Si son ciclistas son escándalo. Si son mujeres, un suceso

Tres mujeres han sido asesinadas este fin de semana. Hoy, lunes, los principales diarios no sacan en sus portadas ninguna referencia. En el interior de sus páginas, sí, y en ellas, las muertas “han muerto” y no han sido asesinadas. Hay una enorme diferencia. Se muere de una forma transitiva, se muere por un accidente o una enfermedad. Pero asesinar es “matar a una persona con premeditación o con otra circunstancia agravante”, que es lo que ha ocurrido en estos tres casos, que no son los únicos y que se suman a una larga lista en lo que va de año. Y no nos inmutamos: los consideramos sucesos.

Porque la muerte -porque fue un terrible accidente perpetrado por una persona al volante de un coche- de los ciclistas hace apenas unas semanas alteró nuestro psique. Y no solo eso, también el de las autoridades, que desde el fatal episodio hablan, con todo el tino del mundo, de legislar de una forma diferente: se trata de evitar esos inútiles fallecimientos. ¿Y en cuanto a nosotras, las asesinadas de una forma no accidental? ¿Dónde están los medios, dónde los políticos, dónde el dinero  necesario para pensar en las políticas de prevención?, ¿dónde está el Pacto de Estado? Nos están asesinando. Somos más las asesinadas por violencia machista que por la violencia etarra. ¿Otra vez hay que decirlo?

“¿Dónde están los hombres rebelándose contra el machismo que asesina mujeres? ¿Por qué callan y asumen la violencia como si fuera un suceso?”, grita desde las redes el feminista Octavio Salazar. Yo añado. ¿Y nosotros, los periodistas, dónde estamos?

 “Porque violentar a una mujer es fracturar el núcleo básico de la sociedad y, cuando nosotros tratamos el tema con tanta ligereza estamos poniéndonos del lado de los violentos y olvidando a las víctimas. Para los periodistas, la violencia contra las mujeres no es una noticia importante. Es un breve, un suceso. Los medios hemos cosificado a las mujeres. No podemos hablar de una primera ministra sin contar cómo viste, pareciese que vernos en bikini fuese noticia… Es absurdo. Debemos empezar a contar que las mujeres no somos un par de zapatos, unas medias ni un escote perfecto. Y por último, no hay una conciencia y un compromiso claro por parte de los periodistas (y no hablo de los medios) con las víctimas de la violencia para entender que esa mujer puede ser su hermana, su hija o ella misma. Cuando escribimos sobre ellas, las tratamos como a seres de segunda categoría, no nos ponemos en sus zapatos”, respondía Jineth Bedoya en Ethic.

Y luego dirán que somos feminazis. 

 

 

“La paridad debe ser un objetivo constitucional”

Es feminista y se define como constitucionalista heterodoxo. Es experto en igualdad de género, nuevas masculinidades, diversidad cultural, participación política, gobierno local y derechos LGTBI. Así respondía Octavio Salazar para la Fundación Atenea. Fue uno de los ponentes de la Jornada Género e Inclusión, organizada por Atenea el pasado 28.

¿Cuáles fueron tus impresiones del encuentro organizado sobre género e inclusión?

La jornada fue intensa y apasionante, sobre todo por dos motivos. Primero, porque supo tener presente las diferentes perspectivas desde las que el género continúa actuando como factor de exclusión. Segundo, porque lo hizo desde una perspectiva multidisciplinar, poniendo en relación múltiples saberes y además el conocimiento científico con la praxis social.

¿Cómo estamos de lejos de la paridad que reconoce la propia Constitución?

La paridad no está reconocida por la Constitución española. ¡¡¡Qué mas quisiéramos!!! Las mujeres apenas están en la Carta Magna de 1978, más allá del principio de igualdad y no discriminación del artículo 14. La paridad es, debería ser, un objetivo constitucional y la clave de unas política de igualdad que han de partir del reconocimiento de que la democracia o es paritaria o no es tal democracia.

Relatabas un panorama complicado para las mujeres marcado por el patriarcado, por las políticas neoliberales, el mito de la libre elección, la crisis del Estado social y lo que denominabas contrarreforma patriarcalpara preguntarte, ¿dónde están las mujeres en la nueva política? Ahora te lo pregunto yo. ¿Dónde están?

Me temo que las mujeres están en la “nueva” política tal y como estaban en la “vieja”, es decir, sin tocar verdaderamente el poder y sin tener eso que Celia Amorós llama la completa investidura. Me temo que vuelven a ser las traicionadas, como lo han sido a lo largo de la historia, por revoluciones en las que ellas se dejan la piel pero luego, a la hora de repartir poder, suelen quedar en las afueras.

¿Por qué las políticas de igualdad siguen siendo frágiles?

Porque siguen obedeciendo a dos mecanismos jurídicos insuficientes: los propios de un “soft law”, o derecho blando, sin capacidad coactiva; y porque no responden con fidelidad a lo que debería ser un auténtico y operativo “mainstreaming” de género. Si a eso le sumamos que son políticas que no se evalúan, que no se dotan de suficientes recursos y que están siempre en manos de las voluntades políticas de turno, el panorama es ciertamente desalentador.

¿Cuánto y cómo deben cambiar las culturas y saberes para una inclusión verdadera de las mujeres?

Las culturas y los saberes deben superar los paradigmas androcéntricos y patriarcales. Deben dar visibilidad y reconocimiento a las voces de mujeres y superar los criterios de mérito y autoridad que de manera exclusiva seguimos otorgando y monopolizando los hombres.