuerda que solo hay una línea roja: no repetir los patrones del cine en el que no estamos o solo somos objetos. “En Estados Unidos las mujeres tenemos un problema de salud: la medicina está hecha por hombres, y por lo tanto, no se han estudiado nuestros cuerpos. En el cine ocurre lo mismo: no hemos contado”, comenta.

Respecto a soluciones para conseguir una mirada más igualitaria, la responsable del festival no tiene dudas y habla de la necesidad de establecer “unos cuantos años de cuotas para conseguir la paridad. En Suecia es política de Estado. Si somos el 50% de la población y pagamos el 50% de los impuestos, nos corresponde ese tanto”, recuerda. Con las salas y charlas del festival llenas de hombres y mujeres, en un número bastante equitativo, preguntamos por el movimiento #MeToo.

“Al principio fui muy escéptica ante él, pensé que era otro año más que decíamos que ese era el de las mujeres. Pero, no, ahora siento que esto es imparable. ¿Motivos? Una combinación de hartazgo y de empoderamiento basado en el trabajo de las feministas de muchos años. Sinceramente, pienso que ahora se abre –de verdad- una oportunidad para las mujeres. También en el cine”, zanja la norteamericana.

Publicado en Diario Público

Anuncios

El amor como adicción

Todas hemos sufrido violencia machista, pero a pesar de esa realidad, sigue sorprendiendo el #MeToo, especialmente cuando nos tomamos el tiempo de entender qué hay detrás de ello. Choca especialmente si el testimonio es de alguien cercano. También lo hace si la superviviente (no quiero decir víctima), se toma el tiempo para explicar cómo ella, preparada, formada y culta –en contra de todos los estereotipos- malvivió durante años con la violencia.

 

Por eso, por auténtico, el testimonio de Rosalind Penfold resulta sobrecogedor. Su historia, contada por ella misma en viñetas, estremece. No solemos estar en disposición de prestar atención al horror; porque el machismo ha callado sus voces durante muchos años de múltiples maneras. De ahí la fuerza de su historia, contada en cómic bajo el título Quiéreme bien.

El proceso de una víctima, cuenta, sería algo así como: “bofetada, beso, bofetada, beso, bofetada, bofetada…” y así hasta anular a la persona, atrapada en un falso amor. Del libro que ahora publica en España Astiberri resulta escalofriante la claridad del mensaje: nos puede pasar a todas, también a las mujeres fuertes. “Lo bueno es que aprendí. Aprendí que si podía pasarme a mí, puede pasarle a cualquiera”, declaraba en una entrevista al diario Público.

Las tiras, escritas por ella a modo de terapia, constituyen un excelente retrato de la psicología del abusador, y son una invitación a todas las mujeres que podemos pasar por esa situación a salir y gritar “basta ya”. Tras leer sin aliento y de una sentada sus casi 250 páginas, ¡diez años de su vida!, se encuentran claves para comprendernos cuando caemos en la culpa, que esclaviza y ata; y en la absoluta erosión de la personalidad que sufre una persona maltratada, limada a golpes. La fórmula está en el grado de sinceridad del relato:

“Cuando conocí a Brian, me enamoré perdidamente de él. Era carismático y encantador. En nuestra primera cita me habló de su difunta esposa, de lo mucho que la había querido y de cómo, tras su fallecimiento, se había esforzado por hacer de padre y madre de sus cuatro hijos pequeños. Su sensibilidad me conmovió profundamente. Pensé que era el hombre más maravilloso que jamás había conocido. Pensé que me disponía a vivir una HISTORIA DE AMOR DE CUENTO DE HADAS. Y así fue, durante un tiempo. Luego saltamos a un territorio por el que yo nunca había viajado: UN CAMINO PANTANOSO DE MALTRATO VERBAL, EMOCIONAL, SEXUAL y, finalmente, FÍSICO. Mi ceguera, mi negativa a reconocer lo que estaba ocurriendo y, posteriormente, el bochorno y una profunda vergüenza me mantuvieron diez años al lado de Brian. Creía las cosas que él me decía en lugar de lo que yo misma veía y experimentaba. ME PASABA EL DÍA TRATANDO DE DESCUBRIR QUÉ ESTABA HACIENDO MAL y cómo podía hacerlo bien. Para colmo, no recordaba las agresiones verbales de un incidente a otro. Nunca se producían por el mismo motivo; en realidad, solían producirse por el motivo contrario. No existía un patrón de conducta fácil de prever, de modo que VIVÍA SUMIDA EN EL DESCONCIERTO”.

Tras el ejercicio de sinceridad de la escritora, surge la pregunta de si ella finalmente acabará firmando con su nombre real algún día. “Estoy considerándolo, aunque no estoy segura de que sea necesario. El libro debe hablar por sí solo. Como cualquier símbolo que se convierte en un icono, la historia puede ser más potente si dejamos que represente a todas las mujeres, y no solo a mí”, señala. Toda una lección. FIN

Publicado en 20 minutos, https://blogs.20minutos.es/mas-de-la-mitad/

Y con ella, en entrevista, publicada unos días antes en Público, http://www.publico.es/sociedad/entrevista-rosalind-b-penfold-romance-ignoramos-alertas-abuso-entramos-negacion.html

ROSALIND B. PENFOLD:

 “Durante el romance ignoramos las alertas del abuso y entramos en la negación”

Quiéreme bien. Una historia de maltrato es una narración de un drama real y cotidiano protagonizado por la autora de esta peculiar novela gráfica durante diez años, los que vivió bajo violencia machista. Su historia es la de tantas mujeres, golpeadas, aterradas y con la autoestima destruida.

En poco más de 250 páginas que se leen sin levantarse de la silla y con el alma agarrotada, la autora, que firma como Rosalind B. Penfold, cuenta cómo una mujer fuerte y profesional cayó en el horror, en el consentimiento, en la culpa, en el perdón tras la bofetada, seguida de un beso, en la excusa del hogar y los hijos para aferrarse a él, al que ella consideraba el hombre perfecto, “su gran amor”. Las tiras, escritas por ella a modo de terapia, constituyen también una excelente retrato de la psicología del abusador, y son una invitación a todas las mujeres que podemos pasar por esa situación a salir y gritar “basta ya”.

En las páginas editadas por Astiberri, cuentas cómo te enamoraste de una locura que no era real, de una montaña rusa de emociones que te hacía sentir bien. ¿Es eso el amor romántico?

El amor romántico está aquí para quedarse, ¡es química! Porque si se basa en el respeto mutuo, la bondad y la confianza, es válido, puede profundizarse y ser duradero. El amor romántico no es el problema, pero sí las desilusiones que nos montamos entorno a él. En las primeras etapas, durante el romance, a menudo ignoramos las “advertencias” que señalan el abuso y entramos en la negación: ahí es donde empiezan los problemas.

¿Qué es el amor para ti?

El amor tiene muchas formas, pero nunca debería doler. Siempre debe incluir respeto, bondad y confianza. En mi caso, confundí la intensidad con la intimidad y me creía lo que quería escuchar y no lo que vivía. ¡Para mí, al final, fue una adicción!

¿Por qué las víctimas sienten vergüenza de serlo?

Resulta difícil admitir que estás en una relación abusiva y que sufres maltrato. Hay muchas razones para quedarse atrapada en ellos. Y una muy frecuente para es la financiera; o los hijos; o las amenazas. Y mientras se dan, seguimos esperando que las cosas mejoren. Pero cuanto más tiempo nos quedamos, más difícil es salir de ahí, porque nos sentimos humilladas y totalmente débiles. Entonces, hay que matar a la vergüenza, que nos impide pedir ayuda.

Muchas veces, cuando las mujeres víctimas de la violencia deciden hablar, vuelven a sufrir porque deben vivirlo una vez más. ¿Cómo podría evitarse esto?

 Toda violencia, ya sea emocional, sexual o física, causa trauma. Pero cuando esa violencia ocurre en tu casa es como vivir en una zona de guerra con bombas cayendo constantemente. Y lo peor es que quien se supone que debe amarte es el enemigo, vive contigo. Eso causa profundas cicatrices y una vez que sales, el síndrome de estrés postraumático dura mucho. El tiempo y la terapia ayudan, pero incluso después de muchos años, en mi caso ocurre que, a veces, cuando hablo de ello, mi corazón se acelera. Otras veces, por la ansiedad que me genera, mi recuerdos y memoria se congelan. No estoy segura de que eso pueda evitarse. La gente debe ser paciente y comprensiva con nosotras.

¿Por qué se cree que una mujer fuerte no sufrirá violencia?

La gente piensa que si eres una mujer fuerte, si te ocurre, te irás. En mi caso, yo creía que el hecho de ser fuerte, me protegería. Eso fue un error. Ahora sé que incluso las mujeres inteligentes y fuertes son vulnerables.

Tu madre te pregunta en un momento, tal y como reflejas en el libro: “¿Cómo has podido abandonarte?”

Sí, y esa es la pregunta clave. La respuesta es que una relación abusiva continua, te daña la autoestima y erosiona. Y eso pasa lenta y sutilmente hasta que ya no eres “tú misma”. Ese es el gran peligro.

¿Qué aprendiste de ese horror que viviste durante diez años?

Cuando miro hacia atrás me cuesta reconocer a esa mujer como a mí misma. Antes era fuerte, lo suficientemente fuerte como para sobrevivir, pero lamento haber perdido esos diez años. Obviamente, tenía cosas que aprender, ¡pero desearía haberlas aprendido de un libro! Lo bueno es que aprendí. Aprendí que si podía pasarme a mí, puede pasarle a cualquiera.

Por último, ¿algún día publicarás tu nombre y tu imagen?

Estoy considerándolo, aunque no estoy segura de que sea necesario. El libro debe hablar por sí solo. Como cualquier símbolo que se convierte en un icono, la historia puede ser más potente si dejamos que represente a todas las mujeres, y no solo a mí. FIN