Jineth Bedoya: “Que por primera vez Colombia vaya a ser juzgada por crímenes de violencia sexual es un triunfo”

Jineth Bedoya, subdirectora del diario ‘El Tiempo’, compagina su labor de reportera con el activismo y es hoy una de las caras internacionales contra la violencia sexual contra las mujeres.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) juzgará al Estado de Colombia por el caso de la periodista colombiana Jineth Bedoya (Bogotá, 1974), secuestrada y violada hace 19 años cuando realizaba una investigación sobre el tráfico de armas en una cárcel de Bogotá.

Bedoya, subdirectora del diario El Tiempo, compagina su labor de reportera con el activismo y es hoy una de las caras internacionales contra la violencia sexual contra las mujeres. A pesar del horror que sufrió y de un posterior secuestro, sigue amenazada. Sus continuas denuncias la ponen en la diana y hoy vive y se mueve en su país con siete escoltas. Público habló con ella.

¿Qué supone que la Corte Interamericana de DDHH juzgue al Estado colombiano por su secuestro, torturas y violación?

Llegar a la Corte Interamericana para que el Estado colombiano sea juzgado por todo lo que me ocurrió el 25 de mayo del 2000 es un gran triunfo y es histórico para las mujeres en Colombia. Para las que hemos tenido que afrontar violencia sexual y para las mujeres periodistas que hemos vivido violencia de género ejerciendo nuestro trabajo en medio del conflicto armado.

Pero además es una luz muy grande de esperanza de que sí va a haber justicia y de que la verdad de no solo lo que me ocurrió a mí, sino lo que rodeaba en ese momento al país. Hablo de corrupción, del manejo por parte del narcotráfico, del paramilitarismo y de la guerrilla en una asociación ilegal con integrantes de la fuerza publica.

Es usted la primera víctima que lleva la violencia sexual en Colombia ante un Tribunal internacional.

“Soy la primera víctima que lleva la violencia sexual cometida en Colombia ante un tribunal internacional y esto es histórico”

Efectivamente soy la primera víctima que lleva la violencia sexual cometida en Colombia ante un tribunal internacional y esto es histórico. Por primera vez Colombia va a ser juzgada por crímenes de violencia sexual en el marco de un conflicto armado, un acto que es un crimen de guerra y de lesa humanidad. Y es importante porque en Colombia, el delito que más impunidad tiene es el de la violencia sexualdentro del conflicto armado, que llega al 98%. Se abre una puerta muy grande para se dé justicia en los tribunales internacionales.

¡Hablamos de unos hechos que ocurrieron hace casi 20 años! Sobre los que hay sentencia reciente para dos paramilitares, pero hay más… y mucha impunidad.

En mi caso hay tres personas que están condenadas de cerca de 27 que están mencionados en el proceso judicial. Los tres condenados son paramilitares. Son dos de los autores materiales y un tercero que permitió o facilitó que yo asistiera a una cita, una trampa, para que me secuestraran. Las dos últimas condenas salieron hace apenas dos meses.

Pero lo paradójico es que aunque están mencionados en el proceso, oficialmente, los actores intelectuales aún no han sido investigados ni judicializados. Y entre esos autores hay integrantes de la policía colombiana y del Ejército. Esa tal vez ha sido la mayor responsabilidad del Estado colombiano: no investigar esa línea.

El diario ‘Tiempo’ titulaba: “He sido la investigadora de mi propio crimen”. ¿A qué se refiere?

Cuando aseguró que yo he sido la investigadora de mi propio crimen es porque es así. Eso se lo manifesté en una carta a la Comisión Interamericana. Les decía que el Estado colombiano no tienen nada de lo que vanagloriarse ni atribuirse por haber logrado las únicas condenas que existen por el crimen del que fui víctima.

Yo fui la persona que durante estos 19 años recopiló todas las pruebas e hizo la investigación con el apoyo incansable de los abogados de la Fundación para la Libertad de prensa.

¿Ha sido la Justicia colombiana patriarcal con su caso? ¿Y con los casos de las otras tantas miles de mujeres víctimas de violencia sexual? 

Indudablemente sí. Sigo considerando que si no hubiese sido Jineth Bedoya, sino Pedro Pérez, a Pedro Pérez le habrían dado un tiro. A mí me tuvieron que torturar y violarme por el hecho de ser mujer, porque eso se sigue considerando como un escarmiento. Y en la Justicia no ha sido diferente: se manejó de una forma totalmente patriarcal. Tengo que mencionar los primeros años de investigación donde el propio fiscal argumentaba que si yo sabía que corría peligro yendo a hacer un trabajo periodístico a una cárcel, para qué lo hacía; que las mujeres no deberían hacer investigación a una cárcel. Se dijo que seguramente yo tenía alguna relación sentimental con algún guerrillero y que seguramente por eso habían organizado violarme. Se dijo que era muy difícil que todo lo que yo narraba de la violación pudiera ser cierto porque las mujeres en estado de emocionalidad perdemos el sentido y el raciocinio, y que por lo tanto no era tan creíble.

Y lo mismo durante las audiencias: se me revictimizó y me hicieron contar 12 veces mi violación, la última frente a mis verdugos.

¿Es posible dimensionar el número de mujeres que han sido víctimas de la violencia sexual durante la guerra en Colombia?

La Unidad de Víctimas dice tener 27.000 casos de violencia sexual registradospero mis investigaciones y las de otras organizaciones nos hablan de que pueden ser unas dos millones de mujeres violentadas sexualmente.

En mayo, el 25, se cumplirán 20 años de aquel crimen contra usted. Tengo entendido que quiere hacer ruido. ¿Qué está pensando?

Quiero sentar un precedente para la prensa internacional para las mujeres periodistas del mundo. Quiero organizar un acto de memoria que no se centre solo en Jineth Bedoya, sino en las mujeres periodistas de todo el mundo que tienen que afrontar su trabajo de una forma muy diferente a la de un hombre. Quiero hacer un homenaje a todas las mujeres corresponsales de guerra que han tenido que padecer abuso, acoso, violencia, estigmatización en medio de su trabajo. Porque eso fue lo que me ocurrió a mí. Es un día para recordarlas a todas. La violencia sexual es uno de los peores crímenes que existen en la humanidad.

Porque usted sigue con la campaña #NoEsHoraDeCallar para que las mujeres denuncien los abusos sexuales, ¿verdad?

Sí, porque cada vez que nos silenciamos, estamos beneficiando a nuestros verdugos; cada vez que guardamos silencio, le estamos dando el poder a quien nos violenta; cada vez que callamos frente a la violencia de género estamos empoderando a ese que nos hace daño. Hay que hablar. Levantar la voz, nos permite liberarnos y evitar que a alguien más le pase. Todos y todas tenemos que levantar la voz contra la violencia sexual. No denunciarla es ser cómplice de esa sedicia y esa barbarie que significa el abuso sexual. 

Publicado en https://www.publico.es/internacional/jineth-bedoya-primera-vez-colombia-juzgada-crimenes-violencia-sexual-triunfo.html

Anuncios

Laura Luelmo: Quiero a los hombres gritando de dolor

Desgraciadamente, a muchas personas no nos hace falta esperar a la autopsia para saber lo que ha pasado, y no estamos locas. Me basta, como a todas, la certeza de que la profesora Laura Luelmo está muerta. Su delito: ¿salir a correr, ser mujer? La han matado. Su cuerpo apareció semidesnudo y oculto entre unas matas. Todos sabemos lo que significa.

En mi vida, significa cosas muy concretas. Significa que debo seguir cogiendo las llaves con fuerza, cuando voy a casa por la noche. Quiere decir que si eres chica mejor no debes correr por la noche. Quiere decir que yo, como todas las mujeres, no soy libre de pasear, disfrutar, salir, correr y vivir.

Porque quiero democracia para todas, para la mitad de la población, quiero ver un #PorTodos (se lo he leído a Soledad Murillo, Secretaria de Igualdad): pedía la implicación de los hombres. Nosotras estamos casi todas: no podemos tolerar más que una chavala no pueda salir a correr a la calle por miedo a no volver.

Estamos desoladas, cabreadas, tristes, hartas: no soportamos una muerte más. El horror: las casi mil mujeres asesinadas en España y contabilizadas, el clamor de la desigualdad, el #MeToo y el feminismo nos están uniendo.

Ahora les toca a ustedes, señores. Quiero ver a todos mis amigos en las calles e indignados #PorTodos los hombres feministas que no toleran que la democracia solo la pueda disfrutar la mitad de la población. Quiero verlos llorar de dolor y desgarrados, con nosotras. Porque si no lo están, están contra nosotras.

Anhelo un país en el que cada vez más #PorTodos entiendan que nos agreden cuando creen que nos piropean, cuando se van de putas, cuando debemos volverles a explicar lo necesaria que es la paridad, la corresponsabilidad o una ley contra la violencia machista.

Señores, amigos, compañeros, griten #PorTodos los que entienden que si no sois feministas, sois machistas y lo peor: que el machismo mata. Por favor, no lo hagan por sus hijas o hermanas, si las tienen. No quiero escuchar eso de “si le pasa a alguien cercano… cojo un bate de béisbol”. No. Piensen en que la democracia no funciona si no es para todas (las personas). A Laura, un hijo de putero la ha matado porque la vio correr y pensó que tenía derecho sobre su cuerpo. A Laura la han asesinado por ser mujer.

#PorTodas, #PorTodos vomiten sobre quienes siguen diciendo que somos unas feminazis, que ya hay igualdad y que estamos locas. Locas de dolor, sí. Quiero pensar que vosotros también.

Publicado en 20 minutos, Más de la mitad

La invisibilidad oficial de la violencia sexual: ‘Ya es hora de que me creas’

La frase “No volvería a denunciar” fue la más repetida entre las múltiples mujeres entrevistadas para el informe Ya es hora de que me creas, publicado por Amnistía Internacional (AI) sobre violencia sexual contra las mujeres. A pesar de haber aumentado, España ocupa el puesto 25 de los 32 analizados en número de denuncias. El motivo para no acudir a las autoridades, según el director de la ONG, Esteban Beltrán, es que las mujeres no creen que sirva para nada. “No son creídas”, apuntó tajante.

El estudio denuncia que España lleva 30 años en los que las violencias son invisibles debido a la carencia de políticas públicas para luchar contra la violencia sexual. Para el responsable de AI, la violencia sexual en España fuera de la pareja o expareja es masiva e impacta en la vida de millones de mujeres en España y “es oficialmente invisible”.

Amnistía Internacional señala varias cuestiones que obstaculizan que las víctimas y supervivientes de la violencia machista denuncien y puedan gozar de sus derechos. Para empezar, subraya esa invisibilidad como un problema de base, tanto cuantitativo como cualificativo, e insiste en la inacción durante tres décadas de una política que no ha mirado y puesto remedio al horror que sufren el 13,7% de las mujeres españolas que reconocen haber sufrido violencia machista a lo largo de su vida, según la Macroencuesta de Violencia Contra la Mujer 2015.

Otro impedimento es, según el informe, la indefinición de una política pública común en todo el Estado. Asimismo, denuncia la falta de especialización del personal que atiende a las mujeres (policías, servicios médicos, jurídicos…), la necesidad de que exista una denuncia para que se garantice la intervención de personal forense y unos procesos judiciales que no resultan traumáticos para las víctimas, que vuelven a ser revictimizadas. “No puede ser que las víctimas tengan miedo de quienes deben protegerlas”, señaló la autora del informe, Bárbara Tardón.

Realizado durante este ejercicio, la investigación constata que no existen a nivel estatal campañas de información que aclaren qué hacer cuando la víctima ha sido violada o ha sufrido cualquier otro tipo de violencia sexual. La prueba es que el procedimiento que debe seguir una mujer es distinto según la comunidad en la que viva, si es que existe protocolo. Es lo que AI denomina “la lotería de las comunidades autónomas”. Otra forma de comprobarlo, señalaron, es lanzar la siguiente pregunta al aire: “¿Qué hay que hacer si te violan: primero al hospital (¿vale cualquiera?) o a una comisaría (¿vale cualquiera?)”. No hay cifras, defiende la ONG, que ofrezcan una dimensión real de la violencia sexual. Tampoco hay, subraya, recursos especializados.

A Blanca, por ejemplo, no la creyeron. Blanca estaba en la sala, no quiso ser fotografiada pero no tuvo reparos en contar el peregrinaje que tuvo que sufrir cuando la violaron, a pocos portales de su domicilio. En su caso, según llegó a su hogar, se lo contó a su madre y salieron juntas a una comisaría: no era la buena, la preparada con personal para atenderlas; de esa se fueron a otra –donde tras un interrogatorio de cinco horas–, no la creyeron. De allí partieron a un hospital, tampoco era el bueno. De allí, y en bus, se trasladaron a otro donde el forense seguía sin creerla… Pasaron casi 17 horas hasta que la atendieron y pudo volver a casa a bañarse y descansar. A Mónica Méndez, la madre de Raquel, una joven de 15 años que se suicidó víctima de acoso por Internet, tampoco la creyeron. O lo hicieron tarde, cuando la niña estaba muerta, explicó Méndez ante la prensa.

“La ropa, la hora, el alcohol, la raza, la etnia, la situación migratoria de la mujer… son todo estereotipos que siguen mermando la credibilidad de las mujeres y que está en la raíz del problema”, denunció Beltrán, un factor al que se suma la falta de formación del grupo de profesionales que atiende a las víctimas.

Seis medidas para garantizar los derechos de las mujeres

Para abordar la invisibilidad, el cuestionamiento y la desprotección de las víctimas de violencia sexual, Amnistía Internacional propone:

  • Recopilar datos que permitan dimensionar el problema para impulsar así políticas públicas, coordinadas con los gobiernos autonómicos, para la prevención, sensibilización, información, atención y reparación de las víctimas.
  • Crear servicios especializados como teléfonos disponibles las 24 horas del día, los 365 días del año, y garantizar la existencia de centros especializados en violencia sexual en todos los territorios del Estado español.
  • Revisar, actualizar y garantizar la aplicación el Protocolo Común para la Actuación Sanitaria ante la Violencia de Género, incluida la violencia sexual, de 2012.
  • Reformar el Código Penal en lo referente a todos los delitos sexuales, garantizando que se protege la autonomía sexual y el consentimiento libremente dado, de acuerdo con los estándares internacionales.
  • Facilitar asistencia letrada gratuita e inmediata a las víctimas, formar y sensibilizar a todos los operadores jurídicos en contacto con las víctimas. Se trata de adaptar las instancias judiciales para que sean espacios que garanticen la confidencialidad y seguridad de las víctimas y sus familiares.
  • Impulsar la reparación de las víctimas, no solo desde el punto de vista de una compensación económica, sino contemplando la restitución, rehabilitación, satisfacción y garantías de no repetición.

Para la realización del informe se ha analizado la respuesta de las autoridades y las instituciones españolas, se ha realizado 13 entrevistas individuales a mujeres víctimas y supervivientes de violencia sexual, además de otras 13 a familiares, que accedieron a hablar con la organización en nombre de las mujeres y adolescentes agredidas. Se hicieron también dos entrevistas grupales. Además, Amnistía Internacional se ha entrevistado con 13 ONG y con 57 profesionales (del mundo de la abogacía, psicología, sociología, psiquiatría, medicina y fiscalía, entre otros ámbitos).

Publicado en https://www.lamarea.com/2018/11/23/informe-subraya-desamparo-mujeres-ante-estado/

#PorTodas, por Carmen, por María, por Fátima, por mí…

No me quito de la cabeza un racimo de globos negros con los nombres de varias mujeres. Los llevaba una chica en la manifestación del 25 de noviembre. Era de noche, medio llovía y el nombre de Ana Hilda, escrito en morado en uno de ellos, me revolvió las tripas. ¿Quién era ella? ¿Tendría apellidos, quién la echará de menos? ¿Tendría madre, hijos…, qué les habrán dicho, que un salvaje, quizás su padre, la mató? ¿Sería de Alicante, de un pueblo de La Rioja, gallega, de un municipio grande, qué sabrán los políticos de sus municipios más allá de que se hizo un minuto de silencio? ¿Y la Justicia, y él? ¿Tendrán miedo sus vecinas de que pueda pasarles a ellas? No lo sé. Hoy Marta solo es un nombre pintado en un globo que en un rato se pinchará. Me niego a olvidarla.

Por eso estoy en la iniciativa que hemos llamado PorTodas, un proyecto de investigación periodística centrado en las 55 mujeres que, según reconocen los registros oficiales, fueron asesinadas en España en 2014. ¿Por qué? Porque nos están matando y sobre nosotras, sobre todas, cae una losa de olvido muy cómoda para todos: para mí también, que dejo el tema para más tarde, que me duele volver a desayunar con otra mujer asesinada, que no pregunto qué planes de prevención están ejecutando los gobiernos para que no asesinen a otra mujer la próxima semana y que no sé qué fue de ella.

No son ‘un breve’, ni ‘sucesos’, periodísticamente hablando: son 55 dramas reales y silenciados, los del 2014, un drama que se repitió el siguiente año, y el siguiente y el siguiente y este. Cada mujer asesinada es una historia que no podemos dejar reducida a un globo negro en una manifestación. Cada mujer asesinada por violencia machista es la historia del fracaso de una sociedad que no nos considera. Y digo ‘nos’ de forma intencionada, porque el desprecio a sus vidas es el desprecio a todas.

Queremos saber, queremos contar, qué ocurrió con esas 55 mujeres que corrieron el mismo destino que Ana Hilda y responder qué sucedió después. Hay muchos interrogantes que deben ser resueltos para que el año que viene no volvamos a repetir el número de mujeres asesinadas: ¿recibieron las hijas y los hijos de la víctima algún tipo de ayuda? ¿Aumentó el Ayuntamiento el presupuesto en cuanto a prevención de las violencias machistas? ¿Qué condena recibió el asesino? Para ello, un grupo de periodistas con experiencia, dirigidas por Magda Bandera desde el periódico independiente La Marea, publicaremos reportajes que ayuden a exigir responsabilidades a las administraciones y recogeremos ejemplos positivos que inspiren a distintos colectivos a avanzar en la lucha contra la violencia machista.

Eso sí, #PorTodas solo será posible con la implicación de muchas personas en esta iniciativa que no tiene una empresa detrás, sino la voluntad de un grupo de periodistas por cambiar las cosas y hacer periodismo de investigación con vocación de servicio público.

Si quieres saber qué pasó con Marta, con Raquel, María, con Carmen… el periodismo tiene que hacer su trabajo, y tú puedes hacerlo posible: participa #PorTodas

Nosotras corremos. Por la resistencia y por una nueva forma de conjugar

Leo en un tweet: “Según Salvamento Marítimo TODAS las mujeres del Aquarius han sufrido violencia sexual”. Unos días antes, y también relacionado con el drama de las personas que huyen de su país para no morir, la activista Helena Maleno afirmaba en una entrevista que las mujeres, para llegar aquí, deben normalizar la violencia. Contaba que es una cuestión de supervivencia, porque si no lo haces, te mueres. “Se exponen a las violencias ligadas a la trata de personas y a ser explotadas durante el tránsito para poder llevar a cabo el viaje, por no hablar de los abusos y violaciones sistemáticas. Normalizar la violencia es una gran estrategia para no morirte”. Lolita, una Berta Cáceres de Guatemala, una defensora de los derechos humanos que tuvo que huir de su país para que no la matasen dice que quiere vivir y que no nació para ser ni violada ni asesinada. Porque el norte de Centroamérica, lo denuncia Naciones Unidas, está considerado como una de las regiones sin guerra más peligrosas del mundo para ser mujer.

Pero ojo, no hace falta irse lejos, el caluroso 19 de junio cerrábamos la jornada en España con el asesinato de tres mujeres por terrorismo machista. Al día siguiente, hubo otra más. Cuatro mujeres menos a seguir. Cuatro mujeres asesinadas por el mero hecho de haber nacido mujer. El día que empecemos a contar este drama con la misma seriedad que tratamos otros terrorismos la historia empezará a cambiar.

Pero para eso hace falta cambiar la forma de contar y mirar. Lo primero está muy relacionado con el lenguaje y con la visibilización de las mujeres en todas las esferas. Para modificar la mirada hay que aprender a pensar las cosas desde otra perspectiva, la que se empieza a ver si uno se coloca las gafas violetas. No es fácil: las transformaciones nunca lo han sido.

Lo interesante es que se ha roto el tarro y el sentir de las mujeres en la lucha por nuestros legítimos derechos, aquí y allá, es imparable; es global y es local. “El mundo, el de las mujeres, llevaba un tiempo despertando de una calma chicha que había durado demasiado. Y crujía por todas partes. Cada movimiento encontraba cada vez más réplicas y más rápidas, más sonoras; cada una rompía en mayor o menor escala con un prejuicio, una cifra, una tradición, una orden”, explica la periodista Isabel Valdés en su libro Violadas o muertas, un alegato contra todas las ‘manadas’. La calle no callará más: ahí estamos nosotras. Se vio el 8M, porque al día siguiente amanecimos con el asombro de una parte de una sociedad que por fin se plantea que debamos hablar de consejo de ministras, si somos más. Un mundo donde banqueras como Ana Botín confesaba hace unas semanas que sí es feminista, algo, decía en la entrevista, que no hubiese afirmado hace diez años.

Sigo feliz tras la lección de la hija de un amigo. Con 8 años le pidieron que conjugase el verbo correr en presente de indicativo. “Yo corro/ tú corres / ella corre / nosotras corremos / vosotras corréis / ellas corren”, dijo. Sin darse cuenta, la pequeña ya ha hecho suyo que lo personal es político. Yo corro con ella para buscar las conexiones entre la experiencia personal y las grandes estructuras sociales y políticas, así se cambia el mundo.

Este artículo de opinión se publicó primero en el nº5 de la revista Más Mujeres a Seguir (MAS), edición en papel y en el newsletter: Newsletter MAS

Perspectiva de género, también en las fiestas

‘A pocos días del primer txupinazo del que van a poder disfrutar el asesino de Nagore Laffage y los violadores de La Manada, aparecen muchas iniciativas para demostrar la indignación de las mujeres. Que no vayamos, por ejemplo. O que vayamos de negro’,decía hace apenas unos días en Vice la activista y feminista vasca Irantzu Varela. Ella está en totalmente desacuerdo: ella aboga por contar con el legítimo derecho de salir.

Porque sí, estamos indignadas, estamos hartas de la violencia, pero ante todo, la consigna de las feministas navarras y de todo el mundo es clara: la calle y la noche son nuestras también (faltaba más) y nadie nos puede arrebatar el derecho de disfrutar una fiestas, de emborracharnos, de ponernos una camiseta o de quitárnosla.

 

Ante esa máxima, importa poco el color de la camiseta, pero ojo, las navarras, que son las que llevan allí luchando durante décadas por tener unas fiestas sin violencias sexuales hacia las mujeres, quieren seguir portando la camiseta blanca, la oficial. La negra, comentan, supone luto y ellas, en sanfermines, quieren reír, bailar y gozar.

Porque estamos hartas de que a la mitad de la población le haya tocado el placer y a la otra media el complacer’, señalaba estos días la feminista Teresa Saez Barrao en Pamplona. Ellas, las pamplonicas, llevarán una chapa roja que dice “no a la violencia” y un pañuelo violeta. Eso sí, les parece estupendo que el resto de mujeres se vista de negro ese día 6.

Porque lo que hay que cambiar es “la cultura de la violación”, esa terrible idea que marca los espacios para que no seamos libres de hacer lo que queramos: de divertirnos. Las feministas rechazamos de la manera más contundente esa creencia de que si sales, te besas con alguien o vistes así, te puede ocurrir. Tampoco la ebriedad justifica nada; ni es un atenuante en ellos, como dijo la justicia en el asesinato de Nagore Laffage a manos de José Diego Yllanes, un hecho calificado de homicidio por un jurado popular.

Lo que sí debe hacer la Justicia es escucharnos, porque esa justicia patriarcal alienta a las manadas y perpetúa la violencia.

Lo que sí debe hacer la ciudadanía es salir a la calle para denunciar que nos tocan, nos violan y abusan porque nos consideran objetos sexuales.

Lo que sí debemos hacer es contarlo y acudir a las instituciones (en Pamplona, desde el caso de La Manada se han incrementado en porcentajes superiores al 20%. Y no es que ocurra más, es que se cuenta más).

Lo que sí hay que hacer es pedir a las autoridades que pongan medios y recursos para evitar esas violencias. Por una parte, medidas previas, educación y concienciación sobre esas múltiples y cotidianas violencias contras las mujeres. Y por la otra, perspectiva de género, también en las fiestas, y en la hora de planificar una ciudad con rutas de transporte nocturnas, iluminación, puestos de seguridad…

Hermanas, si nos tocan a una, nos tocan a todas. Hermanos, despertad y apoyadnos en estas y en todas las fiestas, la calle también es nuestra. Y ahora: ¡Viva San Fermín!

Publicado en Más de la mitad, blog de 20 minutos

“La calle y la noche también son nuestras”

Esta semana, el 7 de julio, se cumplirán diez años del asesinato de Nagore Lafagge en el primer día de los sanfermines. Decir “no” a tener relaciones sexuales le costó la vida. La Justicia lo calificó de homicidio; el movimiento feminista, de asesinato. La asociación Andrea Lunes Lilas, que nació esos días, sale desde entonces todos los lunes a la plaza más céntrica de Pamplona, La del Castillo, para recordarla y gritar todos los nombres de las mujeres asesinadas por el terrorismo machista. Mañana será homenajeada en Pamplona. Teresa Saez Barrao, una de las fundadoras del movimiento, habla de las próximas fiestas de San Fermín, de La Manada y del evento que mañana se rendirá en nombre de Nagore.

El asesinato de Nagore marcó un antes y un después en cuanto a la movilización de la gente, pero nada comparado con el de La Manada. ¿Qué ha pasado? ¿Ha cambiado el contexto?

Sí, hace diez años al movimiento feminista le faltaba la comprensión y participación de la ciudadanía. Fíjate que el caso de Nagore no fue ni calificado de asesinato. Se entendió que fue un homicidio. Se justificó la confesión del delito, que él estaba borracho, la reparación del daño, el arrebato de él…

Eso es lo que el movimiento feminista califica como “cultura de la violación”. Es decir, que si no te dejas la piel en defenderte, si estás borracha, si te has besado con el agresor… te lo mereces.

Exacto. Esa cultura de la violación es la que habla de marcarnos espacios para que no seamos libres de hacer lo que queramos. De alguna forma te dicen, si sales y vistes así, te puede ocurrir. Hay que repetir que la calle y las fiestas también son nuestras. Tenemos ese derecho, y eso implica derecho a una seguridad, a unos recursos y una legalidad.

Y eso es lo que venimos trabajando en Navarra desde hace años. Hemos tocado el transporte (con rutas nocturnas que antes no había), la iluminación, puestos de seguridad… Antes nadie miraba las fiestas con perspectiva de género y es absolutamente necesario.

También pareciese que antes, hace años, no se daban esas escenas de agresión, esas imágenes durante el chupinazo de hombres levantando las camisetas y tocando las tetas a mujeres. ¿Es así?

Las agresiones han ocurrido siempre, aquí, en Málaga, en Helsinki y en Castilla – La Mancha. Lo que pasa es que antes la fiesta no era nuestra: estamos pagando el precio de la libertad, con camiseta –y en medio de la fiesta– o sin ella; bebidas o no. Hemos irrumpido en esos espacios y nos agreden. A esas pandas de machirulos no les gusta que estemos.

Hay distintas posiciones por parte del movimiento feminista sobre las fiestas que empiezan el sábado: algunas hablan de boicot, otras de cambiar la camiseta blanca por una negra, otras por llevar un pañuelo morado, en vez del típico rojo…

Nosotras lo tenemos muy claro, si quieres y te apetece, hay que venir a sanfermines. La noche y la fiesta también son nuestras. Los que deben abstenerse son los machirulos. Y respecto a cómo venir, todas iniciativas nos parecen bien. Nosotras, por nuestra parte, vamos a llevar una chapa roja que dice “Stop a la violencia de género” y el pañuelo será morado.

No compartimos el mensaje de no venir. No tenemos que renunciar a la fiesta. Lo que hay que hacer es poner medidas contra las agresiones sexistas, como lo viene haciendo Navarra desde hace años. Porque aquí y en todas partes, nos agreden, y eso hay que contarlo y poner las medidas y la cabeza para cambiarlo. No puede ser que seamos objetos sexuales; somos seres sujetas de Derecho, en fiestas y sin ellas.

Sí, hay avances y Navarra ha sido pionera en muchos de ellos, pero luego nos encontramos con sentencias como la de La Manada, acusada solo de abusos sexuales, para indignación del movimiento feminista.

Sí. Es la violación institucional. La Justicia es una de las instituciones que más alejada está de la ciudadanía. Pero aquí quiero poner en valor los cambios que se están dando: de los tres magistrados que decretaron la libertad condicional de ellos, uno estaba con nosotras. Y también lo está la Fiscalía y otros jueces y juezas.

Pero sí, falta formación en género para quienes juzgan, para quienes valoran, para los jurados populares, etcétera. Además, hay que avanzar para que el código penal asegure recursos para las víctimas, para que haya una ley específica de violencia sexual.

¿Qué vais a reivindicar este lunes?

A las 19 horas y en la Plaza del Castillo, vamos a decir: en tu ausencia, Nagore, y diez años después, seguimos diciendo que te asesinaron y cada vez somos más. Vamos a gritar también que merece la pena ser constantes y fuertes. Queremos remarcar también la importancia de tener al movimiento detrás. La unión hace la fuerza.

¿Qué le dirías a la víctima de La Manada?

Le diría gracias por ser tan valiente a pesar de todas las dificultades del proceso. Le diría gracias por dejarnos poner su voz para gritar “basta”. Gracias por reconocer que nos has dejado tu testimonio. Gracias, hermana, porque tu valentía nos ha servido a todas nosotras, a las que hemos sido violadas y las que no. Gracias porque has demostrado que se puede decir “no” a esa justicia patriarcal. Gracias.

Culpable: el asesino. La culpa no está en decir “no”

Hace ahora diez años, en los sanfermines de José Diego Yllanes Vizcay asesinó a Nagore Laffage. Él tenía 27 años y era licenciado en Medicina. Ella tenía 20 años y era enfermera. Trabajaban juntos y se encontraron en las calles de Pamplona. Ambos estaban presuntamente ebrios. Él la llevó a su piso y cuando ella se negó a tener relaciones sexuales, Yllanes le rompió la ropa, la violó y la mató a golpes. La autopsia halló hasta 38 heridas en su cuerpo.

Tal y como dice la ley, después de cumplir poco más de nueve años de cárcel, el homicida confeso de Nagore Laffage disfruta de un régimen de semilibertad. A finales del año pasado, en plena tormenta mediática sobre el caso de ‘La Manada’, se supo que Diego Yllanes sólo iba a dormir a la cárcel y trabajaba en un clínica psiquiátrica privada durante sus permisos. Esta información desató la indignación de las redes sociales. La fotografía del autor del asesinato de Nagore desapareció de la página web del centro clínico y, poco después, Yllanes dejó de colaborar con la clínica. FIN

Publicado en Público

Un alegato para abrir los ojos contra la violación

Esto va solo de abrir los ojos. Abrir los ojos y ver esa fina pero penetrante capa que lo cubre todo y subyace todo. Y precisamente porque está en todas partes, para quien no quiere verla, no está en ninguna”, escribe la periodista Isabel Valdés en Violadas o muertas, de Península breve. El libro se define como un alegato contra todas las “manadas y sus cómplices” y está escrito con rabia. Con la rabia que la reportera ha recogido en la calle de las miles y miles de mujeres indignadas con la sentencia de La Manada primero, y la puesta en libertad de los cinco hombres que metieron a una chica de 18 años en un portal y la penetraron anal, bucal y vaginalmente.

“Las bromas que generaban los vídeos y las fotografías de La Manada también sirven para explicar la complicidad o la connivencia (o ambas) que la cultura de la violación (en cualquiera de sus estadios) necesita para seguir rampante y campante. Por este motivo, esto iba a abrir los ojos y darnos cuenta de cómo nace, se construye, se extiende y se mantiene. Ellos porque son criados con el rol activo en la barbarie. Nosotras porque lo somos en el pasivo. Todos engordados y malnutridos con la misma burda mentira del patriarcado”, espeta la reportera de El País en las páginas del volumen que ahora sale a la venta. Interrogada sobre la supuesta neutralidad que corresponde a su oficio, la periodista asevera que hay temas donde no cabe la distancia. “Nunca podríamos ser neutrales con un nazi o un pederasta. Hay temas donde los medios debemos posicionarnos a favor de la igualdad y en contra de la violencia. No hay más”.

Portada del libro, Violadas o Muertas

Portada del libro, Violadas o Muertas

La narración es trepidante y está estructurada por unos capítulos tan angustiosos como los que debió padecer esa joven “cuando le jodieron la vida”, dice la escritora en el primer capítulo del libro. Se titula “37 minutos” y su lectura duele: narra de una manera fría y quirújica ese lapso de tiempo en que la introdujeron el portal pamplonica para vejarla, grabarla, robarla y humillarla. A continuación, en “Once horas y cuarenta y cinco minutos”, se relatan dos mundos, el de ellos, reflejado en los mensajes en los que se jalean y celebran haberse follado entre cinco a una mujer y el de ella, “abatida” y absolutamente confusa, en shock, tanto como para ni saber si la habían penetrado cuatro o cinco hombres. En ese tiempo ella fue asistida por médicos, especialistas y declaró. En ese tiempo, ellos –esos “hijos sanos del patriarcado”, como los define la autora, fueron cercados. Su fiesta empezaba a cambiar de tono.

Y tras esa importante y valiente denuncia de la víctima, un acto que puede haber provocado un antes y un después de la sociedad española ante las violencias machistas, Isabel Valdés da un tiempo al lector para subrayar que no habla de un caso aislado y resaltar que en España se denuncia una violación cada ocho horas. Aprovecha también para dedicar unas líneas a las muchas violencias contra las mujeres: malos tratos, matrimonios forzados, desigualdad salarial… y al hartazgo de las féminas contra esas violencias. “El mundo, el de las mujeres, llevaba un tiempo despertando de una calma chicha que había durado demasiado. Y crujía por todas partes… La Manada puso la realidad ante las narices de todos”, apunta la periodista que habla de este momento como “el fin del silencio”.

Recuerda también a Nagore Laffagge, otra joven violada en San Fermines en 2008. En su caso, opuso resistencia. La mataron. Sería lo que la periodista y escritora define como una “violada ideal”, porque calla, porque ya no puede hablar. Ese concepto hace alusión también a las actitudes por las que se juzgó a la víctima antes, durante y después, lo que ha venido haciendo la justicia patriarcal. Es decir, en el previo: ojo con las miradas, las minifaldas, un tacón demasiado alto o el estado de embriaguez; si te ocurre: grita y di “no” de una forma rotunda, no importa cuántos sean, que te estén intimidando o su edad… Araña, grita, pelea, déjate la piel… Y por último: si has sido violada, denuncia inmediatamente y “llora, adelgaza 15 kilos o engorda 20, deja el instituto, la universidad, el posgrado o el doctorado si estás estudiando, el trabajo en caso de que te hayas incorporado a la vida laboral; si tomas la temeraria decisión de seguir con esas rutinas, hazlo bajo los criterios del duelo de los años cincuenta”, apunta el texto.

“Nuestra revolución camina, a ratos lenta y a ratos desbocada, pero blindada, en bloque sin repliegues. Es imparable”

El libro que Isabel Valdés define como “de urgencia” termina con un capítulo que la autora ha titulado “Bienvenidas a la resistencia”. En él, Valdés narra el jueves 26 de marzo de 2018, el día que se leyó la sentencia, una de las más esperadas, más polémicas y con mayor agitación de la historia de la democracia española, una jornada que venía precedida de un 8M que hizo historia en España por la movilización de las mujeres en las calles, un hecho que saltó a las portadas de todo el mundo.

“Nosotras esperábamos… Esperábamos que la justicia creyese y compartiese, que se hubiese metido en nuestra piel…”, asevera la periodista para intentar entender aquel veredicto que solo hablaba y penaba por abuso a aquella barbarie. “De fondo latía la percepción, también distinta, sobre cuándo, cuánto y cómo nos sentimos intimidadas o violentadas… Porque esto va de poder. El suyo…”, prosigue para cerrar con la sensación que arde estos días en las calles, un alegato –el del feminismo- contra todas las manadas, la de una revolución que no tiene vuelta atrás. “No vamos a ceder espacio. Ya no. Nuestra revolución camina, a ratos lenta y a ratos desbocada, pero blindada, en bloque sin repliegues. Es imparable”, concluye la reportera.

El libro cuenta además con un prólogo de la abogada Cristina Almeida y un epílogo de Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid, que cierra el volumen con un “ojalá algún día podamos afirmar que la ley emana realmente del pueblo”.

Publicado en Público

Refugiado se debería escribir con “a”, de mujer

De los 58,5 millones de personas que se ven forzadas a salir de sus países, más de la mitad son mujeres y sufren una violencia añadida solo por serlo.

Si el lenguaje hiciese justicia a lo que representa, este miércoles debería ser el Día de la Refugiada, porque de los 58,5 millones de personas que se ven forzadas a salir de sus países, más de la mitad son mujeres. Además, sufren una violencia añadida por una cuestión de género.

Y sí, las guerras son uno de los motivos para huir, pero no necesariamente. El norte de Centroamérica, por ejemplo, está considerado como una de las regiones sin guerra más peligrosas del mundo para ser mujer. El conocido Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y Salvador) presentan la mayor tasa del mundo de violencia sexual fuera de la pareja y la segunda mayor por parte de la pareja actual o pasada, denuncia el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. En esos países el feminicidio es ya una pandemia, según la Organización Mundial de la Salud.

Con motivo del Día Internacional de las Personas Refugiadas, que se celebra este miércoles, la Asociación de Mujeres de Guatemala (AMG) trajo este martes, al centro del debate público, la situación de las mujeres centroamericanas que deben huir de una de las zonas más violentas del planeta. Bajo el título De las violencias contra las mujeres en Guatemala y Centroamérica a la (Des)protección internacional, la organización buscaba recordar que la mayoría de las personas refugiadas en el mundo, casi 58 millones y medio, el 60%, son mujeres y subrayar cómo el derecho de asilo —según las leyes internacionales y europeas— es un mandato obligatorio para todas, hombres y mujeres en situación de riesgo real, ya sea por etnia, religión, persecución política o nacionalidad.

Y ser mujer en Centroamérica, tal y como constatan organizaciones como Acnur incrementa las posibilidades de ser víctima de algunas de las múltiples violencias que sacuden al continente. “En el Triángulo Norte de Centroamérica [Guatemala, Honduras y El Salvador] se sufre altos niveles de violencia provenientes de grupos delictivos organizados, incluyendo un aumento sin precedentes en los índices de homicidios, violencia sexual, desapariciones, reclutamiento forzado en las pandillas armadas y extorsión. Esta violencia afecta a una amplia variedad de personas incluyendo niños y niñas, mujeres, así como personas lesbianas, gais, bisexuales, transgénero e intersex (LGBTI)”, apuntaba la organización de Naciones Unidas en febrero de 2017. Corroboraban esa realidad las invitadas al encuentro auspiciado por el Ayuntamiento de Madrid, mujeres que tuvieron que abandonar sus países por su activismo u orientación sexual o defensoras de los derechos humanos amenazadas por su activismo y defensa de los derechos humanos.

Ser lesbiana fue el “delito” de Nuria Esther Landaverde, de El Salvador, víctima de torturas físicas y psicológicas por negarse a mantener una relación con el jefe de una de las maras de su ciudad. “Llegué a España en 2012 huyendo como si fuera una delincuente. Porque de repente, por el capricho de un hombre, un alto jefe de una banda criminal con más de 40 o 50 personas a su mando, tienes que salir huyendo de tu país. Y te toca irte porque te das cuenta que no tienes posibilidad de seguridad o protección. Atentaron contra mí (dispararon contra mi casa), me secuestraron… Cuando ocurrió intenté denunciarlo, pero nada. Nunca me tomaron declaración porque simplemente se pensaba que yo lo había provocado con mi negativa y tenía que hacer lo que él quería. Allí estamos expuestas a cualquier cosa. Nadie se preocupa por el colectivo LGTBI”, señalaba con la voz quebrada. Su asilo no fue fácil.

La guatemalteca Lolita Chávez, líder maya-kiché y refugiada dentro de un programa de acogida temporal en el País Vasco fue contundente al reclamar a Europa las responsabilidades por la situación de vulnerabilidad que viven sus comunidades por unos problemas creados aquí. “Es importante romper el silencio y hablar de las situaciones de desarraigo, de guerra y de renuncias a las que nos vemos forzadas a afrontar. Pero eso no pasa por casualidad. Ocurre porque hay una parte de la sociedad que ha colapsado por un enfoque individualista, racista, patriarcal y excluyente”, señaló. Chávez, amenazada de muerte y con un sinfín de reconocimientos a su labor en pro de los Derechos Humanos, también recordó la persecución que sufre por el hecho de ser mujer, porque la fuerza de las féminas es colectiva, un asuntó al que temen las políticas mundiales, afirmó.

Para Mercedes Hernández, organizadora del evento y directora de la Asociación de Mujeres de Guatemala, el motivo de centrar la jornada del martes de forma exclusiva en las mujeres se debe a la necesidad de recordar que en medio de la enorme crisis de las personas refugiadas en el mundo, la mayoría de quienes se ven forzadas a salir son mujeres. El foco en Centroamérica lo justifica por ser el lugar más violento del mundo para las mujeres, tanto cuantitativamente como cualitativamente.

En ese sentido, Acnur en un documento de 2015 titulado Mujeres a la huida reflejaba cómo las mujeres entrevistadas para el estudio indicaban que ellas y sus hijos se enfrentaban a niveles extremos de violencia casi cotidianamente. Describían ser violadas, asaltadas, extorsionadas y amenazadas por miembros de grupos armados criminales, incluidos pandillas y carteles de drogas. “El 85 por ciento de las mujeres señaló vivir en vecindarios que estaban bajo el control de maras (grupos armados criminales) u otros grupos criminales trasnacionales o locales. El 64 por ciento de las mujeres relató ser blanco de amenazas y ataques directos por parte de los integrantes de grupos armados criminales, y ese
fue uno de los principales motivos de su huida”, reza el documento.

as mujeres reportaron haber pagado tarifas elevadas a los traficantes y haber sido víctimas de la extorsión a lo largo del viaje, especialmente cerca de la frontera México/Estados Unidos. También denunciaban tomar anticonceptivos antes de viajar con el fin de reducir la posibilidad de quedar embarazadas en caso de ser violadas durante la huida. Es la normalización del abuso, que denunciaba Helena Maleno hace unos días en Público: “Denunciamos la situación de estas mujeres porque, aquí y en todo el mundo, no hemos sido consideradas ciudadanas de pleno derecho. Y con esta realidad, la que exponen estas mujeres, preguntamos: ¿para quién son esos Derechos Humanos? Porque nosotras no hemos accedido en muchas ocasiones a la condición de humanas. El Derecho es un instrumento enormemente patriarcal, misógino y racista erigido siempre desde el discurso de la neutralidad y la Justicia vista desde Occidente. Y neutralidad y Justicia no son sinónimos”, afirma Hernández.

Para ella, desde un punto de vista jurídico, uno de los problemas a los que se enfrenta cualquier refugiado es la falsa creencia, por parte de los países receptores, de que el asilo es un derecho concebido desde la gratitud de quien acoge y no como un derecho humano. “Entonces, cuando se suma que al hecho de tener que huir de tu país, eres mujer, de otra cultura y además pobre, se hace una enorme discriminación”, explica para acabar sentenciando que si los cadáveres que llegan a las costas de Europa tuviesen los ojos azules, el Mediterráneo no sería una fosa de muertos.

El encuentro también sirvió para denunciar casos como el de las 41 niñas calcinadas en un reformatorio estatal guatemalteco, víctimas de la desprotección del Estado. También se recordó a Berta Cáceres, la activista y ecologista asesinada en Honduras. Lo hizo su hija, mediante videoconferencia. La persecución sufrida por Teodora Vásquez, conocida como una de “las 17 de El Salvador”, mujeres criminalizadas y encarceladas por delitos de aborto fue otro de los temas tratados para visibilizar la persecución que sufren por defender los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

Y mientras que ellas y ellos huyen para salvar sus vidas, para no ser violadas ni torturadas, la Unión Europea se plantea la creación de centros para inmigrantes fuera de la UE que alojen a las miles de personas que a diario rescata en el mar.