Alicia Puleo: “El alquiler de úteros es una forma de extractivismo reproductivo”

En un tiempo de auge de los feminismos, en los que se discute todavía si tercera o cuarta ola y los partidos políticos se apropian el término para adjetivarlo de “liberal”, el ecofeminismo se define como a la vanguardia de todos ellos y como “una propuesta de resiliencia solidaria”. Lo explica a PÚBLICO la filósofa Alicia Puleo, una de las máximas referentes en esta corriente.

Acaba de publicar Claves ecofeministas. Para rebeldes que aman a la Tierra y a los animales (edición Plaza y Valdés) y con voz pausada y clara cuenta que aspira a un mundo verde y morado, más justo, sostenible e igualitario para animales humanos y no humanos.

Como investigadora en el tema (es doctora en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y forma parte del Instituto de Investigaciones Feministas de la misma universidad), no tiene dudas: “El ecofeminismo es el que corresponde al siglo XXI, al que llegamos con una crisis ecológica que nos lleva al colapso. Porque aunque no me gusta ser catastrofista, los científicos aseguran que las cosas cambiarán hacía el 2030 0 2050. Y no para bien. Entonces, nuestra propuesta es un feminismo siempre atento a la realidad y a los movimientos emancipatorios, pero también ecologista”, afirma.“Al ecologismo le falta conciencia feminista y al feminismo le falta conciencia ecologista”

El reto, recuerda Puleo en este libro, es no caer en lo que apuntaba Celia Amorós como “alianzas ruinosas”, es decir, en que las mujeres renunciemos o posterguemos nuestras luchas a favor de otras, como ha ocurrido tantas veces en la historia.

Según la académica, al movimiento que defiende le espera una larga batalla. Entre otras cosas, debe hallar el punto de encuentro entre feminismo y ecologismo, dos movimientos que según ella han caminado y siguen haciéndolo bastante por su cuenta. “Al ecologismo le falta conciencia feminista y al feminismo le falta conciencia ecologista”, subraya.

En ese sentido, Alicia Puleo demanda una cultura que mire de otra forma a la Naturaleza, que entienda que es algo finito, que preserve la Tierra, que sea consciente de que somos dependientes de una red de relaciones entre los diversos seres vivos y comprenda que somos ecodependientes. Eso, por la parte verde. Por la feminista, hace falta repensar cómo queremos que sea esa sociedad del futuro próximo, cómo se deben repartir las tareas del cuidado y no caer en el elogio de esos mismos cuidados, que acaban minando las libertades de las mujeres.

Claves ecofomenistas. Para rebeldes que aman a la Tierra y a los animales.

“Cuidado con los cuidados”, alerta repitiendo a otras tantas feministas, referencias constantes en su publicación. Para ella, la ecuación correcta es que todos y todas cuidemos, que no se considere una actividad que solo afecta a la mitad de la población. “Tenemos una tarea de enseñar los cuidados, pero no solo los tradicionales de la familia. Hay que extenderlos al mundo, hacia los animales, los ecosistemas. Porque esta sociedad de papeles tan bipolarizados para hombres y mujeres que ha desarrollado el patriarcado no ha favorecido la preservación de la Tierra como hogar, ¡al contrario! Se habla de conquista, de dominación. Pensar en términos de ayuda es el gran reto que tenemos”, comenta.

No a la mujeres vasija

Un capítulo importante de la publicación es para las libertades con respecto al cuerpo de las mujeres. Puleo es contundente: “Si no detenemos la normalización del alquiler de úteros, estaremos ante una nueva colonización del cuerpo de las mujeres pobres”. La autora, que denuncia el mal uso de expresiones como “maternidad subrogada” o “gestación sustitutoria”, sostiene que el alquiler de úteros es una forma de extractivismo reproductivo. “La llamada maternidad subrogada es una forma de extractivismo devastador, un elemento más de esa constante transferencia de bienes, de ese flujo de mercancías que profundiza y perpetúa la desigualdad entre el Norte y el Sur globales”, escribe en su libro.

Y de ahí, desde esa comercialización y apropiación del cuerpo de las mujeres por parte de la sociedad, bajo la máxima de la libertad, la filósofa distingue entre el patriarcado de coerción y el de consentimiento. El primero se daría en las sociedades que estipulan los roles y ámbitos de hombres y mujeres y castigan a las mujeres que desobecen lo que dictan las normas en cuanto a género, ya sea en cuestión de derecho a un voto, a una educación o a ejercer profesiones liberales.“La industria del sexo es una realidad del patriarcado y de la economía global que expulsa a las mujeres hacia zonas de comercialización 
de sus cuerpos”

El segundo, propio de las sociedades de capitalismo avanzado, mucho más sutil, no amenaza con la represión violenta y directa a las mujeres, pero agrede y afecta a su autonomía y libre elección. “Su mecanismo es el del consumo, el de la invitación al deseo, como puede verse en la publicidad… Nadie nos encarcela si no nos vestimos a la moda, si no tenemos la silueta adecuada… pero existen poderosas incitaciones para que busquemos lo que a menudo nos incomoda o restringue nuestra libertad”, señala en el libro.

Otro de los mandatos a evitar sería el de la intensificación del deseo y de la práctica sexual que lleva a lo que ella denomina una “pornosociedad”. Sería la antítesis del patriarcado de la coerción, donde los deseos sexuales de las mujeres se oprimían. En este esquema manda la hipersexualización, pero no una sexualidad deseable y libre sino, de nuevo, sujeta a unos mandatos impuestos. En esas páginas, y para hablar de libertades, la autora entra también en el debate de la prostitución para recoger las palabras de Rosa Cobo: “La industria del sexo es una realidad del patriarcado y de la economía global que expulsa a las mujeres hacia zonas de comercialización de sus cuerpos”. Es otra forma de perpetuar una “escuela de desigualdad humana”, dice citando a la también feminista Ana de Miguel.

En este volumen, la autora también habla de las relaciones de cuidado y afecto con los animales y sostiene la importancia de la defensa de ello como una forma de transformar los “enraizados estereotipos viriles” de la dominación y la violencia. 
Puleo cierra el libro con un epílogo en el que afirma que el presente es ya un anticipo del mundo posthumano. Señala así mismo que la crisis ecológica es una crisis de la democraciaque afecta especialmente a las personas que no cuentan con los elementos necesarios para decidir sobre sus destinos. En cuanto al sexismo, advierte también que en épocas de austeridad y miedo, las mujeres pueden convertirse en un instrumento de compensación con empleos precarios, pobreza e inequidad; especialmente las más pobres, las que históricamente siempre han perdido más y siguen perdiendo. 

No obstante, ante estas muchas llamadas de atención, Alicia Puleo habla de felicidad, que podría ser una de las palabras que más se repite en su libro, que arranca con el Jardín-huerto de Epicuro, libre, lleno de vida y justo. “Sí, hablo mucho de felicidad porque ante lo que se viene, la gente se asusta y no quiere escuchar cosas preocupantes. Hace falta hablar con alegría para no salir corriendo. No está todo perdido: hay esperanza todavía”, concluye. 

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La necesidad de un nuevo relato

 

 

“Durante mucho tiempo dudé en escribir un libro sobre la mujer. El tema es irritante, sobre todo para las mujeres; pero no es nuevo”, decía Simone de Beauvoir en el arranque de El segundo sexo, en 1949. Lo recupero hoy en el día de las escritoras: porque, ¡qué aburrimiento tener que seguir contando con una jornada por lo que es obvio¡: escribimos.

Por eso dudé si escribir este post sobre mujeres escritoras. Pero nos toca tomar las armas, mejor, los pinceles y los lápices para –por un tema de justicia- que se vea el mundo con la diversidad que tiene. ¿Cuántos años más de un arte solo contado por unos, casi siempre blancos, occidentales y con poder? Es hora de construir otro relato. Y para muestra un ejemplo traído de una conversación en twitter hace unos días. Me quejaba antes las redes de los siete tertulianos, que por tercer día consecutivo ocupaban la pantalla y que, curiosamente, cumplían con el patrón enunciado unas líneas más arriba. Tras mi grito a la red, surgió la magia, un microcuento que habla de esas historias contadas por hombres o por mujeres escrito en menos de 144 caracteres.

     Yo estoy disfrutando vivamente de que el nacionalismo se exponga como una cuestión masculina: mismo universo caduco. Mujeres=municipalismo.

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Magnífico.

 Para colmo, el conductor del programa, Ferreras, despedía a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, tras entrevistarla, con un: “Bueno, sé que le espera su hijo en casa”. “A ti también”, respondió ella rauda. ¿Qué no hace falta otro relato que entienda que otras formas de resolver, de hablar, exponer y de recordar algo tan básico como que –ellos también tienen hijos?

 Escribamos. Entre otras cosas “porque lo personal es político”, como decía Kate Millet hace ya décadas. Escribamos, porque no se puede aislar la política, el poder y la participación de las mujeres dentro de la sociedad. Escribamos porque la literatura es también política y una forma de respirar.

 

 

 

 

No son estadísticas; son vidas

2017 se está convirtiendo en España en el año de una masacre. Nos están matando y nos hacemos caso. Pasamos a otro tema, como si molestase o fuera poco importante. 21, hasta ayer, 3 de marzo, dos a la semana. ¿Han oído bien, dos a la semana? No quiero comparar con otros muertos por otras causas, porque me duele. El terrorífico número 21 esconde que la violencia machista la seguimos viendo como un suceso y un tema doméstico (ay, la semántica).

Sí, porque los medios siguen hablando de sucesos y de “mujeres”, siglas y nombres que no nos llegan. Quiero ver el mismo tratamiento que se da a la muerte de los que parece que sí importan. Exijamos el mismo enfoque y profesionalidad que esperamos de periodistas y políticos cuando mata el terrorismo islámico, el de Eta o cualquier. Busco las páginas y páginas, ediciones especiales y horas de visibilización del horror. Porque el día que en España empecemos a contar que nos matan con la contundencia que hicimos cuando el asesino era ETA (en una segunda fase), empezaremos a entender el drama.

“Aquí tienen que aplicarse políticas muy serias, el Estado y los violentos deben reconocer lo que le han hecho a las mujeres. Se debe saber que la violencia es una arma. Y hay que poner nombre a quienes lo permitieron y no lo evitaron. ¿Por qué se violenta a las mujeres? Es fácil: porque no se las reconoce como individuas, ni como grupo, ni como sociedad (…). Si nosotras permitimos que se piense así, que no haya políticas para enmendar esa realidad, que no se diga la verdad, que la sociedad no esté dispuesta a cambiar… pues no hemos hecho nada”, grita Patricia Guerrero en su discurso vital. Lo repite también en Mujeres al frente (libro y documental) y se refiere a Colombia, pero aplica igualmente a España.

Porque sí, señora ministra, hacen falta recursos y en este punto es importante recordad que el presupuesto para la prevención contra la violencia de género ha sufrido un tijeretazo del 26%. Y sí, además, hace falta coordinación, educación y un Pacto de Estado YA para que sepamos quién eran esas mujeres que se esconden bajo ese nombre de Matilde, peruana, B.E.M.A, Virginia, mujer en silla de ruedas…  Es mucha la educación que hace falta para que no volvamos a escuchar en boca de Interior que los crímenes machistas están relacionados con la decisión de las mujeres de separarse rápido.

mientras se dá la inacción por parte de las autoridades,un grupo de mujeres en la madrileña Puerta del Sol se han plantado para molestar, para desde el kilómetro cero de la capital, recordad que el patriarcado mata. No comen desde el pasado 9 febrero y reclaman ese Pacto de Estado contra la violencia machista. El próximo 6 de marzo acudirán al Senado para exponer sus propuestas contra esta lacra. Solo queda apoyarlas, en cuerpo y alma. Y una forma clara es la huelga a la que estamos invitadas todas las mujeres el próximo 8 de marzo, un paro de empleo, cuidados y consumo de media hora que comenzará a las 12,00, una iniciativa mundial convocada por el movimiento argentino Ni Una Menos. Yo paro. FIN

Publicado en Más de la Mitad

La difícil ecuación del feminismo y la política

“Quien es feminista y no es de izquierdas, carece de estrategia. Quien es de izquierdas y no es feminista, carece de profundidad”, Rosa de Luxemburgo

Con esta fabulosa cita arrancaba un reportaje sobre Podemos y feminismo, una ecuación todavía difícil de resolver porque para que el feminismo triunfe, es decir, la igualdad, hacen falta cambios estructurales. Es necesario truncar la cultura patriarcal. Pero no es fácil. Por eso muchas veces los feminismos quedan relegados a un segundo plano. También en Podemos, explicaba para Tintalibre en su edición de diciembre que recojo en parte en este blog.

Cuando el partido morado surgió de las calles, enseguida se escuchó aquello de “la revolución será feminista o no será” entre sus asambleas. Pero para muchas feministas, la forma de entender la igualdad entre mujeres y hombres de la nueva formación resultó poco. En cuanto a contenido, volvía a quedarse en lo teórico, en un círculo, señalaban. (…) La lucha por llegar a gobernar relegaba la propuesta económica y social que defiende el feminismo, a una fase posterior, a una segunda etapa. Antes que los cambios por la igualdad, importaba correr y hacerse con el poder. Hasta el nombre con el que el grupo político fue a las urnas, Unidos Podemos, resultó excluyente para un importante sector de las feministas.

“Podemos no es feminista como no lo es ningún partido político ni ninguna institución. Porque todos los partidos y todas las instituciones continúan siendo androcéntricos y porque el poder de las mujeres feministas dentro de los partidos sigue siendo un poder delegado: te ponen, te borran; te dan más poder, te dan menos, según convenga. Pero dicho esto, lo cierto es que Podemos está lleno de feministas”, escribía en Público Beatriz Gimeno, senadora por Madrid de la coalición y una de las escritoras feministas más reconocidas del país. Preguntada al respecto, responde que la política es un sitio áspero y que Podemos quizás hasta más, porque han tenido que pasar de cero a mil en dos años, señala. Niega que los feminismos sean solo un círculo y defiende que el feminismo se entiende en su partido de una forma transversal en todos sus programas.

Pero cuesta, no hay duda. “Me temo que las mujeres están en la “nueva” política tal y como estaban en la “vieja”, es decir, sin tocar verdaderamente el poder y sin tener eso que Celia Amorós llama la completa investidura. Me temo que vuelven a ser las traicionadas, como lo han sido a lo largo de la historia, por revoluciones en las que ellas se dejan la piel pero luego, a la hora de repartir poder, suelen quedar en las afueras”, comentaba hace unas semanas Octavio Salazar en una jornada sobre género e inclusión.

(…)

En esa difícil lucha por cambiar las estructuras que habla de la necesidad de que ellos pierdan privilegios, Lidia Falcón, fundadora del Partido Feminista y parte de Izquierda Unida, criticaba desde dentro la última campaña del grupo nacido el 15M. La señalaba de masculina. La abogada y feminista afirmaba que la contienda electoral no había contado con la participación de feministas, ni en las listas ni en los actos. Y lo peor, sugería, “asuntos tan sangrantes como los feminicidios que se cometen cada dos días, solo han consumido ocho segundos del valiosísimo tiempo de Pablo Iglesias, en el debate televisivo más importante”. No es la única pega que se escucha sobre la agrupación morada. Una parte del feminismo les reprocha que no sean valientes a la hora de posicionarse en contra de la prostitución o los vientres de alquiler, dos ejemplos de mercantilización del cuerpo de las mujeres, apuntan.

“En Podemos puede estar ocurriendo lo que pasa en casi todas las organizaciones mixtas de izquierdas: que hay que convencer a los compañeros de que la agenda feminista esté de verdad en los programas y que no hablamos solo de sexualidad y derechos reproductivos, conciliación y permisos de paternidad. Nuestra propuesta política es un cambio sistemático que atañe al urbanismo, a la economía, a la política internacional…”, señala Irantzu Varela, feminista y en las listas de Bildu, que también vive la tensión de señalarse feminista dentro de una estructura patriarcal. “Ser mujer y feminista en un partido resulta incómodo: hay que hacernos sitio”, resume.

(…) Gimeno afirma que no se trata tanto de convencer del feminismo, sino de imponerse para conseguir mayores cuotas de poder y ejercerlo para hacer una política más inclusiva. Y sin miedo habla de un feminismo más impugnador, sin caras amables y que repita que ellos han de ceder privilegios. Pero falta. Y la feminista de Podemos llega a afirmar que hoy sería imposible que una persona que se declare eminentemente feminista fuese elegida como primera opción para dirigir un país. ¿Por qué? Porque una parte, los hombres, deberían de ceder. Una política auténticamente feminista, repite, sería aquella que se dirigiese al total de la población, al 100 por cien, y no solo a las prioridades de los hombres, que son los que hasta ahora han escrito las leyes, señala.

 

(…) ¿Soluciones? Seguir luchando en todos los frentes, propone Gimeno. No desistir. “Hay mucho trabajo, pero estamos dispuestas”, concluye Irantzu Varela que recuerda lo importante que será siempre apoyarse en los feminismos autónomos, la vanguardia, para seguir avanzando, a pesar de todo. FIN

 

 

“Que la sociedad sea más inclusiva es una cuestión ética”

La Fundación Atenea cumple 30 años. Para conmemorarlo, celebrará el próximo 28 de octubre una Jornada sobre Género e Inclusión social, los dos grandes temas que ocupan a la entidad. Paz Casillas, directora gerente de la organización, adelanta los contenidos que abordarán y la evolución de Atenea en estas tres décadas.

¿Qué se pretende con la jornada?

La intención es clara: visibilizar que la pobreza femenina existe, está y no se ve: vivimos al margen de los problemas sociales reales. Y está invisibilizada por la mirada androcéntrica por la que se rige la sociedad. Porque hay pobreza en ambos sexos, pero se dan una serie de factores de riesgo que hacen a las mujeres más vulnerables. Hablo de maltrato, violaciones, prostitución, drogas… Si nos fijamos, no vemos el fenómeno de “sinhogarismo” entre las mujeres y no es porque no lo estén pasando mal y no vivan la exclusión residencial.

Lo que ocurre es que estas mujeres no suelen estar en las redes habituales de “sinhogarismo” sino en otras en las que el fenómeno de exclusión residencial no se percibe. Son mujeres que acaban siendo víctimas de la violencia de género, malviven en micropisos, se prostituyen los fines de semana, no desayunan para dar esos alimentos a sus hijos, viven con sus proxenetas… Visto así, el problema no existe: no hay estudios, no hay investigación, ni formas ni metodología de salir de ese fenómeno. Por eso ahora la Fundación Atenea incide en esos dos aspectos: inclusión social y perspectiva de género. Para avanzar hace falta trabajo de investigación, de incidencia e incorporar una perspectiva de género ante esa mirada patriarcal de la que venimos.

Si hubiese una idea que quisieses conseguir tras esa jornada, ¿cuál sería?

Que es una cuestión ética y política hacer un esfuerzo por generar nuevos discursos y avanzar para transformar la sociedad y tener una mirada más inclusiva.

¿Qué voces estarán con Atenea el 28 de octubre?

Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid, estará con nosotras –si su agenda se lo permite y no tienen que contraprogramar-. Ella dará paso a excelentes ponentes y charlas desde las que analizaremos el problema desde la economía, la salud, el alojamiento, la formación…. Están confirmadas Beatriz Gimeno, diputada en la Asamblea de Madrid, escritora feminista y activista; Soledad Muruaga, presidenta de Mujeres para la Salud y experta en salud mental y violencia de género y Alicia Miyares Fernández, doctora en Filosofía y escritora feminista, experta en igualdad y política, educación y derechos de ciudadanía. Aparte, esperamos contar con Mary Nash, catedrática de Historia contemporánea en la Universidad de Barcelona y Amaya Pérez Orozco, doctora en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y Ajo Micropoetisa, entre otras muchas mujeres.

Pero la pobreza es genérica. Se diría que no tiene sexos. ¿Qué estudios hay sobre la feminización de la misma?

En la Fundación partimos de los estudios de la Red de Lucha Contra la Pobreza (RLCP), los informes de Cáritas y el trabajo de campo que hacemos: no hay datos reales sobre el tema. Por concretar, de los grupos de mujeres que trabajamos en los barrios de toda España, nos encontramos con un sinfín de demandas, más allá de la estrechez económica en la que viven. Demandan alojamiento, empleo, educación para ellas y sus hijos… No es cuestión de ingresos económicos, se trata de la falta de oportunidades, de las ínfimas posibilidades que tienen de participar, de ser oídas. Pobreza es no poder comer carne o pescado un mínimo de dos veces en semana y tener que alimentarse de hidratos de carbono y fritos, lo que deriva en un aumento de obesidad y en la transmisión de pautas de nutrición deficientes a sus hijos e hijas.

Atenea, que cumple 30 años en octubre, empezó trabajando esencialmente con drogodependientes, pero hoy su campo de acción es mucho mayor.

Sí, nacimos en los 80 como una entidad de estudio centrada principalmente en los problemas que trajo la heroína. Siempre con dos objetivos: la investigación y la incidencia política para cambiar las cosas. Pero en estas tres décadas la sociedad ha cambiado mucho y, poco a poco, fuimos  ampliando los colectivos con los que trabajamos: personas de origen extranjero, personas privadas de libertad, personas que ejercen la prostitución para dar después un salto político y empezar a hablar de personas y no de colectivos… Este es nuestro campo de acción, el trabajo con personas que sufren diferentes factores de exclusión social y desarrollar con ellas factores de protección. Se trata de hacer ver que las necesidades básicas de las personas son realmente derechos humanos.

(Publicado en el newsletter nº 1 de la Fundación)

Metafísico: nuestro cuerpo contra nosotras mismas

¿Hay algo más allá del físico?, ¿me queda grande el mundo o la ropa pequeña? Aprieta bien, que no se note que soy mujer”, se escucha en el vídeo Metafísico, ideado por cuatro jóvenes de la Casa de la Juventud de Villarejo, Madrid, para repensar qué le pedimos al cuerpo y cómo nos esclavizan los cánones. Porque la mayoría, obedecemos, domesticados, especialmente nosotras, mujeres, que caemos esclavas ante la dictadura de los kilos, las arrugas, las canas, las manchas, los años y las verrugas. Resulta fácil de explicar: la sociedad durante siglos nos ha convencido del valor social de nuestros cuerpos y de una belleza que se pesaba en kilos y en cánones, los que dictaba ella. No es nuevo. Hace ya tres siglos Mary Wollstonecraft escribía: ‘Enseñadas desde su infancia que la belleza es el cetro de las mujeres, la mente se amolda al cuerpo y, errante en su dorada jaula, solo busca adornar su prisión’.

En el caso de este corto , la idea surgió a partir de que una de las “ideólogas” no se gustaba: pesaba más de lo estándar y quería dejar de hacer teatro, su afición.

Metafísico les sirvió para darle la vuelta a la tortilla y descubrir cómo se usan la feminidad y la belleza como trampas que nos llevan a un “elimina, quita, reduce, deshaz, disminúyete”… Y así, talla a talla, crema a crema, centímetro a centímetro, nuestro cuerpo se vuelve contra nosotras mismas. Todo, porque lo dicen las revistas, la televisión y los cánones de esbeltas y delgadas. Todo porque el cuerpo de las mujeres se ha convertido en lugar público hacia el que también se ejerce violencia. Aceptamos la domesticación del mercado –a quien le interesa vender- y nos convertimos en mercancía, dejamos de ser libres. “Es hora de quererme. De romper el estereotipo. No necesito la aprobación de nadie”, se escucha en el vídeo de las jóvenes madrileñas como grito de libertad ante la imposición de ser delgada.

Se trata de romper con el yugo de la báscula y las imposiciones. La feminista  Naomi Wolf en su libro El mito de belleza lo expresaba de una forma nítida y clara: ‘Una cultura obsesionada con la delgadez femenina no está obsesionada con la belleza de las mujeres. Está obsesionada con la obediencia de estas. La dieta es el sedante político más potente en la historia de las mujeres: una población tranquilamente loca es una población dócil’.

El vídeo es de una belleza enorme, una belleza que no se pesa. Lo firman: Martina García Morente, Miriam González Díaz, Beatriz Luis Piñero y Ramón Fernández González. Merece la pena verlo.

Publicado en Más de la mitad, 20 minutos

Nos tienen domesticadas

El censo de votantes en España es en su mayoría femenino. Las mujeres representamos -sobre las urnas- un millón cien mil papeletas más que los hombres. Somos más. Según datos de la contienda electoral del año pasado (municipales de mayo), las féminas suponemos el 51,6% del censo frente al 48% de varones. Es decir, porcentualmente hablando, hay una diferencia de tres puntos de votos en manos de las mujeres.

Entonces… ¿es que los políticos no se han dado cuenta de ese importante mordisco de posibles seguidoras? ¿Es que nosotras no vemos la importancia de unas políticas que nos incluyan de verdad? ¿Por qué esos “asuntos de mujeres” (que tocan a toda la sociedad, como el cuidado de mayores o la paridad real) no resultan claves a la hora de decidir?

Y aquí GRITO en MAYÚSCULAS por si alguien no lo ha oído. En este país SEIS MUJERES fueron asesinadas por hombres en mayo de 2016, según recoge Informes y cifras, feminicidio: “En mayo fueron asesinadas cinco mujeres. Todos los casos se trataron de feminicidios íntimos, aunque solo tres de ellos están reconocidos como cifras oficiales por el Ministerio de Sanidad. De los dos restantes, uno permanece en investigación y otro no es condiderado como un caso de violencia machista. Además, contabilizamos un asesinato de mujeres por robo ocurrido durante el mes de abril pero descubierto en mayo”. ¿Y?  De ellas sabemos tan poco como de los 700 ahogados en aguas del Mediterráneo. El fútbol, Venezuela, los debates electorales llenos de promesas invaden el espacio mediático, bastante masculinizado, por cierto. No contar quiénes eran es hundirlas más, ser cómplices del silencio del sistema, de los medios y de una ciudadanía que solo mira su barriga. 

“Porque los partidos políticos no tienen ningún interés y porque estratégicamente no es fundamental. No son cuestiones que afecten a sus votantes”, afirma Lucía Martínez Odriozola, profesora de Periodismo en la UPV-EHU y una de las fundadoras de Pikara Magazine. “No, no son los temas importantes, dado el proceso de domesticación de las sociedad. Porque aunque la desigualdad está muy presente en sus programas, no se considera que haya que actuar sobre el germen de ese desequilibrio: el patriarcado”, zanja la reportera vasca.

En la misma línea, la periodista Irantxu Varela, desde  Videoblog El Tornillo, habla con humor de esclavas e invita a las mujeres a autorealizarse un test para saber si hemos caído o no bajo el yugo de esa domesticación. Varela cuenta que la Rae acierta con la definición al decir que: “1: Un esclavo es quien carece de libertad por estar bajo el dominio de otro” [la sociedad patriarcal]; 2: “Es alguien rendido, obediente, enamorado…”; o 3: “Una persona sometida a una “actividad que exige mucho trabajo, atención y cuidado”. Y sí, está claro, ata obedecer como nos enseñaron, ser guapas, estar delgadas –ojo, con la industria de la culpa en manos de dietistas, cirujanos y cosmetólogos-, querer porque nos toca como mujeres, cuidar a mayores e infantes… ¿Y ellos?, habría que preguntarse.

¿Dónde están las chicas en las listas?

La patata caliente por la que los discursos feministas no llegan a concretarse suele estar en que aunque sí hay mujeres feministas en todos los partidos de izquierdas, su relevancia mediática es poca y su presencia en las listas electorales sigue siendo minoritaria. Beatriz Gimeno, feminista y diputada en la Asamblea de Madrid por Podemos, señala que el núcleo del problema es que las mujeres siguen estando poco representadas en las esferas de poder. También en su partido, reconoce. Es más, reflexiona: “Hoy sería imposible que una feminista que se declare como tal fuese elegida como primera opción para presidenta; podría serlo, pero tendría que decir que solo es feminista de refilón”. Y lo peor, una política auténticamente feminista sería aquella que se dirigiese al total de la población, al 100 por cien, y no solo a las prioridades de los hombres, que son los que hasta ahora han escrito las leyes, advierte. En fin, que sí, que parece que nos han domesticado.  FIN