KAJSA EKIS EKMAN: “Me niego a distinguir entre trata y prostitución como si hubiese putas e inocentes”

De gira por España, la periodista y activista Kajsa Ekis Ekman asevera que no entiende cómo se sigue discutiendo sobre la abolición de la prostitución. Para ella, es una cuestión de vida o muerte, la de las mujeres prostituidas.

Madrid, 28/10.- Kajsa Ekis Ekman (Estocolmo, 1980) es periodista, activista y una de las voces más reconocidas por la abolición de la prostitución. Conoce de lo que habla. Para escribir El ser y la mercancía, editado por Bellaterra Ediciones, se pasó dos años recorriendo Europa investigando el negocio, sus sindicatos, los lobbies que lo defienden y el testimonio de las mujeres prostituidas. Esta semana ha estado en España invitada por Feminicidio.net para hacer campaña pro abolición y señalar la prostitución y el negocio de los vientres de alquiler como los más abominables del capitalismo.

La escritora sueca aprovechó también para verse con los partidos políticos. Ekis Ekman, que habla un perfecto español, cuida el lenguaje. Por eso seguro prefiere referirse a las mujeres que ejercen la prostitución como prostituidas y celebra el término hijo de putero, en vez del clásico español. A ellos, quienes hacen posible el negocio, los denomina directamente compradores.

Las preguntas personales se suelen dejar para el final, pero me resulta difícil hacerlo, especialmente para alguien que habla tanto de lo nocivo que ha sido para las mujeres separar los conceptos cuerpo y alma. ¿Cómo se siente tras dos años metida en las tripas y el negocio de la prostitución?

Bueno. Son más de dos años. Salí del libro, estuve 3 años escribiendo sobre la crisis económica en Grecia y volví al tema de prostitución. Es duro, sí, pero también es muy enriquecedor en cuanto a la comprensión del fenómeno. Quería entender los discursos no abolicionistas que escuchamos sobre la prostitución.

Pero esos discursos se mantienen. Una parte argumenta que la prostitución es el oficio más antiguo del mundo y otra defiende la libertad de ejercerla.

Eso es lo interesante. Porque por el trabajo del lobby del sexo el discurso es el que tú quieras: desde el trabajo más antiguo del mundo, a la profesión más moderna. Han cogido los términos claves de todos los movimientos sociales. Han secuestrado los términos más importantes y utilizan sindicatos, para convencer a la izquierda; vida privada, para hacerse con la derecha conservadora. Hablan de la libre elección entre dos adultos, que es el término neoliberal más corriente. Mi vida, mi cuerpo, mi decisión es el eslogan para llegar a las feministas. Y al movimiento LGTBI, les dicen que es una sexualidad igual que ser gay o lesbiana.

Pero usted denuncia que no son sindicatos; que no hay libre elección, que se está manipulando la realidad.

No. Claro, ¡no son sindicatos¡. Un sindicato es un grupo financiado por los trabajadores que luchan contra los gerentes y jefes de la industria. Y eso, como tal, no existe en la prostitución. Lo que hay son grupos de lobbistas que se llaman sindicatos para convencer a la izquierda. Algunos son financiados por proxenetas, como en Inglaterra; otros por los Estados, como en Holanda. Otros son sindicatos que ya existían y que abrieron dentro de sus organizaciones espacios para la prostitución. Otros son lobbistas.

Y por supuesto, no hay prostitución libre: eso es falso. La prostitución en sí es sexo entre dos personas. Una que quiere y otra que no. Por eso mismo yo no hago distinción entre trata y prostitución. Me niego, es hacer una distinción entre putas e inocentes.

¿Y qué pasa con las mujeres prostituidas que defienden que quieren ejercer?

Lo que quieren es dinero, no sexo. Si no las pagas, ¿no practican sexo, verdad? Entonces, dales dinero de otra forma. El sexo debe ser libre y ajeno al dinero. En el sexo debe haber deseo y en la prostitución no lo hay.

Pero habrá muchos que dirán que tampoco hay deseo en picar una mina, pero sí quieren la remuneración.

Pero trabajar en minas es un trabajo necesario para la humanidad y el sexo lo practicamos para sentirnos bien. No hay necesidad de sexo. No hay necesidad de que los hombres se corran una vez por día, por semana o al mes. No es un derecho humano.

Habla de que dejemos de mirar a las mujeres prostituidas y pongamos el foco en los hombres ¿Por qué se van los hombres de putas?

Por falta de respeto a las mujeres. Porque no buscan una sexualidad mútua.
En la prostitución él decide con quién; ella no. Él decide cómo; ella, no. Es el sexo más desigual que pueda existir. Ellas, al recibir el dinero, renuncian al derecho de decidir y mandar.”Los hombres se van de putas por falta de respeto a las mujeres”, Ekis Ekman

No puedo entender por qué hay tanta gente preocupada por mantener una institución tan brutal, tan capitalista, tan colonizadora, tan patriarcal. Porque entre comprador y comprada se distinguen por género por supuesto, pero también por clase social, por país de origen, por edad (ellos son siempre más viejos. Las niñas que entran en esto lo hacen con 14 años). La desigualdad es absoluta: ellos tienen papeles; ellas, no…. Hasta el estado civil; ellos casi siempre están casados; ellas, no.

¿Eso es lo que ha estado contando a los partidos políticos?

Sí, claro. En el PSOE dicen que están a favor, que tratarán de hacer una propuesta por la abolición; en el PP no me han recibido. Y en Unidas Podemos hay dos corrientes, una abolicionista y otra que no. Abominable, la verdad. No puedo entender cómo un partido anticapitalista no esté en contra de la peor expresión del capitalismo. Dicen que son un partido muy joven, que requieren tiempo para tomar posiciones, que no quieren crear divisiones… No lo entiendo. Solo espero que se sumen a la lucha.

Usted dice que el cuerpo nos une a todas las mujeres, pero viendo la división que hay, no pareciese tan claro.

Ricas y pobres tenemos el mismo cuerpo. Las dos podemos sufrir abuso en el matrimonio, las violencias físicas y psíquicas no tienen clase. Nos dividen las cuestiones de trabajo, porque las mujeres ricas no trabajan en el sector reproductivo y luchan por otras cosas, pero el feminismo no es siempre lucha de clases.

¿Y el debate dentro del feminismo entre abolicionistas y no?

Para mí, la máxima del feminismo es defender el derecho de vivir de las mujeres. Y si tú no estás en contra de la prostitución, que es una de las fuentes de mortalidad entre las mujeres, ¿qué es feminismo? Si tú defiendes una institución patriarcal donde el hombre tiene todos los derechos y las mujeres ninguno… ¿Por qué debe haber una serie de mujeres de origen pobre que existan para eso?”Si tú no estás en contra de la prostitución, que es una de las fuentes de mortalidad entre las mujeres, ¿qué es feminismo?”

El mecanismo de defensa de tanto las personas en prostitución como en vientres de alquiler es disociar cuerpo y mente, cuerpo y mercancía para apropiarse de la capacidad reproductiva de las mujeres, fundamento de la sociedad patriarcal. Utilizan técnicas de desconexión universales: tratar de pensar en otra cosa, utilizar drogas para evadirse, cualquier cosa…. ¿Cómo si no vas a vivir en un mundo donde tienes que vender tu cuerpo o a tu propio hijo, parido por ti?

Porque, ¿qué es un acto sexual? Es placer, es unirse con la otra persona, es sentir… Es un momento donde el alma y cuerpo se unen. Y aquí, solo una persona disfruta y la otra desconecta.

En este sexo comprado cuentan las emociones y los deseos de los compradores; nosotras no valemos nada: somos cosas. Y ojo, veamos también la tasa de mortalidad de estas mujeres. Porque no estamos hablando de filosofía y de qué es libertad. La tasa de mortalidad en las mujeres prostitutidas es un 40% más alta que de las que no. No podemos esperar 20 años más para abolir la prostitución. Estamos hablando de vida o muerte.

Hablemos de la economía de los cuidados, base del capitalismo.

Claro, el trabajo no pagado de las mujeres es la base de toda sociedad. Para entender la economía hay que analizar la reproducción y después, solo después, la producción. Y ahí los cuidados son el trabajo más básico y clave. Y también el peor pagado, sin posibilidades de tener carrera, sin sueldo… Trabajamos hasta gratis.

Hay que entender que todos aportamos a la economía, pero que solo algunos se llevan los beneficios. Habría que repartir la ganancia de igual manera entre todos los trabajadores, porque todos aportamos. Y el problema es que si tú cuidas a tu hijo, no puedes hacer huelga. Si cuidas al hijo de otro, sí puedes pero es más difícil que si trabajas con dinero o máquinas porque eres responsable de vidas. Y entonces, sobre nosotras caen los recortes, porque saben que seguiremos trabajando ya que nuestra responsabilidad por la vida humana es la columna vertebral de cada sociedad. Las mujeres por eso nunca han vivido en el neoliberalismo, porque nunca hemos sido individualistas. El día que lo seamos se muere la economía.

Dice también que las feministas “somos el sueño de la izquierda”.

Sí, sobre todo en España. Son populistas e intelectuales a la vez. El movimiento feminista en España me impresiona mucho: está en todas partes. El 8M es súper importante, sus huelgas y capacidad de convocatoria…. Admiro cómo han sacado a la luz la violencia machista. Eso en Suecia no pasa. Que un diario como El País o como Público publiquen en portada “Nuevo caso de violencia machista”, o “Hombre apuñaló a su esposa”… es fantástico. En mi país, dicen: “Persona hallada muerta”. “Otra persona bajo sospecha”.

Aquí hay minutos de silencio por cada mujer asesinada. Es impresionante. Tendría que ser lo mismo con la prostitución. Porque es no vale callarse porque sean inmigrantes, porque no tengan papeles, porque son pobres.

Kajsa Ekis Ekman tiene que irse. Cierra la conversación con la realidad de esas mujeres prostituidas que tan bien conoce y recuerda que empezó a escribir El ser y la mercancía en Barcelona, donde convivía con una mujer rusa que trabajaba en la calle. Un día murió. Treinta y pico años. Estaba alcoholizada. Acabó en una fosa común: no tenía papeles y no sabían quién era. No entró en las estadísticas de violencia de género, por supuesto. “Seguro que ninguno de sus compradores pensó porqué no la vieron más. Buscarían a otra: somos mercancía”. “No hay ninguna niña en la escuela que diga que quiere ser puta”, concluye.

Publicado en Público

LAS ACOSADAS ‘HIJAS’ DE BERTA CÁCERES

Defienden la tierra, el agua, las montañas y una forma de vida contraria al capitalismo, al clasismo, al machismo y al patriarcado. Son las defensoras ambientalistas, cada vez más amenazadas.

La defensora Berta Cáceres, asesinada por defender su tierra, sigue molestando a aquellos que la callaron. Lo hacen por ella un sinfín de mujeres que denuncian que las élites y las empresas nacionales e internacionales están (siguen) esquilmando sus recursos.

La mayoría son amas de casa y campesinas de El Salvador, Guatemala y Honduras con numerosas cargas familiares que no tiemblan ante auténticos gigantes. Lo hacen pese a que el activismo no es bien acogido ni en sus familias (padres, madres, esposos, hermanos…) ni en sus comunidades, compradas muchas veces. Tampoco, repiten, cuentan con el respeto de los movimientos de resistencia y organizaciones: su voz no es tan valorada como la de los hombres.

Hablamos con dos de ellas que a pesar de sus distintos perfiles coinciden en la esencia: la defensa de la tierra. Estos son los temas que esbozamos.

Riesgos de género

“Sí, por ser mujeres somos acosadas sexualmente; nos gritan, insultan y humillan, nos dicen que nos vayamos a fregar, que qué hacemos demandando nada. Y todo eso al tiempo que debemos seguir manteniendo las casas y ser el centro de los cuidados. Porque al final somos nosotras las que además de defender lo que es de todos, debemos hacernos cargo de la limpieza, la ropa, la comida…”, apunta Sonia Sánchez, lidera en El Salvador de el Movimiento de Mujeres de Santo Tomás.

Ella lucha desde hace años contra la multinacional Inversiones Robles, una constructora que ha talado más de 30.000 árboles para construir viviendas de lujo. Su particular contienda le ha valido dos demandas por coacción (de las que fue absuelta), difamaciones y calumnias varias.

La respuesta de Ana Rutilia Ical, catedrática y candidata a diputada en Guatemala es similar. Sí, ser mujer y defensora de los derechos ambientales tiene un coste añadido por cues-tión de género. En su caso, la batalla contra una hidroeléctrica, Renace, del Grupo español ACS, le ha costado ser criminalizada, estigmatizada, difamada y tachada de “loca”. También la acusan de ir contra el desarrollo. “Sí, estoy en contra del desarrollo de los ricos y de aquellos que se olvidan que en este territorio viven 29.000 indígenas”, puntualiza.

Llamada a la comunidad internacional

“Buscamos un compromiso con los Derechos Humanos más allá del componente económico. Igual que el capitalismo se ha globalizado, nosotras queremos globalizar las luchas de los territorios y visibilizar la vulnerabilidad de quienes defendemos la tierra”, dice Sonia Sánchez. La política guatemalteca señala que la defensa del planeta es un tema universal. “No tenemos otro planeta y este se nos está acabando. ¿No lo entienden? La Tierra no es una mercancía”. 

El significado Tierra

“Es mi madre. Y a mi madre no se la vende. Se le ama”, zanja rotunda Ana Rutilia. “Fuente de vida”, puntualiza Sonia Sánchez.

Desarrollo

“Eso es algo que debemos aclarar. Desarrollo debe ser sinónimo de el buen vivir. De contar con un aire sano, agua, ríos, salud y por supuestos recursos como la educación o el respeto a la vida”, afirma la guatemalteca al tiempo que recuerda que ella es maya y aclara que Europa no es Mesoamérica. La salvadoreña se opone a lo que ella llama “mal desarrollo” y apuesta solo por el que se hace en armonía con la naturaleza. “Yo no puedo vivir sin agua. No sé ustedes”, apunta. Para ella la clave pasa por revisar la educación que recibimos, la de un sistema capitalista que nos lleva a un individualismo absoluto cifrado en una cultura de consumo. “Hemos dicho adiós a la espiritualidad y a los valores”, concluye. 

Miedo a las amenazas, atentados o secuestos

“No. Ya me los quité”, aclara la guatemalteca que piensa que a pesar de luchar contra un sistema racista, discriminatorio, clasista, patriarcal y machista, se avanza. Sonia Sánchez dice tener que trabajárselos, porque sí ha tenido miedos y angustias (no tanto por ella, pero sí por los suyos, también tocados). “No es fácil enfrentarse a una empresa que tiene poder para comprar a jueces y hasta a nuestras comunidades”, aclara.

Esperanza de futuro

“Hay esperanza. Hay futuro, pero para eso se nos tiene que escuchar y reconocer nuestros derechos. Es necesario también una formación ambiental, aquí y allá”, opina Sánchez. Ana Rutila no lo duda: “Si se detuvo a la Coca-Cola en su momento… claro que podremos”.

Ambas defensoras estuvieron en España invitadas por la ONG Alianza por la Solidaridad que ha lanzando estos días la campaña DesTieRRRadas. Con ella pretende lograr cambios en la legislación y las políticas nacionales e internacionales en cuanto a la protección de las mujeres defensoras. La organización ha presentado también un informe al respecto.

El documento señala que en un 54% de los casos las defensoras son agredidas por dirigentes políticos, policías, militares, jueces y fiscales, a quienes acusan de velar más por los intereses de las compañías que por la población afectada por sus proyectos. Un 13% son atacadas o amenazadas en sus entornos privados (en su comunidad, las organizaciones y las familias), dado que es muy frecuente que las empresas sigan la estrategia de generar graves divisiones en las comunidades. FIN

Publicado en https://www.publico.es/internacional/defensoras-tierra-acosadas-hijas-berta-caceres.html


«EL CAMBIO CLIMÁTICO TIENE CONSECUENCIAS DIRECTAS EN LA SEGURIDAD DEL PLANETA»

Bahijjahtu Abubaka, autoridad mundial en energías renovables, ha instalado más de un millón de cocinas limpias en Nigeria. La medida, que ha permitido mejorar la salud de las mujeres que inhalaban el aire contaminado del carbón, ha sido un éxito: su propuesta es ya seguida por 300.000 emprendedoras convertidas en luchadoras climáticas.

Es una autoridad mundial en renovables y, en su discurso, el cambio climático tiene una relación directa con la seguridad. En Nigeria, su país, ha desafiado todas las convenciones. También a las mafias, a las que se ha enfrentado para llevar el sol como fuente de energía a las áreas rurales. Su convicción le ha hecho instalar más de un millón de lámparas solares y cocinas limpias (energéticamente hablando) en las aldeas a las que nunca han llegado los derechos más básicos. Bahijjahtu Abubaka sustituye con ellas a las cocinas tradicionales de leña y, así, sus usuarias dejan de inhalar el aire contaminado que genera el carbón, empiezan a vender la energía sobrante y se convierten en empresarias de renovables en un país donde el 70% de los hogares no cuentan con electricidad. Esta ingeniera ambiental, fundadora de RUWES (Rural Women Energy Security) –una organización que busca garantizar la seguridad de las mujeres rurales– habla fuerte y claro y asegura que cada vez que le dicen que lo que pretende hacer es imposible, la impulsan a hacerlo. Recuerda lo rara que fue desde siempre: la consideraban un chico, subía a los árboles, le aburrían los estereotipos de género y quería estudiar para cambiar el mundo. También señala lo mucho que ha llorado al ver la miseria y violencia a la que se enfrentan los hombres y mujeres de su país. Esta «hermana del sol» como la llaman, explica su propuesta ambiental con la misma energía que responde a la entrevista, con la misma que llega a las aldeas arrasadas por Boko Haram y habla y trabaja con las mujeres. Viene de Londres invitada por el IX Encuentro Mujeres que Transforman el Mundo, en Segovia. De España volverá a África y de allí a India, donde está también poniendo sol en las vidas de las mujeres.

Utiliza la tecnología para combatir el cambio climático, pero al tiempo es también una herramienta, una batalla contra la pobreza. ¿Cuál debería ser la prioridad en esas dos luchas?

Solamente es una lucha, la lucha contra la pobreza. Mi propuesta tiene dos beneficios. Por un lado, aporta herramientas para montar un negocio y lo hace con una tecnología limpia. Pero aparte, las lámparas solares que defiendo suponen un beneficio para la salud. Con ellas, las mujeres y sus familias dejan de respirar un aire contaminado, el del carbón en sus casas, que es el que produce la leña. Solo en Nigeria casi 100.000 mujeres mueren cada año a causa de los humos que se producen al cocinar con leña en cocinas cerradas. Según los cálculos manejados, respiran un aire equivalente a fumar 20 cajetillas de cigarros al día. Se forma un círculo interesantísimo: por un lado se convierten en luchadoras climáticas y, por otro, se hacen empresarias. Esto último es vital, ya que hablamos de la independencia económica para las mujeres, y utilizar esta tecnología les ayuda a ser libres. En estos siete años ya contamos con 300.000 emprendedoras, es decir, con 300.000 luchadoras climáticas.

¿Cómo empezó con esta idea?

El conocimiento es poder. Lo único que hay que pensar es cómo utilizarlo. Cuando empecé a estudiar ingeniería medioambiental se me abrieron los ojos: descubrí que hay soluciones para luchar contra el cambio climático, hay tecnologías para que la gente deje de beber agua contaminada y deje de vivir inhalando humos nocivos. Ser consciente de ello no me dejaba dormir. Era una obsesión. No podía dejar de ver los problemas de mi país y no hacer nada.

Pero no mucha gente se lanza y deja la piel. ¿Por qué no hay más propuestas como la suya?

Porque no están locos como yo. Soy una lunática. Cada persona tiene una misión y yo creo que esta es la mía.

Uno de los grandes dramas de los que habla, más allá de los problemas ambientales, es la situación de las mujeres. Cuenta que, tras las barbaries y violaciones que sufren, no se sienten humanas.

«El conocimiento es poder. Lo único que hay que pensar es cómo utilizarlo»

Hay muchas cosas, como la libertad, la salud o el derecho a elegir, que consideramos que están garantizadas para todos y es falso. Ni te imaginas el horror de las mujeres y niñas que secuestra Boko Haram. Hablo de mujeres que están cocinando en sus pequeñas aldeas –o quizás, todavía durmiendo–, y de repente escuchan unas motos potentes que llegan a sus aldeas e imponen el horror. Aparecen y, de repente, unos hombres armados las separan de sus padre, hermanos, marido y se las llevan. Cualquiera que se resiste es asesinado. Es diabólico. Las meten en el bosque y las tratan como animales. Algunas de ellas son niñas de 8, 9 y 10 años. Cuando son liberadas, a veces tras años, les cuesta un tiempo verse como seres humanos. No se consideran iguales a nosotras. Sus miradas son de absoluta falta de esperanza: tienen miedo a todo. Se sientan en un rincón y no levantan la cabeza… Lo que cuentan no cabe en la peor película de terror. Y entonces, ¿cómo las consuelas?

No lo sé.

Les das cariño. Y les intentas dar poder. Porque este mundo es difícil y la mayoría de ellas no tienen un lugar donde volver. Muchas vuelven embarazadas y cargan con el estigma de ser «las novias de los terroristas». Se convierten en unos seres fuera de la casta. Algunas padres dicen que preferían que sus hijas estuviesen muertas. Otras veces, hombres absolutamente enfermos, las ven como una oportunidad, las buscan y las prostituyen. ¿Te imaginas?

Con iniciativas como la suya, dice que se empodera a las mujeres.

Sí, porque una mujer que es financieramente independiente tiene oportunidades y, si sigue a un hombre, es porque quiere. No porque tiene que hacerlo. Alguna de nuestras coordinadoras asiste hasta a 6.000 casas y cuando se hacen técnicas en energía cada semana recogen dinero. Ellas se quedan con el 10% de lo que generan.

Habla de esos terroristas como animales. ¿Cómo explicar esa barbarie?

Les llamo animales porque se comportan como tales, pero no nacieron así. Por eso es necesario ir a las causas. Y ahí el mundo debe entender que el cambio climático tiene consecuencias directas en la seguridad del planeta. El lago Chad, que riega a Nigeria, Chad, Niger, Camerún y zonas donde empezó Boko Haram, prácticamente ha desaparecido debido al cambio climático. Hay millones de personas que dependen de ese lago. Vivían de la pesca, de la agricultura y todas las industrias y negocios que surgen a partir del procesamiento y venta. Todo eso se ha acabado. El 80% de esa población son gente joven, chicos de menos de 30 años sin futuro. Para hacerlo todo más complicado, existe la guerra en Libia y la proliferación y el negocio de las armas. Están captando a jóvenes que no tienen nada que hacer. Si un joven tiene un trabajo, una tienda, un estatus y reconocimiento en la sociedad, no se va a ir a causar problemas que irán en contra de él. Pero, si no tiene nada que perder, apoyará cualquier causa y morirá por nada. Por eso debemos hablar de cambio climático y seguridad. Y, de nuevo, si miramos a las mujeres y la desertificación, nos damos cuenta de que ahora deben caminar kilómetros y kilómetros para encontrar leña para cocinar. Es un desastre. Además, esos caminos no son seguros para ellas y muchas veces las violan.

Usa diferentes discursos. Uno para primeros ministros, otro para las mujeres, otro para los hombres. ¿Cómo es eso?

Es fácil: si hablo con un gobernador, le cuento cosas que le importan. Le hablo del voto de las mujeres que les pueden votar. A ellos, les menciono las elecciones y lo que ganarían si empoderan a las mujeres, no de polución y medio ambiente. Eso me lo guardo para otras audiencias. A ellas, a las campesinas, no les voy con el discurso de los impuestos, pero sí les digo que miren las paredes negras de sus casas sucias del carbón con el que cocinan. Les hablo de cosa reales, les digo que sus pulmones están igual de negros. Les hablo de su salud y de la de sus hijos, ¡y vaya si lo entienden! A los maridos de las aldeas donde voy instalando cocinas solares les cuento lo mucho que van a ahorrar en mantener ese fuego. Se vuelven locos. Si hablas con hombres, hazlo de economía: verás cómo te escuchan, incluso si es de dar libertad a sus mujeres.

¿Es su empresa un negocio sostenible?

Sí, sí y sí. Es una empresa social que no busca beneficio. Los precios difieren, es cierto, pero es por las distancias: Nigeria es un país muy grande y el precio para llegar a ciertos puntos es tremendamente costoso. Son diez o doce horas de carretera. Pero la esencia es reducir pobreza y que dependan de un sistema limpio, que combata el cambio climático y que les da negocio. Porque si tú puedes comprar queroseno, puedes comprar una lámpara solar. A ellas, además, les enseñamos a mantenerlas.

Mujer, negra y africana. ¿Cómo combate los estereotipos?

Simplemente les ignoro. Y sí, soy negra, se ve a primera vista. Mira mi color, mira cómo visto (señala su colorida vestimenta). Estoy muy orgullosa de las mujeres africanas. Amo mi cultura, mi herencia y mi país. No es mi problema si a ti no te gusta. No permito que su negatividad me afecte. Yo llevo luz: no tengo tiempo para esa gente. Realmente me dan pena, porque sé que son desgraciados ante la vida.

¿Le han amenazado?

Sí, dos veces. Mi propuesta va en contra el negocio de los clásicos generadores de energía dependientes de queroseno. Cuando empecé con mi programa, directamente vino un hombre a visitarme a mi oficina para decirme que me matarían. Me dio igual. Le enseñé mis manos y le dije «no tengo miedo, ingeniero de la muerte». La segunda vez fue muy controvertida. Había trabajado muchísimo durante seis años para conseguir la financiación necesaria para instalar las lámparas en un millón de casas. Cuando lo había conseguido, me quitaron el proyecto. Lo terrible fue que, a quien se lo dieron, no sabía gestionarlo y me preguntaba para ver cómo hacerlo. Fue un gran escándalo mediático. Me amenazaron, me llamaban a las 2 de la madrugada, me ofrecieron dinero…. Pero pude denunciarlo y aquí estoy. ¿Sabes cuántas mujeres podrían haber muerto si me hubiese vendido? FIN

Publicado en https://ethic.es/2019/05/bahijjahtu-abubaka-cambio-climatico/

Pamela Yates: “El feminicidio guatemalteco es una herencia de la violencia de la guerra”

La premiada cineasta norteamericana, que no cree en la neutralidad cuando filma, busca dar voz a quienes decimos que no la tienen.

Pamela Yates (Estados Unidos) es cineasta y activista por los derechos humanos. Sus películas sobre crímenes de guerra, masacres y barbaries tienen un claro objetivo: denunciar la situación de los más vulnerables. El nombre de la documentalista, miembro de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de EE.UU, está -en gran parte- unido a la historia de Guatemala. De ahí y de 35 años de viajes al país centroamericano salen tres de sus películas y una historia: la de una guerra civil y un genocidio de más de 200.000 víctimas, según la ONU. Allí filmó Cuando las montañas tiemblan (1983), Granito: cómo atrapar a un dictador(2011), utilizado como evidencia forense en el juicio por genocidio contra el dictador Efraín Ríos Mont; y 500 años (2016).

Yates, que cuenta entre otros reconocimientos con el premio especial del jurado de Sundance por Cuando las montañas tiemblan, es además cofundadora de Skylight Pictures, una productora sin ánimo de lucro que busca hacer un cine intencional. Está en España para hablar de cómo hacer documentales e involucrar a los movimientos sociales. Invitada por la Asociación de Mujeres de Guatemala, dará mañana, día 14, una charla sobre cómo hacer cine y activismo. La cita será en la Casa Encendida.

Reivindica la voz de los mayas, que hablan de “la larga noche de los pueblos”, que serían los 500 años de resistencia ante los opresores. ¿No es una espera eterna?

Sí, pero también la resistencia es eterna. Y esos 500 años, que es el título del tercer documental sobre Guatemala, hacen referencia a esa parte del juicio en la que Juan Francisco Soto habla –ante toda la judicatura, por primera vez en la historia de las Américas– del genocidio de los pueblos indígenas. Imagínate, ¡un país tan pequeño como Guatemala, denunciando esa historia ante el mundo! Aquello fue un antes y un después en la resistencia.

Pero así y todo, si nos vamos a 2019, esos pueblos siguen muy oprimidos.

Sí, claro. Pero también es cierto que parte de su cultura se basa en esa fuerza para poder resistir. Y eso es lo que ocurrió en el juicio a Ríos Montt: se cambió la narrativa de quienes contaron lo qué pasó en Guatemala. Antes allí nadie hablaba de genocidio, ni de las masacres. Nadie.

Pero insisto, resistencia, sí, pero si uno mira la historia reciente del país, el panorama es muy duro. Impera la impunidad, han entrado grandes multinacionales hidroeléctricas y macroproyectos en los territorios que fueron arrasados por el ejército, y la “primavera” que vivió Guatemala en 2015 parece un tanto apagada… ¿No es desalentador?

Sí. Sin duda. Pero también hay que mirar los triunfos. El hecho de que se instalase una agencia mundial para luchar contra la impunidad, el de haber ganado el juicio contra el dictador y la presencia de las ONGs con proyectos de cooperación internacional son éxitos claros. Lo que ocurre es que cuando uno lucha contra el sistema, el sistema se pone en tu contra. Es como una ola y ahora estamos viviendo la reacción a esos logros que obtuvimos. Así es la historia. Pero cuando se entiende esa dinámica, se saca fuerza para seguir luchando y frenar lo que está pasando. Guatemala vive un momento muy malo, una auténtica crisis constitucional.

Hablas de cambiar la narrativa pero, ¿cómo sería la historia si la contasen los propios indígenas?

Tanto en Granito como en 500 años tratamos de contar la historia desde la perspectiva maya. De los cinco protagonistas, cuatro son mayas. Solo uno es descendiente de españoles.

Pero sigue siendo una historia contada por blancos.

Sí, claro. Toda la razón. Eso queda para la próxima generación, para gente como la activista de 500 años. Cuando yo llegué a Guatemala, en 1982, lo hice para investigar el papel que estaba jugando Estados Unidos allí. Lo que pasa es que una vez sobre el terreno, me di cuenta de que las personas que tenían la visión para cambiar Guatemala eran los mayas. Entonces decidí trabajar con Rigoberta Menchú. La contacté y la traje a Nueva York, donde vio todas las escenas que habíamos filmado, una historia que, por cierto, no tenía un hilo conductor y que solo encontramos cuando ella decidió contar su propia historia. La filmamos hablando directamente a cámara, algo que no se hacía entonces. Esa fue nuestra forma de contarlo con una perspectiva maya.

Pero es cierto, seguimos siendo blancos contando su historia. Por medio de Skylight Pictures estamos trabajando en Guatemala para que cineastas y documentalistas locales cuenten la historia de su país.

¿Y qué quieren contar esos nuevos cineastas guatemaltecos?

La memoria histórica. Qué pasó y por qué pasó allí.

Por cierto, ¿qué es un país sin memoria?

Es un país condenado a repetir la historia. Pero lo bueno es que Guatemala tiene memoria y el hecho de querer adquirirla o reapropiarse de ella es el camino.

Y Occidente, ¿tienen Europa y América del Norte memoria sobre la responsabilidad de sus hechos allí?

Lo que está pasando hoy con la enorme migración centroamericana hacia Estados Unidos habla de un país que no tiene memoria. Porque para entender esos movimientos migratorios hoy habría que mirar de dónde viene esa realidad, de unos problemas provocados por nosotros durante la Guerra Fría. No, Estados Unidos no tiene memoria: no hemos revisado tampoco el genocidio que cometimos con los indígenas de nuestro país.

Hablas de activismo. ¿Dónde queda entonces la neutralidad?

La neutralidad no existe (se ríe). No niego que estoy contando una historia desde una perspectiva, pero siempre la menos conocida, y la más escondida por los poderosos.Yo trato de que en mi forma de narrar haya siempre unos protagonistas, las víctimas, pero también incluyo a los antagonistas. Y hay hechos… mediante los cuales construimos una historia universal sobre el bien y el mal. No somos periodistas. Tenemos esa libertad artística y técnica para poder expresar la historia con esa intencionalidad y mirada desde los derechos humanos.

¿Cómo se financia el cine que hacéis desde Skylight? ¿Quién paga 35 años de investigación para una historia?

Nos financiamos a través de fundaciones e individuos particulares que creen en lo que hacemos. Aparte, contamos con unos mercados donde podemos cobrar, hablo de ciertas televisiones y circuitos educativos en los que hay dinero. Pero además de eso, buscamos también modelos alternativos de distribución En muchos espacios, ofrecemos nuestros documentales gratis. En Guatemala, por ejemplo, le dimos la película a la principal plataforma pirata. No pretendemos vender la historia de Guatemala a los guatemaltecos.

Parte de nuestra práctica, como activistas de derechos humanos, es pensar cómo hacemos nuestras películas y cómo las distribuimos. Queremos desarrollar un cine colaborativo en vez de uno extractivo. No podemos llegar a un país, grabar su historia, llevarla a festivales y contar que somos excelentes cineastas. Hay que colaborar con la gente local y entender que el proceso debe ser de ellos.

Es importante estar y permanecer conectada a las personas y lugares donde se trabajan los documentales. No para hacer otro documental, sino porque hay que seguir trabajando con las personas que han colaborado. Si uno quiere hacer cambio social, debe de comprometerse de por vida.

Vienes a España invitada por la Asociación de Mujeres de Guatemala, que denuncia el salvaje feminicidio que vive su país. ¿Por qué un país normaliza la violencia hacia sus mujeres?

Esa violencia contra las mujeres se explica por la guerra que vivieron. El feminicidio es una terrible herencia de aquel entonces. Cuando un país permite la impunidad, la impunidad lo transforma. Además a eso hoy hay que sumar la variable del narco. La violencia ataca a los más vulnerables, y débiles: en este caso a las mujeres.

¿Habrá que esperar otros 500 años para hablar de una nueva Guatemala?

No. Yo tengo mucha fe y esperanza en las nuevas generaciones. Ellos van a liderar una apertura democrática en el país.

Publicado en Público, https://www.publico.es/culturas/pamela-yates-feminicidio-guatemalteco-herencia-violencia-guerra.html

Helena, una heroína del siglo XXI

Había una vez una mujer pegada a unos prismáticos y a un teléfono que siempre estaba mirando al mar. Se llama Helena, con H, como las míticas griegas cuyo nombre quiere decir: la «luz que brilla en la oscuridad». A ella, a quien también le va el nombre, le gusta, como a todos, mirar el mar: el horizonte, los colores del océano, las olas…

Pero en el caso de Helena, mirar el mar es algo necesario para salvar vidas. Helena se dedica a vigilar y avisar a las autoridades cuando ve una barcaza con migrantes que intentan cruzar los quince kilómetros del Estrecho de Gibraltar que separan África de Europa. El trayecto es peligroso y muchas veces las barcas no están preparadas para navegar, así que las personas que van a bordo corren peligro de ahogarse.

Así, cuando Helena avista alguna patera a la deriva con mujeres, hombres y niños que huyen del hambre, nuestra heroína rápidamente llama a las patrullas de salvamento marítimo para que los rescaten y los lleven a tierra, a salvo:

—Atención, ¡todas las unidades al rescate! he visto una embarcación repleta de personas a la deriva. Estas son sus coordenadas. ¡Corto y cambio!

Ilustración: Isabel Ramos

No obstante, un día, igual que el mar del que disfrutamos en verano de repente se pone bravo y se levantan olas y mareas gigantescas, la historia de esta defensora de los derechos humanos dio un giro difícil de explicar. La acusaron de asociación con malhechores y de favorecer la inmigración irregular. Es decir, que salvar vidas podía ser un delito y Helena podía acabar en la cárcel: ¡el mundo al revés!

Cuando los amigos de Helena, que eran los miles de personas que había rescatado del mar y sus familias, se enteraron de que estaba en problemas, se pusieron todos de acuerdo para defenderla. Gracias a Internet, en menos de dos días, más de 28.000 personas firmaron para que no la juzgasen.

Abdulay, un niño refugiado de once años al que ella ayudó, la llamó en medio de todo el lío:

—¿Cómo estás, tita? Quiero que sepas que todos somos Helena —le dijo.

—No tengo miedo. Tu mensaje hace que todo tenga más sentido para mí y me da fuerzas para continuar con mi trabajo: salvar vidas —sabemos que respondió ella.

El cuento de Helena no ha acabado aquí, y mientras la Justicia decide qué pasa con ella, más personas siguen firmando la petición de libertad para Helena.Si defender el derecho a la vida me lleva a la cárcel, allí estaré.

Y así es como la periodista Helena Maleno, con mucha valentía y amor a los demás, se ha convertido en la mayor defensora de los derechos humanos de los que intentan llegar a España por mar para buscar un futuro mejor. Es seguramente, la persona que más vidas ha salvado en el Estrecho de Gibraltar.

Helena maleno

Nacida en El Ejido, Almería, 1 de agosto de 1970, Helena Maleno es periodista, investigadora, documentalista y escritora pero, sobre todo, defensora de los Derechos Humanos. Afincada en Marruecos, es fundadora del colectivo Caminando Fronteras. El país en el que reside la acusa de un supuesto delito de tráfico de personas por las llamadas a Salvamento Marítimo con las que trata de alertar de vidas en peligro en el mar.

Esta es una de las historias del proyecto No me cuentes cuentos, un proyecto colectivo liderado por Kloshletter y Prodigioso Volcán que busca contar de otra forma la historia inspiradora de cien mujeres españolas con vidas apasionantes que, en muchos casos, han pasado desapercibidas. 

Isabel de Ocampo: “Los puteros no buscan sexo, buscan un espacio donde no existe la igualdad”

‘Serás hombre’, una película que cuestiona la masculinidad de los hombres, parte de la historia real de un proxeneta y un hijo de una prostituta.

SERÁS HOMBRE (YOU WILL BE A MAN), Documental de Isabel de Ocampo
Fotograma del documental de Isabel de Ocampo ‘Serás hombre’.

Con el debate en la calle sobre la abolición de la prostitución se estrena Serás hombre, de la directora y documentalista Isabel de Ocampo, un film que pregunta a los hombres qué es ser hombre hoy y cómo se construye la masculinidad. Para narrarlo, la cineasta parte de dos personajes reales: Rafa, un ex proxeneta arrepentido que cuenta cómo en su negocio las mujeres son simplemente billetes; y Abel, el hijo de una prostituta. Junto a ellos aparecen los testimonios de un electo de hombres feministas que hablan de las cartas que el sistema les ha dado a ellos en temas como el sexo, la economía o la educación.

La entrevistada, que a voz en grito tiene a los “vecinos” de la cafetería alarmados de tanto hablar de puteros, hijo de puteros (que no de putas), erecciones, sexo y pornografía, se olvida de la periodista y en diversas ocasiones se dirige directamente a los hombres, para que se enteren, pareciese. 

¿Qué es ser hombre hoy?

Uy, esa es una pregunta para la que yo no tengo respuesta. ¡Que se lo pregunten ellos! Yo soy mujer y con eso tengo bastante. Lo que sí puedo decir es que el concepto de hombre, tal y como lo entendemos hoy, está viviendo un momento apasionante, un gran reto al mismo tiempo.

Es la primera vez en la historia que “ser hombre” se empieza a entender de forma singular: estamos nosotras, las mujeres. Ellos pueden poner la excusa de que no saben, pero no vale: el feminismo lleva tres siglos cuestionando el estatus quo. O sea: ¡lLeváis tres siglos desubicados! Los hombres deben sentarse, mirarse ante el espejo y contestarse a la pregunta.

Yo creo que ser hombre hoy es aceptar con humildad que no eres el centro del mundo y que no eres superior a nadie. Y ligado a la forma tradicional de entender ser hombre está el patriarcado, la forma de pensar que nos ha modelado y que ha considerado que ellos eran superiores al resto. Todo eso se está derrumbando: hay que empezar a bajarles del pedestal donde les encumbraron las religiones monoteístas, el patriarcado y el machismo. Por eso digo que vivimos un momento apasionante de cambio, algo que no les va a hacer gracia a quienes están instalados en esa forma de pensar y en esos privilegios. Pero la evolución es así. 

Habrá gente que dirá que faltan mujeres en tu documental. ¿Por qué no están ellas, las siempre olvidadas y silenciadas?

Por dos motivos. La primera es que quería conectar con los hombres, sobre todo con los machistas. Si para un machista la voz de autoridad es un hombre, pensé: “No te preocupes, los tendrás”.Y dos, creo que es hora de que sean ellos los que hablen.

No obstante, en mis agradecimientos están todas las feministas que han escrito cantidad de libros en los que me he inspirado. 

Pero a eso se te podría rebatir con que ellos llevan hablando toda la vida.

Sí, pero de mujeres. No hablan de sí mismos desde una visión de genero. Hablan de hombres porque tienen mucho narcisismo y porque la educación les ha permitido que sean el centro del universo. Pero lo que deben hacer es pensarse desde la autocrítica.

En la película tocas uno de los temas que más ruido está haciendo hoy entre las feministas: el abolicionismo.

Mira, ese es un asunto donde creo que hay que empezar a plantear nuevas preguntas. Dejemos a las mujeres en paz, por favor y pensemos: ¿por qué los hombres necesitan pagar para mantener una relación sexual? ¿Qué está pasando por sus cabezas? ¿Por qué pagas por algo que el resto de las mujeres te ofrecemos gratis? Esas son las cuestiones que la sociedad debe hacer a los puteros.

¿Y tú qué respondes a eso?

Yo digo que el sexo es una excusa. Yo sostengo, como dice Beatriz Gimeno, que lo que buscan ellos es un espacio donde no haya igualdad, un lugar en que las mujeres no están a su mismo nivel. Una relación sexual con una mujer [no prostituida] implica consenso, ponerse de tú a tú.

Denuncias a los gobiernos y Estados como parte implicada en el negocio.

Totalmente. Y además, el proxeneta lo cuenta muy bien cuando dice: “El Estado es socio mío”. Es la sociedad la que debe empezar a poner luz sobre esos cimientos que están ocultos: qué gana el Estado con el negocio de la prostitución. Mira, yo fui a un colegio de monjas toda la vida. Me he pasado toda mi vida rezando por la paz y me siento estafada porque la guerra interesa: es rentable. Pasa lo mismo con la prostitución: es un gran negocio, pero no solo para el Estado, sino para todas las instituciones legales que hay alrededor, por no hablar de las actividades ilícitas. En el momento que un burdel aparece en un pueblo, gana la peluquera, a donde van ellas; el taxista; el vendedor de joyas; el de productos informáticos… En esto pasa como con la armas: o lo paramos en seco o el lobby de la prostitución lo inundará todo y no habrá marcha atrás. Y ojo, que yo, desde mi postura abolicionista no tengo nada en contra de las mujeres que ejercen la prostitución.

También abordas la identidad de genero de las trans.

Claro, y cuentan algo tan básico como que la identidad de género y el sexo están en la cabeza.

Existe una idea falsa sobre la sexualidad masculina que dice que necesita ser satisfecha porque sino, los pobres hombres, enferman. Y no, se ha demostrado científicamente que un hombre en erección es capaz de resolver un problema matemático complejo o arreglar el motor de un coche. Es mentira que dejen de pensar y que lo hagan con la polla. Seguir contando esa historia resulta muy rentable: la industria del sexo es ingente en sus beneficios y necesita transmitir la idea de que los hombres necesitan sexo, porno, prostitución. Es mentira, ¡os están tomando el pelo, hombres!

Pero volviendo a los trans, lo que me interesaba de ellos es que yo creo que son personas muy privilegiadas porque han estado en los dos lugares del genero. Son capaces de haberse sentido mujer y haberse sentido hombres. Me parece que son como chamanes, gente que nos podría dar información muy valiosa para mejorar como personas. 

Abel en la película intenta poner cara a su padre, un putero. ¿Qué caras le pondrías tú a los puteros de hoy?

Pues es fácil: mira a tu alrededor. Sal fuera, entra en un puticlub y tendrás la respuesta: hombres con corbata, con gafitas, gente con mucho nivel social y cultural que prefiere dejarse llevar por el privilegio que les da la idea de poder hacer con una mujer lo que le permitan sus sus 70 o 100 euros. El putero es muchísimo más común de lo que pensamos.

Yo animo a dos cosas: a las mujeres les digo que pregunten a los hombres a su alrededor si han ido de putas; se sorprenderán. Y dos, y eso va dirigido a todas las personas que están a favor de la legalización. A ellas les pido que vayan a los prostíbulos y, cuando no les dejen entrar, se pregunten por qué. Si vamos a legalizar esa actividad, vayamos como mujeres a visitar en masa a los puticlubs para saber qué se cuece ahí dentro. Dentro, la realidad habla de niñas encorvadas, jóvenes contra la pared, muy lejos todo de esas imágenes bellas y estilizadas del cine y la publicidad. Cuando se vea la sordidez de ese negocio, podremos hablar de si legalizar la prostitución. 

Educación, sexo y pornografía también están en ‘Serás hombre’.

Sí y es bastante sintomático que la película haya sido catalogada para mayores de 12 años. Existe una preocupación desde las instituciones porque la pornografía llega a los móviles de los jóvenes antes de que se hayan dado un beso. Y ahí de nuevo los chicos están accediendo a contenidos de violencia, se erotiza la violencia contra la mujer y el sexo se convierte en humillación.

¿Qué estáis haciendo, hombres? ¡Estáis consumiendo sexo basura! La pornografía les da una idea de sexo falsa. Y eso tiene también consecuencias para ellos que de repente piensan que pueden tener erecciones de 45 minutos. Y claro, toca explicarles que las películas porno son mentira, que ha habido cortes, elipsis, intervenciones de guionistas…

¿Rafa, el proxeneta, es también una víctima?

Mucha gente me reprocha que Rafa, al final, cae bien. Lo que yo contesto es: “Y tú, ¿cómo te crees que el mal opera en la sociedad? Rafa entra en el mal por el dinero fácil; no hay más. Y solo ha salido de ese mundo cuando ha encontrado un poco de infraestructura. Él también decía que yo era la primera persona que conocía que estuviese fuera del círculo de la prostitución, yo, en sus 52 años de vida. Rafa eligió y prefirió estar del otro lado, pero es un producto de una época histórica en la que había hambre, él es un chaval de hospicio que sale a los 16 años de allí y empieza como portero de un prostíbulo. No obstante, él también reconoce que no se arrepiente de la vida que ha llevado, un mundo de dominación, pasta y dominio.

Pero si consideramos que él es una víctima…, ¡víctimas somos todos!. No se puede equiparar a Abel Azcona como víctima con él, ni con las mujeres que él prostituyó. Jamás en la vida los hombres son víctimas del patriarcado. Pueden sufrir el peso del patriarcado, pero no son víctimas, las víctimas son las mujeres y los niños que mueren. Que él ha sido el fruto de unas circunstancias… sí, pero nada más.

No obstante, yo no creo que haya que personalizar en él el mal. Como sociedad tenemos que analizar qué papel tenemos frente a la prostitución. La prostitución es una enfermedad de la sociedad y es la enfermedad de los hombres de no aceptar la igualdad. 

¿Futuros proyectos?

Hacer de todo esto algo en ficción. Estoy trabajando sobre el deseo sexual de las mujeres. Hasta hace muy poco la sociedad nos impedía expresar el deseo sexual, si lo hacíamos éramos putas. Y todavía hay muchos hombres que eso no lo aceptan. Les han contado que éramos objetos para su placer. En fin, el futuro del feminismo es sentar a los hombres y decirles: “Cómprate un libro”. No voy a ser yo la que se lo cuente, haz, lee.

Publicado en Público

Contra los obsolutos privilegios de los feminismo blancos y privilegiados

¿Discriminaciones? Todas: por negra, por mujer y pobre y de izquierdas. Uno de los iconos de la lucha por la igualdad en América, Angela Davis, ha pasado por Madrid para hablar de feminismo y libertades. Volvió a dar una lección de valentía y coherencia: “Yo veo el feminismo como una estrategia contra el racismo, el fascismo, el capitalismo, la explotación económica”.

“Es filósofa, política marxista, activista afroamericana antirracista y feminista, y profesora del Departamento de Historia de la Conciencia en la Universidad de California en Santa Cruz, Estados Unidos”. Así arranca su descripción la Wikipedia. Su entrada en cualquier espacio impone: black power. Debe de ser la fuerza de ser comunista, negra, mujer y haber nacido en 1944, cuando todavía en Estados Unidos se imponían las leyes de segregación racial. Debe de ser la fuerza que aparece cuando 25 años más tarde, en 1969, como profesora de la Universidad de California y con Ronald Reagan como gobernador de ese Estado, el FBI informó de su afiliación comunista y el centro de saber desde el que impartía clases le rescindió el contrato. Debe de ser la fuerza que otorga haber nacido en un barrio conocido como Dynamite Hill (colina dinamita) por el gran número de casas de afroamericanas asaltadas por el Ku Klux Klan. No la calla nadie. Debe de ser por haber sido considerada –injustamente– una de las “criminales más buscadas” por un delito que no había cometido.

Invitada por la Asociación de Mujeres de Guatemala, Angela Davis (Alabama, 1944) estuvo en Madrid, en La Casa Encendida. No dio entrevistas: solo una charla para la prensa y una conferencia abierta al público, que dejó a decenas de personas fuera: eran muchos y muchas los que querían escucharla. Estos fueron los grandes temas que tocó.

Sobre mujeres y feminismo. “La categoría de mujeres no es unitaria. En el pasado se ha racionalizado que bajo el concepto mujeres estaba la imagen de una mujer blanca. La mayoría entendió el feminismo como feminismo blanco. Yo veo el feminismo como una estrategia contra el racismo, el fascismo, el capitalismo, la explotación económica. Así, de esa forma holística, espero que cada vez más mujeres, hombres y trans abracen el feminismo”, respondió sin vacilar. Una respuesta muy ligada a una de sus grandes máximas: El feminismo será antirracista o no será”, que por supuesto, se escuchó en Madrid.

Retos del feminismo. “Que la política no nos deje fuera, como tantas otras veces. Seguir en las calles organizadas y que el poder se impregne de feminismo”, recordaba uno de los símbolos de la lucha negra en América, autora también de la frase que decía que lo que necesitaba su país eran más políticos desempleados. “La principal respuesta contra la Administración Trump ha venido de las mujeres, que organizaron la mayor manifestación de los últimos tiempos en Estados Unidos”.

No valdrían en política, según la filósofa, los feminismo de la élite, siempre privilegiada. “Un feminismo que afecta sólo a aquellas que ya han llegado al final de la escalera económica y política, a aquellas que tocan con los dedos el llamado techo de cristal, es un feminismo que no ayuda a aquellas que están en la parte baja de la jerarquía, y que no representan al conjunto de las mujeres y de la población”.

Convencionalismos y lo binario de una perspectiva sexual que habla de hombres y mujeres. “Lo interesante del activismo trans, que ahora empezamos a entender, tiene que ver con temas relacionados con género, sí, pero sobre todo con lo que se considera normal. Hay que estudiar qué se entiende por normal. En su intervención, la activista también subrayó cómo la comunidad trans es la que más sufre la violencia, ya sea institucional o callejera. Y para este planteamiento, rescatamos su ya viejo “debemos hablar tanto de liberar nuestras mentes como nuestras sociedades”.

Fascismos y derechización de la sociedad. “El racismo ha estado siempre en el centro del fascismo. Y sí, es preocupante la vuelta de posibles fascismos en Europa y en Estados Unidos. Debemos mirarlo muy bien. La situación en Brasil, con la elecciones del domingo, y con un candidato que según los sondeos va a ganar y que es claramente homófobo y racista es muy preocupante [Efectivamente, Bolsonaro ganó las elecciones presidenciales el pasado domingo con una holgada mayoría]. Trump, por supuesto, ha reforzado en el mundo todas esas corrientes de extrema derecha”.

Migraciones y violencia. “Hay que abrazar a esa gente que huye del hambre y de esa violencia de un sistema que les ha arrebatado todo. Sufren de un capitalismo racial”, señaló la mujer que siempre quiere ha querido incidir en la violencia de las instituciones contra los más vulnerables: ya sea por raza, sexo o falta de recursos.

“Los mayores temas sobre derechos humanos tienen que ver con la situación que hoy viven los migrantes y los refugiados. Y para entender su situación hace falta repasar la historia del colonialismo y el capitalismo. Muchas veces olvidamos que su realidad actual viene generada por una serie de factores históricos. La situación de las mujeres y el feminismo también hay que verla así, como un movimiento que nace forjado por un colonialismo y un capitalismo global. No se puede asumir que las decisiones son individuales”, afirmó la mujer que se define como radical, sí, porque “radical significa agarrar las cosas desde la raíz”.

Publicado en El Asombrario