Nuria Varela: “A las mujeres nos toca ser cigarras”

Feminista, periodista y experta en género, publica este mes de febrero Cansadas (Ediciones B), un libro en el que grita su hartazgo sobre la violencia contra las mujeres, el desdén hacia ellas y la vieja y nueva misoginia. Nuria Varela es también la autora de Feminismo para principiantes.

“Estamos cansadas, sí. De las medias verdades y de las mentiras a medias. De los micromachismos, del velo de la igualdad y de los mitos que rodean el amor. Cansadas de pintar las paredes sin poder tocar los cimientos. Cansadas de la violencia, de todas las violencias, de los embargos, las guerras y las postguerras. De las batallas en el frente y en la retaguardia. De todas las trincheras. Cansadas del desdén, de la vieja y la nueva misoginia, de la cultura de la violación y del mansplaining, de la cultura del simulacro y de la RAE… Suena de lujo, pero no creo la máxima. No te creo cansada montando un volumen como este. 

Bueno, quizás el título que he elegido sea una forma correcta para hablar de hartazgo. Porque sí, por una parte hace referencia a un cansancio físico, pero también al aburrimiento de seguir defendiendo una causas por las que no tiramos la toalla y se avanza, pero con matices. Porque no solo estamos indignadas; es más. Estamos cansadas, un aspecto que hasta tendría un coste en nuestra salud, como bien cuentan otras compañeras. Fíjate, cuando Rosa Parker hizo historia y no se levantó del autobús fue criticada por algunos que dijeron que estaba cansada. Ella dijo que sí, claro, que también, pero que sobre todo estaba harta de que la relegaran. Por eso digo que estamos cansadas de la crisis, de lo insostenible de la desigualdad, de los nuevos machismos…

Pero cansadas, no podremos hacer mucho. 

No, claro. Hay que pensar en estrategias.

¿Cómo cuáles?

Primero, hay que ponerle nombre a las cosas, que es algo que el feminismo lleva siglos haciendo. Y luego, tenemos que desarticular los mecanismos que llevan al retroceso, a esos neomachismos que son ahora más sutiles que nunca. Porque vemos los datos y alarman: la violencia no disminuye y ni uno solo de los indicadores que hablan de igualdad ha mejorado. Mira el uso de los tiempos, la economía de los cuidados, la precariedad de la situación laboral y económica de las mujeres. Los mecanismos del patriarcado se han rearmado y eso está provocando cambios clarísimos.

¿No se enteran los partidos políticos? Si simplemente mirasen el potencial de votos…

Los partidos políticos lo entienden. Cómo no lo van a entender. Lo triste es que no les da la gana. Los partidos de izquierda no son feministas. Ninguno. El feminismo tendría que ser la norma, y no la excepción. Y debería aplicarse no por conseguir votos, sino porque aporta un pensamiento y una mirada más justa del mundo.

Y aparte, lo que es una anomalía democrática es que haya tan poca formación de género entre quienes dirigen y gobiernan. No se explica que quiénes trabajan en derechos humanos no sepan de género.

Suena duro lo que cuentas. Dices también pertenecer a una generación, la de finales de los 60, desaprovechada. Resulta poco esperanzador. 

Ojo, si me atengo a los datos como los de la violencia de género, sí, el panorama es terrorífico. ¡Ya está bien¡. Pero el mensaje que lanzo no es triste o desesperanzado. En el libro también digo que queremos ser cigarras, que queremos cantar, que nos escuchen, que no nos den lecciones. Hormigas, que sean ellos.

¿Tu libro lo leerán los hombres?

No lo sé. Sí que puedo decirte que Feminismo para principiantes lo vieron muchos hombres. Porque uno de los grandes déficits es que ellos siguen sin sentirse aludidos de esa desigualdad que es real. Hace falta formación. Y el libro no solo lo he escrito para que me lean las mujeres. FIN

Publicado originalmente en el Newsletter Fundación Atenea, enero

“Desde las cárceles hay que empoderar a las mujeres”

Experta en género y sistemas penitenciarios, Concha Yagüe se acaba de incorporar a la Fundación Atenea como patrona para trabajar especialmente en esos dos temas. Uno de sus objetivos: dar visibilidad a las mujeres presas y trabajar en equidad.

Denuncias desde hace décadas la peor situación de las mujeres en prisiones. No hay igualdad en el trato que reciben las mujeres con respecto  a los  hombres, señalas. 

Sí, como en el resto de los ámbitos, académico, político, familiar o empresarial, falta mucho para la igualdad. En España, con la incorporación de las leyes específicas relacionadas con este tema, hemos avanzado, pero en un campo tan estructurado y masculinizado como el nuestro arrastramos normas y sistemas de trabajo de hace tres siglos,  dictados por hombres que veían a las mujeres solo desde su perspectiva y en un papel secundario.

Las cárceles están pensadas para hombres, desde su arquitectura, el diseño de la seguridad, que afecta a la restricción de movimientos de las presas o la lejanía a sus hogares, dado que hay menos centros y eso obliga a una mayor lejanía respecto a sus casas. En otras palabras, las mujeres presas sufren precariedad de espacios, lejanía de su entorno familiar y protector, menores posibilidades capacitación y una mayor mezcla de perfiles criminales… La falta de una visión con perspectiva de género está en todo; también en los detalles, como que no exista un espejo de cuerpo entero. Esto último parece anecdótico, pero no pensarlo es no hacerlo en las mujeres, a quienes toda la vida se las ha socializado para ser muy conscientes de su imagen corporal. [De la forma de empatizar de Yagüe habla un gesto: durante las casi dos décadas en las que estuvo como una de las cabezas de Instituciones Penitenciarias tuvo siempre las fotos de sus hijos en su despacho. Era su forma de tener presente las necesidades de las reclusas que también tenían hijos con ellas].

¿No se ve este problema? ¿No avanzamos?

Las mujeres viven y sobrellevan estas condiciones de inequidad y discriminación  sin que se perciba conscientemente, que es lo peor. Las decisiones, las normas y  prestaciones están para atender las necesidades de la población mayoritaria que son los hombres, sin pararse a pensar si son adecuadas para las mujeres. Nadie pretende que las desigualdades que arrastramos desde hace siglos se resuelvan de repente, pero lo cierto es que la crisis económica ha funcionado, de nuevo, como una coartada contra ellas, que han quedado relegadas de una forma patente. Las políticas públicas anteriores que hablaban de planes de igualdad, módulos de respeto, de unidades de madres, programas de intervención, no se han suspendido, pero han dejado de valorarse y se han quedado sin recursos y medios. El foco hoy está más en la seguridad y la contención, que es absolutamente legítimo, pero… deja lejos resolver la inequidad.

¿Se podría hablar de un perfil de las presas españolas?

Aunque no es homogéneo, se puede hablar de tres tipologías por las que entran: delitos contra la salud pública; contra la propiedad y pequeñas estafas y algún caso de homicidio y lesiones, muy lejos cuantitativamente de los cometidos por ellos. Estudiando los perfiles desde un punto de vista más personal, podríamos hablar de extranjeras, muy vulnerables, y metidas en redes de prostitución o drogas; nacionales, casi todas por tráfico de drogas, con un importante número de población gitana. Otro aspecto a señalar es que, según diversos estudios, casi el 80% de ellas ha sufrido violencia intrafamiliar o de pareja.

Por todo esto, resulta fundamental incluir la perspectiva de género en las políticas penitenciarias para entender y repensar estas diferencias;  por qué entran las mujeres en las cárceles y también por qué entran en menor número que los hombres. Hay muchas razones, pero una es el instinto de protección, la familia, la dependencia del marido. Ellas, antes que cometer un delito que pueda implicar cárcel optan antes por otras vías, como la prostitución o la migración.

¿Qué ocurre en temas de salud mental en las prisiones de mujeres? 

Más allá del deterioro físico y mental de la dependencia prolongada de drogas, (un tema común para hombres y mujeres), la principal diferencia en ellas es que hay mayor sobremedicación.Podemos hablar de baja autoestima, de dependencia exagerada de la figura del varón, de falta de expectativas personales. Por eso es importante trabajar con ellas de manera personalizada, y específica. La prisión puede ser un momento muy importante para la reflexión y nos permite trabajar en su empoderamiento. FIN

Publicado en la newsletter de la Fundación Atenea, Newsletter Atenea (1º quincena enero)

María Pazos: “Lo ineficiente es la inequidad”

 

Matemática, estadística y experta fiscal, esta investigadora y feminista coordina la línea de investigación ‘Hacienda Pública e Igualdad de Género’. Defiende que las políticas públicas vigentes proporcionan incentivos económicos para que se mantenga la familia tradicional y no permiten que ambos sexos puedan repartirse igualitariamente el cuidado de sus criaturas y personas dependientes e impiden a muchas mujeres mantenerse en el empleo de calidad durante toda la vida. Fue una de las ponentes de la jornada organizada por la Fundación Atenea para hablar de Género e Inclusión social.

Tu último libro, Desiguales por ley (políticas públicas contra la igualdad)… tiene cuanto menos un título llamativo…

Sí, es verdad. Tiene un título del que estoy muy contenta: es muy gráfico. Porque lo que pretendo es acusar a las políticas públicas de no hacer. Nos venden la moto  de que no se puede, de que no hay solución a la desigualdad que recae sobre las mujeres con los cuidados de los pequeños y los mayores y eso es totalmente falso. Antes se defendían bajo argumentos biológicos que han caído… Sin embargo, las soluciones están muy claras.

¿Cuáles son esas soluciones? Porque parece que nadie las ve.

Atacar las raíces de la diferenciación del trabajo. Se trata de extender los derechos para todos y todas y a la vez de solucionar las necesidades urgentes de la población. Y lo mágico es que hay que hacer ambas cosas a la vez.

El Estado de bienestar debe ser inclusivo y generalizado, debe profundizar en los derechos que hasta ahora no llegan por igual a hombres y mujeres. Por ejemplo, si se dotara de medios y voluntad a la Ley de Dependencia, se estaría resolviendo una necesidad de las familias con personas dependientes a su cargo y se igualaría en derechos a las mujeres, que deben asumir hoy esa carga de trabajo a su costa. Pero, ¿qué hace el sistema? Nada. Y el problema recae sobre nosotras, que acabamos en una situación de esclavismo, y tampoco se da una buena respuesta a esas personas dependientes. Todo cambiaría si se optase por crear empleo para esa necesidad. Habría que remunerarlo, dar cobertura a las miles de mujeres que fuera de cualquier estatuto realizan esos trabajos y dar dignidad y calidad a los mayores y pequeños.

Para muchos ese es un mundo idílico. Los más neoliberales dicen que bajo ese esquema las cuentas no salen. 

Es mentira. Esa es la gran falacia del neoliberalismo, aliado con el patriarcado. Lo que es ineficiente es la desigualdad. Lo dice la Unión Europea, el Foro Económico de Davos, la OMS… Despilfarramos recursos. El Producto Interior Bruto crece si se crea empleo de calidad para las mujeres. Pero, claro, para eso hay que proveer de servicios públicos, que es un gasto menor comparado con lo que se aporta. Se ve en la práctica. Las mujeres, bajo este sistema, se descuelgan del mundo laboral por años y, de esa forma, se tira por la borda un ingente capital humano. El sistema es ineficiente teniéndolas en casa. Sería mucho más interesante (desde de lo económico, pero también desde lo que supondría para la salud y calidad de vida de todos) contar con residencias de calidad, por ejemplo. Y ocurre lo mismo con los permisos de maternidad y paternidad. Igualarlos, que sería una revolución, no cuesta dinero.

Desde hace más de diez años representas y eres responsable de estudios relacionados con fiscalidad y género, ¿han cambiado las cosas desde entonces? 

No. En realidad, se han deteriorado por la llamada crisis. Hemos retrocedido por los recortes que afectan gravemente a las mujeres. Tuvimos una gran oportunidad con Zapatero en cuanto a cambios en políticas públicas. Durante su primera legislatura hizo grandes reformas de derechos civiles, pero no económicas. Consiguió eso sí que la población tuviera más expectativas de igualdad, se quedo en la línea para dar el salto, pero no lo dio.

Hablemos de política. ¿Son realmente feministas los partidos?

Si estudiamos los programas, el más feminista es el de Podemos. Es el que ha llevado de una manera más clara el tema de equiparación de permisos, porque aunque el Psoe lo hace, lo defiende de una forma más ambigua. ¿El resto? Nada.

Pero lo cierto es que no hay ningún partido que busque los cambios estructurales que demanda el feminismo. Se dice, pero no se asume de una forma auténtica. Sí es verdad que se hacen cosas tímidamente, pero es como si las cúpulas de los partidos no quisieran realmente cambiar las cosas.

Llevas años defendiendo una economía feminista. ¿Qué se entiende por ella?

Para que una economía sea feminista debe atacar la base del patriarcado y eliminar la división sexual del trabajo. Falta mucho. FIN

(Entrevista realizada para la Fundación Atenea)

La difícil ecuación del feminismo y la política

“Quien es feminista y no es de izquierdas, carece de estrategia. Quien es de izquierdas y no es feminista, carece de profundidad”, Rosa de Luxemburgo

Con esta fabulosa cita arrancaba un reportaje sobre Podemos y feminismo, una ecuación todavía difícil de resolver porque para que el feminismo triunfe, es decir, la igualdad, hacen falta cambios estructurales. Es necesario truncar la cultura patriarcal. Pero no es fácil. Por eso muchas veces los feminismos quedan relegados a un segundo plano. También en Podemos, explicaba para Tintalibre en su edición de diciembre que recojo en parte en este blog.

Cuando el partido morado surgió de las calles, enseguida se escuchó aquello de “la revolución será feminista o no será” entre sus asambleas. Pero para muchas feministas, la forma de entender la igualdad entre mujeres y hombres de la nueva formación resultó poco. En cuanto a contenido, volvía a quedarse en lo teórico, en un círculo, señalaban. (…) La lucha por llegar a gobernar relegaba la propuesta económica y social que defiende el feminismo, a una fase posterior, a una segunda etapa. Antes que los cambios por la igualdad, importaba correr y hacerse con el poder. Hasta el nombre con el que el grupo político fue a las urnas, Unidos Podemos, resultó excluyente para un importante sector de las feministas.

“Podemos no es feminista como no lo es ningún partido político ni ninguna institución. Porque todos los partidos y todas las instituciones continúan siendo androcéntricos y porque el poder de las mujeres feministas dentro de los partidos sigue siendo un poder delegado: te ponen, te borran; te dan más poder, te dan menos, según convenga. Pero dicho esto, lo cierto es que Podemos está lleno de feministas”, escribía en Público Beatriz Gimeno, senadora por Madrid de la coalición y una de las escritoras feministas más reconocidas del país. Preguntada al respecto, responde que la política es un sitio áspero y que Podemos quizás hasta más, porque han tenido que pasar de cero a mil en dos años, señala. Niega que los feminismos sean solo un círculo y defiende que el feminismo se entiende en su partido de una forma transversal en todos sus programas.

Pero cuesta, no hay duda. “Me temo que las mujeres están en la “nueva” política tal y como estaban en la “vieja”, es decir, sin tocar verdaderamente el poder y sin tener eso que Celia Amorós llama la completa investidura. Me temo que vuelven a ser las traicionadas, como lo han sido a lo largo de la historia, por revoluciones en las que ellas se dejan la piel pero luego, a la hora de repartir poder, suelen quedar en las afueras”, comentaba hace unas semanas Octavio Salazar en una jornada sobre género e inclusión.

(…)

En esa difícil lucha por cambiar las estructuras que habla de la necesidad de que ellos pierdan privilegios, Lidia Falcón, fundadora del Partido Feminista y parte de Izquierda Unida, criticaba desde dentro la última campaña del grupo nacido el 15M. La señalaba de masculina. La abogada y feminista afirmaba que la contienda electoral no había contado con la participación de feministas, ni en las listas ni en los actos. Y lo peor, sugería, “asuntos tan sangrantes como los feminicidios que se cometen cada dos días, solo han consumido ocho segundos del valiosísimo tiempo de Pablo Iglesias, en el debate televisivo más importante”. No es la única pega que se escucha sobre la agrupación morada. Una parte del feminismo les reprocha que no sean valientes a la hora de posicionarse en contra de la prostitución o los vientres de alquiler, dos ejemplos de mercantilización del cuerpo de las mujeres, apuntan.

“En Podemos puede estar ocurriendo lo que pasa en casi todas las organizaciones mixtas de izquierdas: que hay que convencer a los compañeros de que la agenda feminista esté de verdad en los programas y que no hablamos solo de sexualidad y derechos reproductivos, conciliación y permisos de paternidad. Nuestra propuesta política es un cambio sistemático que atañe al urbanismo, a la economía, a la política internacional…”, señala Irantzu Varela, feminista y en las listas de Bildu, que también vive la tensión de señalarse feminista dentro de una estructura patriarcal. “Ser mujer y feminista en un partido resulta incómodo: hay que hacernos sitio”, resume.

(…) Gimeno afirma que no se trata tanto de convencer del feminismo, sino de imponerse para conseguir mayores cuotas de poder y ejercerlo para hacer una política más inclusiva. Y sin miedo habla de un feminismo más impugnador, sin caras amables y que repita que ellos han de ceder privilegios. Pero falta. Y la feminista de Podemos llega a afirmar que hoy sería imposible que una persona que se declare eminentemente feminista fuese elegida como primera opción para dirigir un país. ¿Por qué? Porque una parte, los hombres, deberían de ceder. Una política auténticamente feminista, repite, sería aquella que se dirigiese al total de la población, al 100 por cien, y no solo a las prioridades de los hombres, que son los que hasta ahora han escrito las leyes, señala.

 

(…) ¿Soluciones? Seguir luchando en todos los frentes, propone Gimeno. No desistir. “Hay mucho trabajo, pero estamos dispuestas”, concluye Irantzu Varela que recuerda lo importante que será siempre apoyarse en los feminismos autónomos, la vanguardia, para seguir avanzando, a pesar de todo. FIN

 

 

El colectivo son los hombres

Hace años (no tantos) aprendí a hablar de mujeres. Por cultura, por la misma que tuve que desaprender muchas cosas para poder afirmar que soy feminista. Porque serlo cuesta y solo tras digerirlo, entendí que lo correcto era mencionarnos en plural, como mujeres. El singular nos empequeñecía por el mismo efecto que los derechos de los trabajadores disminuirían si hablásemos en singular. Pero ojo, tampoco vale la consideración de que las mujeres (ahora sí, en plural) somos un colectivo. Entenderlo así nos excluye. No es nuevo: el lenguaje y sus malversaciones, señoras y señores (y ojo, aquí nadie se escandaliza ante la utilización de los dos géneros), importan, claro que sí.

Lo decía bien claro el otro día la socióloga Soledad Murillo en una jornada sobre Género e Inclusión organizada por la Fundación Atenea. “No comparto que a las mujeres, que somos el 51% de la población, según datos del INE en enero de 2016, se nos trate de colectivo. Porque la minoría —eso sí, con poder y privilegios— son hombres. El problema es que siga habiendo temas de género, y no imparcialidad y democracia en todos los sectores”, apuntaba una de las madres de la ley de igualdad. Y puestos, cifras en mano, el colectivo serían ellos, que son menos, sugiero yo…

La malversación de ese significado que nos hace seguir siendo inscritas en planes específicos, en círculos, en subcomisiones, y el del término conciliación (y no corresponsabilidad) fueron los temas que más se repitieron durante el encuentro, celebrado en el corazón del Ayuntamiento de Madrid, que vibró durante todo el día por un claro discurso feminista y revolucionario: se buscaban soluciones para la igualdad

Se trataba de evidenciar las nueve vulnerabilidades que Atenea considera son importantes contemplar para que todos y todas seamos ciudadanos y ciudadanas de pleno derecho. El planteamiento era claro: si no analizamos el acceso a la vivienda, al empleo —con una brecha de género del 20% en nuestra contra—, la salud de unos y otras (donde por el mero hecho de ser mujeres nosotras pagamos físicamente la factura de ser cuidadoras de forma casi exclusiva); la educación y los techos de cristal; la economía (basada en un patrón que habla y premia los afterworks para esos señores que son el 49%, entre otras cosas); la participación de la ciudadanía, las relaciones macrosociales… seguiremos siendo parte de un modelo excluyente o un colectivo que debe asumir asuntos propios de su género, como la maternidad.

“Los derechos de las mujeres no son los de los Derechos Humanos, son los de cuidar”, se escuchó, al tiempo que se repetía que hay que cambiar las políticas neoliberales basadas en una violencia estructural que castiga a mujeres. “¿Dónde están las mujeres en la nueva política?”, se preguntaba uno de los ponentes mientras apelaba a la necesidad de que los hombres pierdan privilegios.

Hablaban Carlos Molina, María Pazos, María del Mar García Calvente, Alicia Miyares, Soledad Muruaga, Lina Gálvez, Octavio Salazar, Beatriz Ranea y Pilar Foronda, entre otros. El cierre lo puso Criaturas del Aire, un grupo de músicas y feministas, cómo no. Antes se recordaron algunas proclamas ya conocidas pero que seguro es bueno recordar: “Lo personal es político” y el feminismo como compromiso ético, algo que la Fundación Atenea parece tener claro. Porque ellos, que nacieron hace tres décadas para atender a la población drogodependiente, consideran fundamental poner la vista en el género para poder hablar de una ciudadanía plena, la de ellas, la de nosotras, ese “pequeño” grupo del 51% de la población.

Publicado originalmente en http://elpais.com/elpais/2016/11/04/mujeres/1478261247_898961.html

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“La paridad debe ser un objetivo constitucional”

Es feminista y se define como constitucionalista heterodoxo. Es experto en igualdad de género, nuevas masculinidades, diversidad cultural, participación política, gobierno local y derechos LGTBI. Así respondía Octavio Salazar para la Fundación Atenea. Fue uno de los ponentes de la Jornada Género e Inclusión, organizada por Atenea el pasado 28.

¿Cuáles fueron tus impresiones del encuentro organizado sobre género e inclusión?

La jornada fue intensa y apasionante, sobre todo por dos motivos. Primero, porque supo tener presente las diferentes perspectivas desde las que el género continúa actuando como factor de exclusión. Segundo, porque lo hizo desde una perspectiva multidisciplinar, poniendo en relación múltiples saberes y además el conocimiento científico con la praxis social.

¿Cómo estamos de lejos de la paridad que reconoce la propia Constitución?

La paridad no está reconocida por la Constitución española. ¡¡¡Qué mas quisiéramos!!! Las mujeres apenas están en la Carta Magna de 1978, más allá del principio de igualdad y no discriminación del artículo 14. La paridad es, debería ser, un objetivo constitucional y la clave de unas política de igualdad que han de partir del reconocimiento de que la democracia o es paritaria o no es tal democracia.

Relatabas un panorama complicado para las mujeres marcado por el patriarcado, por las políticas neoliberales, el mito de la libre elección, la crisis del Estado social y lo que denominabas contrarreforma patriarcalpara preguntarte, ¿dónde están las mujeres en la nueva política? Ahora te lo pregunto yo. ¿Dónde están?

Me temo que las mujeres están en la “nueva” política tal y como estaban en la “vieja”, es decir, sin tocar verdaderamente el poder y sin tener eso que Celia Amorós llama la completa investidura. Me temo que vuelven a ser las traicionadas, como lo han sido a lo largo de la historia, por revoluciones en las que ellas se dejan la piel pero luego, a la hora de repartir poder, suelen quedar en las afueras.

¿Por qué las políticas de igualdad siguen siendo frágiles?

Porque siguen obedeciendo a dos mecanismos jurídicos insuficientes: los propios de un “soft law”, o derecho blando, sin capacidad coactiva; y porque no responden con fidelidad a lo que debería ser un auténtico y operativo “mainstreaming” de género. Si a eso le sumamos que son políticas que no se evalúan, que no se dotan de suficientes recursos y que están siempre en manos de las voluntades políticas de turno, el panorama es ciertamente desalentador.

¿Cuánto y cómo deben cambiar las culturas y saberes para una inclusión verdadera de las mujeres?

Las culturas y los saberes deben superar los paradigmas androcéntricos y patriarcales. Deben dar visibilidad y reconocimiento a las voces de mujeres y superar los criterios de mérito y autoridad que de manera exclusiva seguimos otorgando y monopolizando los hombres.

“Las mujeres somos ciudadanas con los derechos recortados”

 

Es una de las “madres” de dos leyes fundamentales para las mujeres: la de Violencia de Género y la de Equidad. Soledad Murillo será la encargada de abrir la Jornada sobre Género e Inclusión social que Atenea organiza el próximo 28 de octubre.

Es socióloga, investigadora, trabaja en la Universidad y ocupó –con Rodríguez Zapatero- el primer cargo político en material de igualdad. Su principal línea de investigación surge del análisis del tiempo en cuanto que es el principal capital de las sociedades desarrolladas

 La Jornada que abres se llama Género e inclusión social. ¿Qué tratarás?

Las líneas maestras de mi ponencia pasará primero por explicar qué es la exclusión social, para que se entienda que estamos hablando de situaciones de necesidad tanto coyunturales (cuando se reciben prestaciones pero no hay riesgo de perder las redes personales) y estructurales (cuando además de recibir las ayudas, las personas que la padecen ya no tienen red o tienen una edad que les hace difícil cambiar el rumbo de sus vidas). En el caso de las mujeres, su riesgo de exclusión es mayor por la responsabilidad que recae en ellas de ser la parte nuclear de la familia. Pondré un ejemplo, las mujeres toxicómanas pierden toda su red, especialmente si son madres. Ocurre parecido con las mujeres con alguna discapacidad adquirida: sus relaciones afectivas se rompen. Al revés nunca sucede: una mujer puede cuidar de su compañero más decidida que nunca…

¿Cómo de necesario es congeniar los temas de género para que las mujeres entren de una forma igualitaria en la sociedad?

Para empezar, no coincido con la palabra “temas de género”, porque no entiendo que a las mujeres, que somos el 51% de la población (datos del INE, enero 2016), se nos trate de colectivo. Porque la minoría -eso sí con poder y privilegios- son los hombres. El problema es que siga habiendo temas de genero, y no imparcialidad y democracia en todos los sectores.

Hay leyes, grandes avances, como la de Violencia de Género y la de Igualdad Efectiva, pero no parece suficiente. ¿Por qué?

Hay leyes que parecen no ser suficientes, totalmente de acuerdo, como la Ley Tributaria y la corrupción y la evasión de capitales. La diferencia es que cuando se trata de temas que garantizan la seguridad de las mujeres, se ponen en duda, pero nunca se cuestiona la efectividad de otras leyes que se vulneran una y otra vez. Esto es una muestra del lugar que ocupan las mujeres en la sociedad: una ciudadanía con derechos recortados.

¿Cómo resolver la economía de los cuidados y qué hay que hacer para que la sociedad (empresas, Estado y ciudadanía) entienda que la corresponsabilidad es un asunto de todos? ¿Consideras que las mujeres estamos fracasando a la hora de trasladar este último mensaje?

Nosotras somos las únicas que lanzamos el mensaje de la corresponsabilidad. No entiendo como chicos, padres o no padres, amantes o compañeros de piso no son capaces de pensar que pueden estar expropiando tiempo a las mujeres mientras que, acto seguido, se manifiestan contra cualquier vindicación. Es como si tuvieran muy claro que ellas son las principales responsables. A los chicos les toca ponerse a gritar por la corresponsabilidad con las mismas ganas que celebran un gol de su equipo. Por parte del Estado no se destinan presupuestos a los servicios públicos de cuidados de cero a tres años, entre otros problemas.

¿Cómo cambiar los roles para que los hombres también hagan suyo el espacio doméstico y las mujeres entren con más fuerza y de un modo más equilibrado a las esperas públicas y privadas?

Hace falta más intransigencia por parte de las mujeres que cuando se enamoran actúan de servidoras. Sólo así se cambiarían las roles. Sé perfectamente que eso nos ha pasado a todas, pero sino fuera por lo grupos feministas, nos hubiéramos sentido con el malestar de saber quién pone más en la relación en el espacio doméstico, pero sin poner nombre a lo que sucede. Emanciparse empieza por las relaciones afectivas, donde nadie “sostenga” los proyectos de nadie, sino que se sumen proyectos.

Mujer y política. Los partidos políticos tradicionales han desatendido, en parte, a más del 50% del electorado, mujeres. ¿Por qué no entran de lleno en asuntos vitales como la economía de los cuidados, que eterniza los roles? 

Todos los partidos políticos lo tienen en sus programas, pero hacen falta mujeres feministas para hacerlos efectivos. Sino hubiera sido por mi formación, mi compromiso y sobre todo, el conocimiento que han aportado las redes feministas, cuyos materiales utilizaba en todas mis reuniones, hubiera sido muy difícil defender las dos leyes en las que participé: la de Igualdad y la de Violencia.

Mujer y política. ¿A los políticos les da miedo el término “feminismo”?

A los partidos progresistas no les da miedo el termino feminismo, pero luego un líder como Iglesias dice que azotaría a una presentadora hasta hacerla sangrar, en una alusión sádica que le resulta sumamente erótica y es un mensaje “privado”. O en el PSOE insultan a la entonces vicepresidenta del gobierno, Fernández de la Vega en el Congreso, y sólo se levantan las diputadas del PSOE e IU, mientras que los diputados de las mismas formaciones miran perplejos como si no fuera con ellos. No importa lo que un partido diga o escriba en un programa, lo importante es qué hace, o cómo se justifica cuando es un misógino. FIN

Publicado en Fund Atenea, 2º quincena de septiembre 2016

Señora Dalloway: una editorial para hablar de mujeres que se rebelan

A mediados de junio nacía una nueva editorial, Señora Dalloway, un espacio concebido como feminista y para escritoras, una plataforma para hablar del “tumulto interior de una mujer que se rebela”, explica Carmen G. de la Cueva, la madre de esta aventura en el prólogo del primer hijo de la editorial, La Tribu (volumen 1). Parafrasea a la poeta norteamericana Adrienne Rich cuando decidió romper con la estética de lo establecido y construir su “cuarto propio”.

Pero detrás de esta historia no hay una familia al uso: nada de un padre y una madre como mandan las reglas; hay una Tribu de Fridas, escritoras que ponen en negro sobre blanco literatura con mayúsculas y, convocadas por la directora de este aquellarre (Carmen, desde su pequeño pueblo de Sevilla y a partir de un blog, escriben, son y están, a pesar de todo. Y lo hacen sin prejuicios, desde una óptica feminista, sin restricciones y con toda la amplitud y contradicciones que supone hablar de mujeres y de creación.

El primer volumen es una cuidada antología de Fridas poetas, Fridas ilustradoras, Fridas fotógrafas y Fridas escritoras que hacen textos con cuadros de palabras, se ríen de lo que significa ser gorda, explican las claves de los fanzines feministas, componen canciones para niñas bobas y poemas sobre lo que significa tener “el vientre en llamas”, en un apartado especial sobre la maternidad, donde cabe hasta el aborto. Hay espacio también para homenajes a creadoras, como Elena Fortún.

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Este libro es, según se escuchaba en la festiva presentación, “una salida del armario”, una más, de un grupo de iguales (mujeres creadoras) que no se conforman con el mundo escrito y dictado por ellos. “Porque cuando el sistema falla, generas comunidad, tribu, como una actitud política que hay que tomar”, se escuchaba entre sores y vinos. “Nosotras hemos decidido apostar por la imprudencia de lo que consideramos necesario: libros que hieren como una hoja sin cuchillo, libros que sangran la tinta que ya está seca como su garganta, libros que llevan sus tripas también por fuera. El riesgo solo estaría en quedarnos quietas, en no enseñar la herida o dejar la hoja en blanco”, reza el epílogo de la primera criatura de la editorial.

 

Las Fridas que dan cuerpo a este primer navío son un selecto club intergeneracional, mujeres de muy diversa procedencia y amplia trayectoria en el mundo del arte. En este volumen participan: Virginia Argumosa de Póo, Laila Arqueros ClaramuntFrances CannonJuana Castro, Aurora Delgado, Jenn Díaz, Basura Especial, María Folguera, Andrea Galaxina, Berta García FaetMaría García ZambranoAlba González SanzAriana Harwicz, Sandra Lara, Ana LlurbaLaia López Manrique, Andrea Navarro, Rocío Niebla, Lola Nieto, Cristina Oñoro Otero, Luz Pichel y Elena Ramos.

Publicado en:http://blogs.elpais.com/mujeres/

Metafísico: nuestro cuerpo contra nosotras mismas

¿Hay algo más allá del físico?, ¿me queda grande el mundo o la ropa pequeña? Aprieta bien, que no se note que soy mujer”, se escucha en el vídeo Metafísico, ideado por cuatro jóvenes de la Casa de la Juventud de Villarejo, Madrid, para repensar qué le pedimos al cuerpo y cómo nos esclavizan los cánones. Porque la mayoría, obedecemos, domesticados, especialmente nosotras, mujeres, que caemos esclavas ante la dictadura de los kilos, las arrugas, las canas, las manchas, los años y las verrugas. Resulta fácil de explicar: la sociedad durante siglos nos ha convencido del valor social de nuestros cuerpos y de una belleza que se pesaba en kilos y en cánones, los que dictaba ella. No es nuevo. Hace ya tres siglos Mary Wollstonecraft escribía: ‘Enseñadas desde su infancia que la belleza es el cetro de las mujeres, la mente se amolda al cuerpo y, errante en su dorada jaula, solo busca adornar su prisión’.

En el caso de este corto , la idea surgió a partir de que una de las “ideólogas” no se gustaba: pesaba más de lo estándar y quería dejar de hacer teatro, su afición.

Metafísico les sirvió para darle la vuelta a la tortilla y descubrir cómo se usan la feminidad y la belleza como trampas que nos llevan a un “elimina, quita, reduce, deshaz, disminúyete”… Y así, talla a talla, crema a crema, centímetro a centímetro, nuestro cuerpo se vuelve contra nosotras mismas. Todo, porque lo dicen las revistas, la televisión y los cánones de esbeltas y delgadas. Todo porque el cuerpo de las mujeres se ha convertido en lugar público hacia el que también se ejerce violencia. Aceptamos la domesticación del mercado –a quien le interesa vender- y nos convertimos en mercancía, dejamos de ser libres. “Es hora de quererme. De romper el estereotipo. No necesito la aprobación de nadie”, se escucha en el vídeo de las jóvenes madrileñas como grito de libertad ante la imposición de ser delgada.

Se trata de romper con el yugo de la báscula y las imposiciones. La feminista  Naomi Wolf en su libro El mito de belleza lo expresaba de una forma nítida y clara: ‘Una cultura obsesionada con la delgadez femenina no está obsesionada con la belleza de las mujeres. Está obsesionada con la obediencia de estas. La dieta es el sedante político más potente en la historia de las mujeres: una población tranquilamente loca es una población dócil’.

El vídeo es de una belleza enorme, una belleza que no se pesa. Lo firman: Martina García Morente, Miriam González Díaz, Beatriz Luis Piñero y Ramón Fernández González. Merece la pena verlo.

Publicado en Más de la mitad, 20 minutos