Helena, una heroína del siglo XXI

Había una vez una mujer pegada a unos prismáticos y a un teléfono que siempre estaba mirando al mar. Se llama Helena, con H, como las míticas griegas cuyo nombre quiere decir: la «luz que brilla en la oscuridad». A ella, a quien también le va el nombre, le gusta, como a todos, mirar el mar: el horizonte, los colores del océano, las olas…

Pero en el caso de Helena, mirar el mar es algo necesario para salvar vidas. Helena se dedica a vigilar y avisar a las autoridades cuando ve una barcaza con migrantes que intentan cruzar los quince kilómetros del Estrecho de Gibraltar que separan África de Europa. El trayecto es peligroso y muchas veces las barcas no están preparadas para navegar, así que las personas que van a bordo corren peligro de ahogarse.

Así, cuando Helena avista alguna patera a la deriva con mujeres, hombres y niños que huyen del hambre, nuestra heroína rápidamente llama a las patrullas de salvamento marítimo para que los rescaten y los lleven a tierra, a salvo:

—Atención, ¡todas las unidades al rescate! he visto una embarcación repleta de personas a la deriva. Estas son sus coordenadas. ¡Corto y cambio!

Ilustración: Isabel Ramos

No obstante, un día, igual que el mar del que disfrutamos en verano de repente se pone bravo y se levantan olas y mareas gigantescas, la historia de esta defensora de los derechos humanos dio un giro difícil de explicar. La acusaron de asociación con malhechores y de favorecer la inmigración irregular. Es decir, que salvar vidas podía ser un delito y Helena podía acabar en la cárcel: ¡el mundo al revés!

Cuando los amigos de Helena, que eran los miles de personas que había rescatado del mar y sus familias, se enteraron de que estaba en problemas, se pusieron todos de acuerdo para defenderla. Gracias a Internet, en menos de dos días, más de 28.000 personas firmaron para que no la juzgasen.

Abdulay, un niño refugiado de once años al que ella ayudó, la llamó en medio de todo el lío:

—¿Cómo estás, tita? Quiero que sepas que todos somos Helena —le dijo.

—No tengo miedo. Tu mensaje hace que todo tenga más sentido para mí y me da fuerzas para continuar con mi trabajo: salvar vidas —sabemos que respondió ella.

El cuento de Helena no ha acabado aquí, y mientras la Justicia decide qué pasa con ella, más personas siguen firmando la petición de libertad para Helena.Si defender el derecho a la vida me lleva a la cárcel, allí estaré.

Y así es como la periodista Helena Maleno, con mucha valentía y amor a los demás, se ha convertido en la mayor defensora de los derechos humanos de los que intentan llegar a España por mar para buscar un futuro mejor. Es seguramente, la persona que más vidas ha salvado en el Estrecho de Gibraltar.

Helena maleno

Nacida en El Ejido, Almería, 1 de agosto de 1970, Helena Maleno es periodista, investigadora, documentalista y escritora pero, sobre todo, defensora de los Derechos Humanos. Afincada en Marruecos, es fundadora del colectivo Caminando Fronteras. El país en el que reside la acusa de un supuesto delito de tráfico de personas por las llamadas a Salvamento Marítimo con las que trata de alertar de vidas en peligro en el mar.

Esta es una de las historias del proyecto No me cuentes cuentos, un proyecto colectivo liderado por Kloshletter y Prodigioso Volcán que busca contar de otra forma la historia inspiradora de cien mujeres españolas con vidas apasionantes que, en muchos casos, han pasado desapercibidas. 

Refugiado se debería escribir con “a”, de mujer

De los 58,5 millones de personas que se ven forzadas a salir de sus países, más de la mitad son mujeres y sufren una violencia añadida solo por serlo.

Si el lenguaje hiciese justicia a lo que representa, este miércoles debería ser el Día de la Refugiada, porque de los 58,5 millones de personas que se ven forzadas a salir de sus países, más de la mitad son mujeres. Además, sufren una violencia añadida por una cuestión de género.

Y sí, las guerras son uno de los motivos para huir, pero no necesariamente. El norte de Centroamérica, por ejemplo, está considerado como una de las regiones sin guerra más peligrosas del mundo para ser mujer. El conocido Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y Salvador) presentan la mayor tasa del mundo de violencia sexual fuera de la pareja y la segunda mayor por parte de la pareja actual o pasada, denuncia el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. En esos países el feminicidio es ya una pandemia, según la Organización Mundial de la Salud.

Con motivo del Día Internacional de las Personas Refugiadas, que se celebra este miércoles, la Asociación de Mujeres de Guatemala (AMG) trajo este martes, al centro del debate público, la situación de las mujeres centroamericanas que deben huir de una de las zonas más violentas del planeta. Bajo el título De las violencias contra las mujeres en Guatemala y Centroamérica a la (Des)protección internacional, la organización buscaba recordar que la mayoría de las personas refugiadas en el mundo, casi 58 millones y medio, el 60%, son mujeres y subrayar cómo el derecho de asilo —según las leyes internacionales y europeas— es un mandato obligatorio para todas, hombres y mujeres en situación de riesgo real, ya sea por etnia, religión, persecución política o nacionalidad.

Y ser mujer en Centroamérica, tal y como constatan organizaciones como Acnur incrementa las posibilidades de ser víctima de algunas de las múltiples violencias que sacuden al continente. “En el Triángulo Norte de Centroamérica [Guatemala, Honduras y El Salvador] se sufre altos niveles de violencia provenientes de grupos delictivos organizados, incluyendo un aumento sin precedentes en los índices de homicidios, violencia sexual, desapariciones, reclutamiento forzado en las pandillas armadas y extorsión. Esta violencia afecta a una amplia variedad de personas incluyendo niños y niñas, mujeres, así como personas lesbianas, gais, bisexuales, transgénero e intersex (LGBTI)”, apuntaba la organización de Naciones Unidas en febrero de 2017. Corroboraban esa realidad las invitadas al encuentro auspiciado por el Ayuntamiento de Madrid, mujeres que tuvieron que abandonar sus países por su activismo u orientación sexual o defensoras de los derechos humanos amenazadas por su activismo y defensa de los derechos humanos.

Ser lesbiana fue el “delito” de Nuria Esther Landaverde, de El Salvador, víctima de torturas físicas y psicológicas por negarse a mantener una relación con el jefe de una de las maras de su ciudad. “Llegué a España en 2012 huyendo como si fuera una delincuente. Porque de repente, por el capricho de un hombre, un alto jefe de una banda criminal con más de 40 o 50 personas a su mando, tienes que salir huyendo de tu país. Y te toca irte porque te das cuenta que no tienes posibilidad de seguridad o protección. Atentaron contra mí (dispararon contra mi casa), me secuestraron… Cuando ocurrió intenté denunciarlo, pero nada. Nunca me tomaron declaración porque simplemente se pensaba que yo lo había provocado con mi negativa y tenía que hacer lo que él quería. Allí estamos expuestas a cualquier cosa. Nadie se preocupa por el colectivo LGTBI”, señalaba con la voz quebrada. Su asilo no fue fácil.

La guatemalteca Lolita Chávez, líder maya-kiché y refugiada dentro de un programa de acogida temporal en el País Vasco fue contundente al reclamar a Europa las responsabilidades por la situación de vulnerabilidad que viven sus comunidades por unos problemas creados aquí. “Es importante romper el silencio y hablar de las situaciones de desarraigo, de guerra y de renuncias a las que nos vemos forzadas a afrontar. Pero eso no pasa por casualidad. Ocurre porque hay una parte de la sociedad que ha colapsado por un enfoque individualista, racista, patriarcal y excluyente”, señaló. Chávez, amenazada de muerte y con un sinfín de reconocimientos a su labor en pro de los Derechos Humanos, también recordó la persecución que sufre por el hecho de ser mujer, porque la fuerza de las féminas es colectiva, un asuntó al que temen las políticas mundiales, afirmó.

Para Mercedes Hernández, organizadora del evento y directora de la Asociación de Mujeres de Guatemala, el motivo de centrar la jornada del martes de forma exclusiva en las mujeres se debe a la necesidad de recordar que en medio de la enorme crisis de las personas refugiadas en el mundo, la mayoría de quienes se ven forzadas a salir son mujeres. El foco en Centroamérica lo justifica por ser el lugar más violento del mundo para las mujeres, tanto cuantitativamente como cualitativamente.

En ese sentido, Acnur en un documento de 2015 titulado Mujeres a la huida reflejaba cómo las mujeres entrevistadas para el estudio indicaban que ellas y sus hijos se enfrentaban a niveles extremos de violencia casi cotidianamente. Describían ser violadas, asaltadas, extorsionadas y amenazadas por miembros de grupos armados criminales, incluidos pandillas y carteles de drogas. “El 85 por ciento de las mujeres señaló vivir en vecindarios que estaban bajo el control de maras (grupos armados criminales) u otros grupos criminales trasnacionales o locales. El 64 por ciento de las mujeres relató ser blanco de amenazas y ataques directos por parte de los integrantes de grupos armados criminales, y ese
fue uno de los principales motivos de su huida”, reza el documento.

as mujeres reportaron haber pagado tarifas elevadas a los traficantes y haber sido víctimas de la extorsión a lo largo del viaje, especialmente cerca de la frontera México/Estados Unidos. También denunciaban tomar anticonceptivos antes de viajar con el fin de reducir la posibilidad de quedar embarazadas en caso de ser violadas durante la huida. Es la normalización del abuso, que denunciaba Helena Maleno hace unos días en Público: “Denunciamos la situación de estas mujeres porque, aquí y en todo el mundo, no hemos sido consideradas ciudadanas de pleno derecho. Y con esta realidad, la que exponen estas mujeres, preguntamos: ¿para quién son esos Derechos Humanos? Porque nosotras no hemos accedido en muchas ocasiones a la condición de humanas. El Derecho es un instrumento enormemente patriarcal, misógino y racista erigido siempre desde el discurso de la neutralidad y la Justicia vista desde Occidente. Y neutralidad y Justicia no son sinónimos”, afirma Hernández.

Para ella, desde un punto de vista jurídico, uno de los problemas a los que se enfrenta cualquier refugiado es la falsa creencia, por parte de los países receptores, de que el asilo es un derecho concebido desde la gratitud de quien acoge y no como un derecho humano. “Entonces, cuando se suma que al hecho de tener que huir de tu país, eres mujer, de otra cultura y además pobre, se hace una enorme discriminación”, explica para acabar sentenciando que si los cadáveres que llegan a las costas de Europa tuviesen los ojos azules, el Mediterráneo no sería una fosa de muertos.

El encuentro también sirvió para denunciar casos como el de las 41 niñas calcinadas en un reformatorio estatal guatemalteco, víctimas de la desprotección del Estado. También se recordó a Berta Cáceres, la activista y ecologista asesinada en Honduras. Lo hizo su hija, mediante videoconferencia. La persecución sufrida por Teodora Vásquez, conocida como una de “las 17 de El Salvador”, mujeres criminalizadas y encarceladas por delitos de aborto fue otro de los temas tratados para visibilizar la persecución que sufren por defender los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

Y mientras que ellas y ellos huyen para salvar sus vidas, para no ser violadas ni torturadas, la Unión Europea se plantea la creación de centros para inmigrantes fuera de la UE que alojen a las miles de personas que a diario rescata en el mar.

Helena Maleno: “Las mujeres deben normalizar la violencia para sobrevivir”

La violencia sexual es el peaje que deben normalizar las mujeres migrantes para poder sobrevivir, explica la activista Helena Maleno. Es una de las conclusiones de la investigación que ha elaborado para Alianza para la Solidaridad sobre mujeres migrantes subsaharianas. La otra opción que tendrían es morir, señala. Son algunas de las terribles afirmaciones que se extraen del documento que se presenta hoy en Madrid. Está basado en los testimonios de cien mujeres que hablan de violaciones, pobreza y exclusión, multiplicadas por el “fatal” hecho de haber nacido mujeres.

¿Qué cuentan esos testimonios?

En sus discursos se encuentran y repiten unas situaciones de violencia brutal por el hecho de ser mujeres. Ellas cuentan que siguen sufriendo las mismas violencias estructurales que en sus países, pero que su viaje es más costoso, que “moverse” las expone a violencias vinculadas al género. Y además son negras, pobres y tienen otra religión. Con este trabajo buscábamos recoger la realidad de estas subsaharianas, invisibilizadas durante muchos años y reiterar que son personas, sujetas de derechos, que no deben ser miradas solo como víctimas.

¿De qué violencias hablan?

De violencia sexual, algo que les pasa a todas y que han normalizado. Y son violentadas por sus compañeros de viaje, por las fuerzas de seguridad, por los hombres de los países de acogida, por población civil… Son presa fácil: no pueden ir a una comisaría a denunciar, no tienen instrumentos de defensa, nadie las protege.
Otra cosa típica que les ocurre es que cuando están en el bosque y hay una redada, huyen de los militares, tras ellos entran los bandidos marroquíes. A ellos, a los hombres, les roban; a ellas las violan.

¿Les cuesta hablar y contarlo?

No. Bueno, conmigo no, pero también es cierto que yo tengo una relación especial con ellas. Cuando hice el informe estaba en medio de mi proceso judicial y sentíamos que teníamos una lucha en común, la defensa de los derechos humanos. Ellas hablaban conmigo en clave de estrategia, de empoderamiento, como para tomar fuerzas. Me explicaban que se lo contaban entre ellas porque ellas sabían lo que era aquello, porque habían sentido y sufrido lo mismo. De alguna forma, se hermanan y organizan redes de apoyo mutuo entre ellas. Y para defenderse, intentan ir en grupo, no salir a determinadas horas…

“A nosotras nos violan, eso es así. Pocas escapamos. También morimos más, de forma más fácil. En el desierto o en el agua. En cada cruce de frontera, si te quedas al borde del agua estás expuesta a más violencia por ser mujer. Cada hombre que ves, ya sea negro o blanco, bandido o militar, puede convertirse en un agresor. No puedes vivir con miedo porque te mueres, tienes que vivir sabiendo que tarde o temprano te va a pasar”, dicen las mujeres en el informe. Con esa realidad, ¿cuáles son sus estrategias de empoderamiento?

La primera es normalizar que te va a pasar. ¡Claro que te va a pasar: pagas con un dinero y tu cuerpo tu proyecto migratorio! Normalizarlo es apostar por tu proyecto y saber que te va a ocurrir para no enloquecer cuando te pase.

“Normalizar la violencia es una gran estrategia para no morirte”

¿Perdón?

Eso es supervivencia, porque si no mueres. El viaje es terrorífico. Cada vez, por ejemplo, por el hecho de que haya más controles, lo hace más duro, especialmente para las mujeres. Ellas se exponen a las violencias ligadas a la trata de personas y a ser explotadas durante el tránsito para poder llevar a cabo el viaje, por no hablar de los abusos y violaciones sistemáticos. Normalizar la violencia es una gran estrategia para no morirte.

¿Y una vez aquí? Porque el informe habla de ellas en territorio español y de sus condiciones en el servicio doméstico.

Sí. Hablan de esclavitud en el servicio doméstico y esclavitud sexual. Saben que están abocadas a un nicho laboral muy vinculado a su condición de mujeres. Y ahí otra estrategia es pensar: ‘vale, voy a ser explotada un tiempo, pero después podré tener un negocio y ser independiente’.  Algo muy curioso es cuando hablábamos con ellas de la necesidad de cuidarse a sí mismas. Para ellas, cuidarse es ser independientes.

La ruta del Estrecho parece haberse vuelto a abrir por la cantidad de muertos. ¿Qué hacemos? Porque no es una cuestión de condiciones meteorológicas.

Hay algo que ellas dicen que es la clave. Ellas repiten: ‘No tenemos derecho a migrar pero no tenemos derecho a no migrar’. No tienen derecho a no quedarse. Por eso no hay que hablar de efecto llamada, sino de efecto salida. No tienen opciones.

¿Qué le pediría al nuevo presidente en materia migratoria?

Lo primero que debe hacer, y a eso ya se comprometió, conmigo, directamente, por Twitter, es terminar con las devoluciones en caliente, en la valla y en el agua (donde hay muchas muertes calladas). Él dijo que iba a derogarlas. También es básico que anule la Ley mordaza, con la que se persigue a defensores.
Son muchos los debes. Debe escolarizar a los niños y niñas menores de Melilla, que son más de 120. Al igual que a los de Ceuta. Debe mejorar los centros de menores y tener otro tipo de prácticas con ellos: son nuestros niños, ¡están en el Estado español! Debe fomentar políticas no racistas y hacer que funcionen los filtros democráticos cuando ocurran cosas como la tragedia de Tarajal.
Con respecto a las políticas de acogida, debe poner recursos. Porque hoy quienes llegan se bajan de las pateras, duermen en las calles. El sistema de acogida debe ser verdadero.

Debe también reforzar el trabajo de salvamento marítimo, por encima del control de fronteras. Es básico: el derecho a la vida es sagrado y está por encima de todo, sobre todo en el mar. Hay que acabar con los años de propaganda racista que dice que las políticas migratorias nos defienden: en una democracia eso es un engaño para poder matarles y levantar muros. FIN

Publicado en Público