Cada 48 horas muere un activista: la lucha por la paz en Colombia

Martha Ceballos tuvo que salir de su país, amenazada de muerte. Ahora vuelve a su país, Colombia, donde la paz es realidad solo en el papel.

Desde Intermón Oxfam avisan que Martha Ceballos, defensora de los derechos humanos, regresa en unos días a su país, Colombia. Vuelve tras haber estado durante unos meses acogida por un programa de protección de la Generalitat gestionado por la ONG y Cear: estaba amenazada de muerte. La activista, una de las caras de MOVICE, una agrupación que reúne a casi 200 organizaciones de víctimas del conflicto de crímenes de Estado, sabe lo que es la guerra. A su padre lo mataron. Su delito: ser indígena en unas tierras disputadas por los actores armados. A su hermano, la primera vez le dispararon por error; iban a por otra persona” [esos horrores del relato de cuando una guerra se hace cotidiana]; y sobrevivió. La segunda que le “balearon”, le hicieron pasar por un “falso positivo”, otra forma atroz de matar en el país del café a quienes no tenían nada. Les hacían pasar por guerrilleros. “Fueron los paramilitares en convenio con la fuerza pública”, aclara.

Ceballos, que también sabe lo que es el desplazamiento, el primero, con 15 años, afirma que a pesar de todo, no tiene miedo a volver. “Ya no nos pueden quitar nada. Y eso que es tan duro, a nosotros nos hace fuertes y a ellos les atemoriza. No tenemos nada que perder”, explica suavemente. Pero más allá de su ausencia de temor, las cifras de mujeres y hombres defensores de los Derechos Humanos asesinados desde que se firmó la paz, hace apenas dos años y medio, asciende a más de 500. Dicho de otra forma, cada 48 horas matan a un activista.

La defensora colombiana, con hijos allá cuidados este tiempo por su marido, cuenta que desde que pasaron los primeros 30 días de su estancia en Barcelona, ha estado contando los días que quedaban para volver a verlos. Tomará precauciones, como explican ambiguamente quienes están amenazados. No obstante, tiene claro que quiere seguir trabajando por la construcción de la paz y por poner sobre el tapete las causas que nadie ha tratado, los motivos que tampoco aparecían en el famoso tratado de La Habana: la desigualdad atroz que vive su país y el olvido de lo que ellas llaman los “territorios”, el campo, las zonas alejadas de la ciudad y las oficinas de los ministros. “Colombia pide un S.O.S a la comunidad internacional. Pedimos un S.O.S por la vida de los defensores. Necesitamos la paz”, señala.

Ella es de Nariño, una de las áreas más golpeadas durante lo que en el país americano se ha denominado eufemísticamente “conflicto”, una de los departamentos donde la muerte y la miseria campa a sus anchas. Valga como ejemplo algunos datos que recuerda Ceballos de zonas que, como la suya, ostentan un crecimiento constante de los cultivos de coca combinado con la presencia de un sinfín de grupos armados (paramilitares, disidentes de las FARC, guerrilleros del Eln, bandas criminales y narcos mexicanas). Eso, sí, en Nariño hay todavía localidades donde la luz no llega a todas las casas. Tampoco el agua. Ni las carreteras, ni la escuela, ni los hospitales… Mientras, el Estado sigue ausente, hoy, con la paz, con los pactos firmados y desde hace décadas. Y lamentablemente, este brutal dibujo que hace Ceballos se extiende al Pacífico colombiano y a otros departamentos como Putumayo o el Cauca.

Ella en Colombia es una de las líderes regionales de MOVICE, un movimiento nacional de las víctimas de crímenes de Estado. Su tarea es visibilizar las atrocidades que se cometieron contra ellos y buscar justicia. “Lo primero que tenemos que conseguir es romper con la polarización del país y que se entienda que la confrontación no lleva a nada. Lo decimos nosotras, las víctimas, que a pesar de todas las muertes, y de la falta de voluntad política por llegar a la paz, creemos en la fuerza de la comunidad. Yo no puedo cambiar el mundo, pero sí puedo conseguir pequeños cambios y perdonar, aunque no olvidar”, apunta. Y al hablar de memoria, y tras sus meses en España, apela a la ciudadanía española a hacer un esfuerzo por destapar todo lo que se calló aquí de nuestra guerra.

Desde lo que le toca, Ceballos se niega a que se repita la historia que en su país ha fagocitado a unas 90.000 personas que siguen desaparecidas y hecho a víctimas a más de 8 millones de colombianos. “Para que no ocurra de nuevo es necesario decir lo que pasó”, dice al tiempo que cuenta con ilusión sus logros y próximos trabajos. Este verano tienen autorización para intervenir unas fosas donde fueron asesinadas decenas de personas. Estará una vez más con las víctimas. Es parte de su trabajo con MOVICE. Porque la paz, afirma, no es solo el silencio de los fusiles, “es desarrollo, es justicia y reparación, es llevar financiación a los territorios, es devolver tierras, es pensar en los campesinos y campesinas, en los indígenas”, dice la defensora que no considera que la suya sea una vida excepcional. “Trabajar en mi campo me ha permitido ver que mi historia es la de tantos y tantas colombianas. No soy especialmente valiente”, concluye a pocos días de volar a Bogotá. 

Publicado en https://www.publico.es/internacional/martha-ceballos-defensora-colombiana-48-horas-muere-activista-lucha-paz-colombia.html

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Razia Sultana, activista: “Si quieres provocar terror, tienes que ir a por las mujeres”

La defensora de los Derechos Humanos denuncia la pasividad de la comunidad internacional ante el genocidio de su comunidad, los rohingyá, “un pueblo sin tierras ni amigos”, según describe la ONU.

25.000 personas asesinadas y unos 725.000 personas desplazadas son parte del horror de la historia reciente de los rohingyá; y al adjetivar reciente nos referimos a la última década, al periodo que va del 2012 a la actualidad. Hablamos de uno de los pueblos más perseguidos del mundo, una minoría “sin amigos y sin tierra”, según describe la ONU.

Para Razia Sultana, la indeferencia ante los miles de asesinados del pueblo rohingyá no importa, si se pone enfrente de un millón de dólares.

Los rohingyá, desplazados forzosamente a su vecino Bangladesh, a quienes su país, Myammar (antigua Birmania) les niega la ciudadanía, son casi un millón de personas que conforman una minería étnica, lingüística y religiosa que sufre lo que muchos denominan una “limpieza étnica”. Razia Sultana, abogada y activistabirmana habla sin miedo de genocidio, de incitación al odio (desde las escuelas y redes sociales) y de cómo el Ejército de su país ha utilizado el cuerpo de las mujeres para generar terror: la violación como arma de guerra. La activista pasó por España invitada por la Asociación de Mujeres de Guatemala.

¿Cómo se puede explicar la impunidad y las terribles cifras de asesinatos, desplazamiento y violaciones que denuncian y reconocen entidades como Naciones Unidas?

Es un asunto de geopolítica. Nuestra gente no importa nada, si la pones delante del dinero. Dicen: “Es una población pequeña. No importa”. Sí, la comunidad internacional conoce la tragedia del pueblo rohingyá pero no tienen ninguna intención de resolverlo.

¿Pequeña, una comunidad con 25.000 personas asesinadas?

Si pero eso no es nada, si lo pones enfrente de un millón de dólares. Todo es un negocio. Hasta la ayuda, que pareciese además que es lo único que puede hacer la comunidad internacional. 

Necesitamos Justicia para cambiar el sistema: las leyes internacionales no funcionan. El genocidio está probado, pero no hay cambios…

Tanto usted como otras organizaciones hablan de un discurso del odio lanzado desde el gobierno.

La abogada y activista birmana Razia Sultana, en Madrid. TEO BARBA/La Casa Encendida

Sí. Eso es una realidad desde el año 2012. Se hace desde las redes sociales, pensando en la población general, y desde las guarderías, para que desde muy pequeños los niños y niñas odien. Les dicen que somos agresivos, que no tenemos derecho a vivir y que otras religiones más allá del budismo no se permiten en Myammar. Les cuentan que Birmania es solo para los budistas.

Otro de los horrores que denuncia es la violación de las mujeres como arma de guerra por parte del ejército birmano.

Sí, la violación contra nosotras como principal arma a utilizar. Porque si tú quieres provocar terror, tienes que ir a las mujeres. Y eso lo están haciendo. Especialmente desde 2012, años en los que hemos vivido a gran escala abusos, violaciones y mutilaciones.

Solo hay que hablar con los refugiados que vienen huyendo del Ejército. He entrevistado más de 300 mujeres y cada una de ellas confirma la utilización de sus cuerpos como arma de guerra. 

¿Cómo es la situación en los campos de refugiados de Bangladesh, donde sus compatriotas llevan años?

Terrible. Solo pueden hacer una cosa: esperar. No hay nada que hacer. Esperar ayuda, esperar comida, esperar asistencia. No hay colegios. No hay trabajo. Simplemente… vegetar.

Bangladesh, siendo un país absolutamente pobre, está siendo muy generoso: nos está acogiendo y dando refugio. Pero, ¿hasta cuándo? No tienen medios y las consecuencias de mantenernos son muy difíciles. 

Simplemente la falta de escolarización de los niños refugiados supone que tendremos una generación de iletrados, de gente que no saber hacer nada. No les estamos dando un futuro y eso es desesperante. Para ellos, y potencialmente para Bangladesh y para todo Asia. Estamos criando una generación de desesperados.

La abogada y activista birmana Razia Sultana, en Madrid. TEO BARBA/La Casa Encendida

Representa a varias organizaciones de mujeres. ¿Se están organizando?

Sí, tengo una pequeña organización y soy miembro de varias entidades. En 2017 creé una entidad que he llamado Rohingya Women Welfare (ROWW). Desde ella estoy trabajando en temas vitales como salud primaria, higiene, violencia de género… Bangladesh funciona porque está gobernado por una mujer, Sheikh Hasina Wazed, primera ministra.

Sí, pero Myammar, su país también está regido por otra, Sheikh Hasina Wazed, cuyo nombre no se puede separar del genocidio de su pueblo.

Yo no creo que ella sea una mujer. Ella es un bróker. Sí, qué triste, un premio Nobel de la Paz que en su día fue mi ídolo.

A pesar de todo, ¿tiene esperanza?

Sí, sin duda. Se cambiarán las cosas, porque se deben cambiar. Y mi comunidad volverá a su propia tierra, afirma emocionada.

Publicado originalmente en https://www.publico.es/sociedad/femenino-plural-razia-sultana-activista-quieres-provocar-terror-tienes-mujeres.html

‘Sin miedo’, el cine como acción política

Un documental, que empieza con unos personajes en busca de un director, acerca la tragedia de los miles de desaparecidos en Guatemala

“En los documentales son las historias las que se tropiezan contigo”, explica Claudio Zulian (Campodasergo, Italia, 1960), director de la película Sin miedo, una cinta basada en los testimonios de los desaparecidos de la dictadura guatemalteca. En su caso, visitaba el país maya con motivo de una bienal de arte y llegó a ellos por azar, por una amiga que quiso que conociese su historia. Fue así como el documentalista se encontró a los “peticionarios”, un grupo de familias que querían, entre otras cosas, que se cumpliese la ley. Años antes, en 2012, la Corte Interamericana de Derechos Humanos había condenado al Estado de Guatemala por los crímenes cometidos contra su población. Entre las medidas de reparación se encontraba la realización de un documental que contase lo que allí pasó, algo que jamás ocurrió. Ante la inacción, ellos se movieron, hicieran un casting de directores, de guionistas y productoras y se pusieron a la “caza” de un director que contase al mundo que allí, en un país de ocho millones de personas, con 45.000 desaparecidos y 200.000 muertos, se vivió una de las represiones más salvajes de América Latina.

“Especialmente por la historia que reflejo, la de ellos, intenté desde un principio romper con la dinámica tradicional del documental en la que el cineasta dirige y escribe un guión para ir construyendo un relato predefinido. Aquí lo importante era lo que ellos querían, debía narrar lo que les importaba y sentían”, explica Zulian. De ahí que en la cinta se introduzca el dibujo o la fotografía para intentar pensar y reconstruir cómo serían esos hombres y mujeres que ya no están. Por medio de ellas, los familiares –sin un registro gráfico de sus seres queridos- imaginan cómo serían y consiguen, de alguna forma, seguir denunciando y sanar, según explica el cineasta. “Tenían razón ellos. La memoria la construimos con audiovisuales y empezamos a no distinguir qué hemos vivido o qué hemos visto. La película aborda eso y les hace presentes en la acción de sus familiares”, señala Zulian.

Así, a pesar de una Guatemala  lejos de funcionar, donde impera la violencia de una forma extrema –a pesar del fin de la guerra civil- y persiste la corrupción y la impunidad, emociona cuando los protagonistas “eligen” el título de la cinta, Sin miedo, a pesar de las amenazas, del dolor de los muertos y de una actualidad que sigue desgarrando. “La pobreza y la opresión no son un destino. Vamos a seguir luchando porque los volvieron inmortales”, afirman los familiares de esos miles que se llevaron. La cinta se estrena en España en cines el próximo 20 de abril y empieza su periplo por América Latina. En Guatemala hubo en noviembre un pase en la capital en noviembre y empezará a rodar por centros culturales. FIN

Publicado en El País