#PorTodas, por Carmen, por María, por Fátima, por mí…

No me quito de la cabeza un racimo de globos negros con los nombres de varias mujeres. Los llevaba una chica en la manifestación del 25 de noviembre. Era de noche, medio llovía y el nombre de Ana Hilda, escrito en morado en uno de ellos, me revolvió las tripas. ¿Quién era ella? ¿Tendría apellidos, quién la echará de menos? ¿Tendría madre, hijos…, qué les habrán dicho, que un salvaje, quizás su padre, la mató? ¿Sería de Alicante, de un pueblo de La Rioja, gallega, de un municipio grande, qué sabrán los políticos de sus municipios más allá de que se hizo un minuto de silencio? ¿Y la Justicia, y él? ¿Tendrán miedo sus vecinas de que pueda pasarles a ellas? No lo sé. Hoy Marta solo es un nombre pintado en un globo que en un rato se pinchará. Me niego a olvidarla.

Por eso estoy en la iniciativa que hemos llamado PorTodas, un proyecto de investigación periodística centrado en las 55 mujeres que, según reconocen los registros oficiales, fueron asesinadas en España en 2014. ¿Por qué? Porque nos están matando y sobre nosotras, sobre todas, cae una losa de olvido muy cómoda para todos: para mí también, que dejo el tema para más tarde, que me duele volver a desayunar con otra mujer asesinada, que no pregunto qué planes de prevención están ejecutando los gobiernos para que no asesinen a otra mujer la próxima semana y que no sé qué fue de ella.

No son ‘un breve’, ni ‘sucesos’, periodísticamente hablando: son 55 dramas reales y silenciados, los del 2014, un drama que se repitió el siguiente año, y el siguiente y el siguiente y este. Cada mujer asesinada es una historia que no podemos dejar reducida a un globo negro en una manifestación. Cada mujer asesinada por violencia machista es la historia del fracaso de una sociedad que no nos considera. Y digo ‘nos’ de forma intencionada, porque el desprecio a sus vidas es el desprecio a todas.

Queremos saber, queremos contar, qué ocurrió con esas 55 mujeres que corrieron el mismo destino que Ana Hilda y responder qué sucedió después. Hay muchos interrogantes que deben ser resueltos para que el año que viene no volvamos a repetir el número de mujeres asesinadas: ¿recibieron las hijas y los hijos de la víctima algún tipo de ayuda? ¿Aumentó el Ayuntamiento el presupuesto en cuanto a prevención de las violencias machistas? ¿Qué condena recibió el asesino? Para ello, un grupo de periodistas con experiencia, dirigidas por Magda Bandera desde el periódico independiente La Marea, publicaremos reportajes que ayuden a exigir responsabilidades a las administraciones y recogeremos ejemplos positivos que inspiren a distintos colectivos a avanzar en la lucha contra la violencia machista.

Eso sí, #PorTodas solo será posible con la implicación de muchas personas en esta iniciativa que no tiene una empresa detrás, sino la voluntad de un grupo de periodistas por cambiar las cosas y hacer periodismo de investigación con vocación de servicio público.

Si quieres saber qué pasó con Marta, con Raquel, María, con Carmen… el periodismo tiene que hacer su trabajo, y tú puedes hacerlo posible: participa #PorTodas

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Periodistas enfadadas

Es un lujo que un grupo de jóvenes estudiantes de Periodismo convoquen una mesa sobre mujeres y periodismo. De eso trataba el I Congreso sobre el papel de las Mujeres en los medios, organizado por la asociación universitaria Eco, @ECOasoc ‏ hace una semana. Y sin querer, al entrar en arena, el tema nos enfadó, especialmente a dos de las ponentes que compartíamos mesa: la periodista Cristina Sánchez, directora del programa Países en conflicto, de RNE; y a quien esto escribe, reportera también y freelance.

¿Será posible que todavía, en el año 2017, se deba debatir que no estamos en los medios? ¿Será posible que todavía tengamos que repetir que estamos infra-representadas en las direcciones de los medios? ¿Será posible que todavía, cuando presentamos un tema de género, tengamos que justificar que los temas de mujeres no son los de un colectivo, son los de pongamos, un 51% de la humanidad? Sí, resulta cansino, pero es necesario seguir haciendo enrojecer a quien no lo vea. Y es que sigue haciendo falta hablar de feminismo y medios. Más que nada, porque como afirmaba acertadamente Javier Gallego hace poco, @carnecrudaradio, “el que no es feminista, es machista”.  ¿Pero sabe y conoce el lector el nombre de cinco corresponsales de guerra españolas?, preguntaba la reportera de la radio pública. El auditorio de estudiantes de periodismo, no. ¿Hombres? Unos cuantos, señalaba Cristina.

Más temas que salieron y por el que levantamos el tono de voz: la importancia de poner sobre el tapete el uso del lenguaje inclusivo, la necesidad de tratar a las víctimas de la violencia machista como si las hubiese asesinado el terrorismo etarra o yihadista, las estúpidas preguntas a las periodistas de cómo conciliamos…

La guerra y las mujeres 

Y es curioso, porque se va a las guerras, y como protagonistas, no estamos, aunque las suframos (en la retaguardia se muere y se sufre también). Una maravillosa excepción llena de mujeres, La guerra no tiene nombre de mujer, de Svetlana Alexíevich, periodista y Nobel de Literatura en 2015. En esta joya del reporterismo, la autora narra lo que podría ser una auténtica revancha del periodismo de las historias pequeñas y se fija en la historia de las mujeres rusas que vivieron la Segunda Guerra Mundial.  “No escribo sobre la guerra, sino sobre el ser humano en la guerra”. “Reflexiono sobre el sufrimiento, que es el grado superior de información”. “La historia de la guerra ha sido reemplazada por la Historia de la Victoria”.

¿Y como reporteras estamos? Se abre el debate y de la mano del libro de Carmen Valiña, El mundo árabo-islámico como ellas no lo contaron, planteamos cómo las grandes corresponsales españolas no han relatado los conflictos de un modo muy distinto al de sus colegas. “Es casi imposible distinguirlo del de sus colegas masculinos. Desde la adopción sistemática del punto de vista oficial en Occidente hasta la tendencia a ningunear a los seres de carne y hueso que viven en esa región, pasando por la confusión entre la religión musulmana y las acciones deleznables de algunos grupos que le hacen interpretaciones fundamentalistas, el género del informador parece influir muy poco”, señalaba Javier Valenzuela, @cibermonfien una reseña del libro. Y proseguía: “No han contado el formidable esfuerzo de millones de mujeres desde el Atlántico al Índico para ir accediendo a los estudios y los trabajos, ni sus nuevos planteamientos en la vida familiar, con voluntad de tener menos hijos y más presencia en la vida laboral, civil y política”. Cierto, falta ponerse las gafas violetas, desaprender: no se nace feminista, es un proceso que cuesta a todos, a nosotras y a ellos. Ahí, reclamamos profesionalidad. Más que nada porque no vemos el machismo. Para contar eso estaba invitada Ana Requena, quien  lleva las riendas del espacio micromachismos, en el eldiario.

Y para hablar de visión de género, salieron a escena las mujeres colombianas y su propuesta de paz, histórica por el peso y presencia que han tenido en los acuerdos, entre otras cosas porque se ha pensado que debían estar presentes. Y tras oírlas, sus sensatas propuestas: acceso a las tierras en igualdad de condiciones. Reforma del sistema rural; participación política; Cese al fuego bilateral. Dejación de armas y garantías de seguridad; solución al problema de las drogas ilícitas; víctimas. Sistema integral de Verdad, Justicia, Reparación y no Repetición e implementación, verificación y refrendación. Sensatez sobre el plato, de unas víctimas hasta ahora nunca oídas (tampoco por los medios). Aprendamos de ellas, por sentido común y por justicia, por representatividad. Porque entre otras cosas, está demostrado que la paz es más sostenible en el tiempo si en ella participan las mujeres. ¿Qué no es importante su paso? Démosle páginas a las mujeres, pintaremos un mundo, cuanto menos, diferente. FIN