Laura Luelmo: Quiero a los hombres gritando de dolor

Desgraciadamente, a muchas personas no nos hace falta esperar a la autopsia para saber lo que ha pasado, y no estamos locas. Me basta, como a todas, la certeza de que la profesora Laura Luelmo está muerta. Su delito: ¿salir a correr, ser mujer? La han matado. Su cuerpo apareció semidesnudo y oculto entre unas matas. Todos sabemos lo que significa.

En mi vida, significa cosas muy concretas. Significa que debo seguir cogiendo las llaves con fuerza, cuando voy a casa por la noche. Quiere decir que si eres chica mejor no debes correr por la noche. Quiere decir que yo, como todas las mujeres, no soy libre de pasear, disfrutar, salir, correr y vivir.

Porque quiero democracia para todas, para la mitad de la población, quiero ver un #PorTodos (se lo he leído a Soledad Murillo, Secretaria de Igualdad): pedía la implicación de los hombres. Nosotras estamos casi todas: no podemos tolerar más que una chavala no pueda salir a correr a la calle por miedo a no volver.

Estamos desoladas, cabreadas, tristes, hartas: no soportamos una muerte más. El horror: las casi mil mujeres asesinadas en España y contabilizadas, el clamor de la desigualdad, el #MeToo y el feminismo nos están uniendo.

Ahora les toca a ustedes, señores. Quiero ver a todos mis amigos en las calles e indignados #PorTodos los hombres feministas que no toleran que la democracia solo la pueda disfrutar la mitad de la población. Quiero verlos llorar de dolor y desgarrados, con nosotras. Porque si no lo están, están contra nosotras.

Anhelo un país en el que cada vez más #PorTodos entiendan que nos agreden cuando creen que nos piropean, cuando se van de putas, cuando debemos volverles a explicar lo necesaria que es la paridad, la corresponsabilidad o una ley contra la violencia machista.

Señores, amigos, compañeros, griten #PorTodos los que entienden que si no sois feministas, sois machistas y lo peor: que el machismo mata. Por favor, no lo hagan por sus hijas o hermanas, si las tienen. No quiero escuchar eso de “si le pasa a alguien cercano… cojo un bate de béisbol”. No. Piensen en que la democracia no funciona si no es para todas (las personas). A Laura, un hijo de putero la ha matado porque la vio correr y pensó que tenía derecho sobre su cuerpo. A Laura la han asesinado por ser mujer.

#PorTodas, #PorTodos vomiten sobre quienes siguen diciendo que somos unas feminazis, que ya hay igualdad y que estamos locas. Locas de dolor, sí. Quiero pensar que vosotros también.

Publicado en 20 minutos, Más de la mitad

La invisibilidad oficial de la violencia sexual: ‘Ya es hora de que me creas’

La frase “No volvería a denunciar” fue la más repetida entre las múltiples mujeres entrevistadas para el informe Ya es hora de que me creas, publicado por Amnistía Internacional (AI) sobre violencia sexual contra las mujeres. A pesar de haber aumentado, España ocupa el puesto 25 de los 32 analizados en número de denuncias. El motivo para no acudir a las autoridades, según el director de la ONG, Esteban Beltrán, es que las mujeres no creen que sirva para nada. “No son creídas”, apuntó tajante.

El estudio denuncia que España lleva 30 años en los que las violencias son invisibles debido a la carencia de políticas públicas para luchar contra la violencia sexual. Para el responsable de AI, la violencia sexual en España fuera de la pareja o expareja es masiva e impacta en la vida de millones de mujeres en España y “es oficialmente invisible”.

Amnistía Internacional señala varias cuestiones que obstaculizan que las víctimas y supervivientes de la violencia machista denuncien y puedan gozar de sus derechos. Para empezar, subraya esa invisibilidad como un problema de base, tanto cuantitativo como cualificativo, e insiste en la inacción durante tres décadas de una política que no ha mirado y puesto remedio al horror que sufren el 13,7% de las mujeres españolas que reconocen haber sufrido violencia machista a lo largo de su vida, según la Macroencuesta de Violencia Contra la Mujer 2015.

Otro impedimento es, según el informe, la indefinición de una política pública común en todo el Estado. Asimismo, denuncia la falta de especialización del personal que atiende a las mujeres (policías, servicios médicos, jurídicos…), la necesidad de que exista una denuncia para que se garantice la intervención de personal forense y unos procesos judiciales que no resultan traumáticos para las víctimas, que vuelven a ser revictimizadas. “No puede ser que las víctimas tengan miedo de quienes deben protegerlas”, señaló la autora del informe, Bárbara Tardón.

Realizado durante este ejercicio, la investigación constata que no existen a nivel estatal campañas de información que aclaren qué hacer cuando la víctima ha sido violada o ha sufrido cualquier otro tipo de violencia sexual. La prueba es que el procedimiento que debe seguir una mujer es distinto según la comunidad en la que viva, si es que existe protocolo. Es lo que AI denomina “la lotería de las comunidades autónomas”. Otra forma de comprobarlo, señalaron, es lanzar la siguiente pregunta al aire: “¿Qué hay que hacer si te violan: primero al hospital (¿vale cualquiera?) o a una comisaría (¿vale cualquiera?)”. No hay cifras, defiende la ONG, que ofrezcan una dimensión real de la violencia sexual. Tampoco hay, subraya, recursos especializados.

A Blanca, por ejemplo, no la creyeron. Blanca estaba en la sala, no quiso ser fotografiada pero no tuvo reparos en contar el peregrinaje que tuvo que sufrir cuando la violaron, a pocos portales de su domicilio. En su caso, según llegó a su hogar, se lo contó a su madre y salieron juntas a una comisaría: no era la buena, la preparada con personal para atenderlas; de esa se fueron a otra –donde tras un interrogatorio de cinco horas–, no la creyeron. De allí partieron a un hospital, tampoco era el bueno. De allí, y en bus, se trasladaron a otro donde el forense seguía sin creerla… Pasaron casi 17 horas hasta que la atendieron y pudo volver a casa a bañarse y descansar. A Mónica Méndez, la madre de Raquel, una joven de 15 años que se suicidó víctima de acoso por Internet, tampoco la creyeron. O lo hicieron tarde, cuando la niña estaba muerta, explicó Méndez ante la prensa.

“La ropa, la hora, el alcohol, la raza, la etnia, la situación migratoria de la mujer… son todo estereotipos que siguen mermando la credibilidad de las mujeres y que está en la raíz del problema”, denunció Beltrán, un factor al que se suma la falta de formación del grupo de profesionales que atiende a las víctimas.

Seis medidas para garantizar los derechos de las mujeres

Para abordar la invisibilidad, el cuestionamiento y la desprotección de las víctimas de violencia sexual, Amnistía Internacional propone:

  • Recopilar datos que permitan dimensionar el problema para impulsar así políticas públicas, coordinadas con los gobiernos autonómicos, para la prevención, sensibilización, información, atención y reparación de las víctimas.
  • Crear servicios especializados como teléfonos disponibles las 24 horas del día, los 365 días del año, y garantizar la existencia de centros especializados en violencia sexual en todos los territorios del Estado español.
  • Revisar, actualizar y garantizar la aplicación el Protocolo Común para la Actuación Sanitaria ante la Violencia de Género, incluida la violencia sexual, de 2012.
  • Reformar el Código Penal en lo referente a todos los delitos sexuales, garantizando que se protege la autonomía sexual y el consentimiento libremente dado, de acuerdo con los estándares internacionales.
  • Facilitar asistencia letrada gratuita e inmediata a las víctimas, formar y sensibilizar a todos los operadores jurídicos en contacto con las víctimas. Se trata de adaptar las instancias judiciales para que sean espacios que garanticen la confidencialidad y seguridad de las víctimas y sus familiares.
  • Impulsar la reparación de las víctimas, no solo desde el punto de vista de una compensación económica, sino contemplando la restitución, rehabilitación, satisfacción y garantías de no repetición.

Para la realización del informe se ha analizado la respuesta de las autoridades y las instituciones españolas, se ha realizado 13 entrevistas individuales a mujeres víctimas y supervivientes de violencia sexual, además de otras 13 a familiares, que accedieron a hablar con la organización en nombre de las mujeres y adolescentes agredidas. Se hicieron también dos entrevistas grupales. Además, Amnistía Internacional se ha entrevistado con 13 ONG y con 57 profesionales (del mundo de la abogacía, psicología, sociología, psiquiatría, medicina y fiscalía, entre otros ámbitos).

Publicado en https://www.lamarea.com/2018/11/23/informe-subraya-desamparo-mujeres-ante-estado/

#PorTodas, por Carmen, por María, por Fátima, por mí…

No me quito de la cabeza un racimo de globos negros con los nombres de varias mujeres. Los llevaba una chica en la manifestación del 25 de noviembre. Era de noche, medio llovía y el nombre de Ana Hilda, escrito en morado en uno de ellos, me revolvió las tripas. ¿Quién era ella? ¿Tendría apellidos, quién la echará de menos? ¿Tendría madre, hijos…, qué les habrán dicho, que un salvaje, quizás su padre, la mató? ¿Sería de Alicante, de un pueblo de La Rioja, gallega, de un municipio grande, qué sabrán los políticos de sus municipios más allá de que se hizo un minuto de silencio? ¿Y la Justicia, y él? ¿Tendrán miedo sus vecinas de que pueda pasarles a ellas? No lo sé. Hoy Marta solo es un nombre pintado en un globo que en un rato se pinchará. Me niego a olvidarla.

Por eso estoy en la iniciativa que hemos llamado PorTodas, un proyecto de investigación periodística centrado en las 55 mujeres que, según reconocen los registros oficiales, fueron asesinadas en España en 2014. ¿Por qué? Porque nos están matando y sobre nosotras, sobre todas, cae una losa de olvido muy cómoda para todos: para mí también, que dejo el tema para más tarde, que me duele volver a desayunar con otra mujer asesinada, que no pregunto qué planes de prevención están ejecutando los gobiernos para que no asesinen a otra mujer la próxima semana y que no sé qué fue de ella.

No son ‘un breve’, ni ‘sucesos’, periodísticamente hablando: son 55 dramas reales y silenciados, los del 2014, un drama que se repitió el siguiente año, y el siguiente y el siguiente y este. Cada mujer asesinada es una historia que no podemos dejar reducida a un globo negro en una manifestación. Cada mujer asesinada por violencia machista es la historia del fracaso de una sociedad que no nos considera. Y digo ‘nos’ de forma intencionada, porque el desprecio a sus vidas es el desprecio a todas.

Queremos saber, queremos contar, qué ocurrió con esas 55 mujeres que corrieron el mismo destino que Ana Hilda y responder qué sucedió después. Hay muchos interrogantes que deben ser resueltos para que el año que viene no volvamos a repetir el número de mujeres asesinadas: ¿recibieron las hijas y los hijos de la víctima algún tipo de ayuda? ¿Aumentó el Ayuntamiento el presupuesto en cuanto a prevención de las violencias machistas? ¿Qué condena recibió el asesino? Para ello, un grupo de periodistas con experiencia, dirigidas por Magda Bandera desde el periódico independiente La Marea, publicaremos reportajes que ayuden a exigir responsabilidades a las administraciones y recogeremos ejemplos positivos que inspiren a distintos colectivos a avanzar en la lucha contra la violencia machista.

Eso sí, #PorTodas solo será posible con la implicación de muchas personas en esta iniciativa que no tiene una empresa detrás, sino la voluntad de un grupo de periodistas por cambiar las cosas y hacer periodismo de investigación con vocación de servicio público.

Si quieres saber qué pasó con Marta, con Raquel, María, con Carmen… el periodismo tiene que hacer su trabajo, y tú puedes hacerlo posible: participa #PorTodas

Nosotras corremos. Por la resistencia y por una nueva forma de conjugar

Leo en un tweet: “Según Salvamento Marítimo TODAS las mujeres del Aquarius han sufrido violencia sexual”. Unos días antes, y también relacionado con el drama de las personas que huyen de su país para no morir, la activista Helena Maleno afirmaba en una entrevista que las mujeres, para llegar aquí, deben normalizar la violencia. Contaba que es una cuestión de supervivencia, porque si no lo haces, te mueres. “Se exponen a las violencias ligadas a la trata de personas y a ser explotadas durante el tránsito para poder llevar a cabo el viaje, por no hablar de los abusos y violaciones sistemáticas. Normalizar la violencia es una gran estrategia para no morirte”. Lolita, una Berta Cáceres de Guatemala, una defensora de los derechos humanos que tuvo que huir de su país para que no la matasen dice que quiere vivir y que no nació para ser ni violada ni asesinada. Porque el norte de Centroamérica, lo denuncia Naciones Unidas, está considerado como una de las regiones sin guerra más peligrosas del mundo para ser mujer.

Pero ojo, no hace falta irse lejos, el caluroso 19 de junio cerrábamos la jornada en España con el asesinato de tres mujeres por terrorismo machista. Al día siguiente, hubo otra más. Cuatro mujeres menos a seguir. Cuatro mujeres asesinadas por el mero hecho de haber nacido mujer. El día que empecemos a contar este drama con la misma seriedad que tratamos otros terrorismos la historia empezará a cambiar.

Pero para eso hace falta cambiar la forma de contar y mirar. Lo primero está muy relacionado con el lenguaje y con la visibilización de las mujeres en todas las esferas. Para modificar la mirada hay que aprender a pensar las cosas desde otra perspectiva, la que se empieza a ver si uno se coloca las gafas violetas. No es fácil: las transformaciones nunca lo han sido.

Lo interesante es que se ha roto el tarro y el sentir de las mujeres en la lucha por nuestros legítimos derechos, aquí y allá, es imparable; es global y es local. “El mundo, el de las mujeres, llevaba un tiempo despertando de una calma chicha que había durado demasiado. Y crujía por todas partes. Cada movimiento encontraba cada vez más réplicas y más rápidas, más sonoras; cada una rompía en mayor o menor escala con un prejuicio, una cifra, una tradición, una orden”, explica la periodista Isabel Valdés en su libro Violadas o muertas, un alegato contra todas las ‘manadas’. La calle no callará más: ahí estamos nosotras. Se vio el 8M, porque al día siguiente amanecimos con el asombro de una parte de una sociedad que por fin se plantea que debamos hablar de consejo de ministras, si somos más. Un mundo donde banqueras como Ana Botín confesaba hace unas semanas que sí es feminista, algo, decía en la entrevista, que no hubiese afirmado hace diez años.

Sigo feliz tras la lección de la hija de un amigo. Con 8 años le pidieron que conjugase el verbo correr en presente de indicativo. “Yo corro/ tú corres / ella corre / nosotras corremos / vosotras corréis / ellas corren”, dijo. Sin darse cuenta, la pequeña ya ha hecho suyo que lo personal es político. Yo corro con ella para buscar las conexiones entre la experiencia personal y las grandes estructuras sociales y políticas, así se cambia el mundo.

Este artículo de opinión se publicó primero en el nº5 de la revista Más Mujeres a Seguir (MAS), edición en papel y en el newsletter: Newsletter MAS

“La calle y la noche también son nuestras”

Esta semana, el 7 de julio, se cumplirán diez años del asesinato de Nagore Lafagge en el primer día de los sanfermines. Decir “no” a tener relaciones sexuales le costó la vida. La Justicia lo calificó de homicidio; el movimiento feminista, de asesinato. La asociación Andrea Lunes Lilas, que nació esos días, sale desde entonces todos los lunes a la plaza más céntrica de Pamplona, La del Castillo, para recordarla y gritar todos los nombres de las mujeres asesinadas por el terrorismo machista. Mañana será homenajeada en Pamplona. Teresa Saez Barrao, una de las fundadoras del movimiento, habla de las próximas fiestas de San Fermín, de La Manada y del evento que mañana se rendirá en nombre de Nagore.

El asesinato de Nagore marcó un antes y un después en cuanto a la movilización de la gente, pero nada comparado con el de La Manada. ¿Qué ha pasado? ¿Ha cambiado el contexto?

Sí, hace diez años al movimiento feminista le faltaba la comprensión y participación de la ciudadanía. Fíjate que el caso de Nagore no fue ni calificado de asesinato. Se entendió que fue un homicidio. Se justificó la confesión del delito, que él estaba borracho, la reparación del daño, el arrebato de él…

Eso es lo que el movimiento feminista califica como “cultura de la violación”. Es decir, que si no te dejas la piel en defenderte, si estás borracha, si te has besado con el agresor… te lo mereces.

Exacto. Esa cultura de la violación es la que habla de marcarnos espacios para que no seamos libres de hacer lo que queramos. De alguna forma te dicen, si sales y vistes así, te puede ocurrir. Hay que repetir que la calle y las fiestas también son nuestras. Tenemos ese derecho, y eso implica derecho a una seguridad, a unos recursos y una legalidad.

Y eso es lo que venimos trabajando en Navarra desde hace años. Hemos tocado el transporte (con rutas nocturnas que antes no había), la iluminación, puestos de seguridad… Antes nadie miraba las fiestas con perspectiva de género y es absolutamente necesario.

También pareciese que antes, hace años, no se daban esas escenas de agresión, esas imágenes durante el chupinazo de hombres levantando las camisetas y tocando las tetas a mujeres. ¿Es así?

Las agresiones han ocurrido siempre, aquí, en Málaga, en Helsinki y en Castilla – La Mancha. Lo que pasa es que antes la fiesta no era nuestra: estamos pagando el precio de la libertad, con camiseta –y en medio de la fiesta– o sin ella; bebidas o no. Hemos irrumpido en esos espacios y nos agreden. A esas pandas de machirulos no les gusta que estemos.

Hay distintas posiciones por parte del movimiento feminista sobre las fiestas que empiezan el sábado: algunas hablan de boicot, otras de cambiar la camiseta blanca por una negra, otras por llevar un pañuelo morado, en vez del típico rojo…

Nosotras lo tenemos muy claro, si quieres y te apetece, hay que venir a sanfermines. La noche y la fiesta también son nuestras. Los que deben abstenerse son los machirulos. Y respecto a cómo venir, todas iniciativas nos parecen bien. Nosotras, por nuestra parte, vamos a llevar una chapa roja que dice “Stop a la violencia de género” y el pañuelo será morado.

No compartimos el mensaje de no venir. No tenemos que renunciar a la fiesta. Lo que hay que hacer es poner medidas contra las agresiones sexistas, como lo viene haciendo Navarra desde hace años. Porque aquí y en todas partes, nos agreden, y eso hay que contarlo y poner las medidas y la cabeza para cambiarlo. No puede ser que seamos objetos sexuales; somos seres sujetas de Derecho, en fiestas y sin ellas.

Sí, hay avances y Navarra ha sido pionera en muchos de ellos, pero luego nos encontramos con sentencias como la de La Manada, acusada solo de abusos sexuales, para indignación del movimiento feminista.

Sí. Es la violación institucional. La Justicia es una de las instituciones que más alejada está de la ciudadanía. Pero aquí quiero poner en valor los cambios que se están dando: de los tres magistrados que decretaron la libertad condicional de ellos, uno estaba con nosotras. Y también lo está la Fiscalía y otros jueces y juezas.

Pero sí, falta formación en género para quienes juzgan, para quienes valoran, para los jurados populares, etcétera. Además, hay que avanzar para que el código penal asegure recursos para las víctimas, para que haya una ley específica de violencia sexual.

¿Qué vais a reivindicar este lunes?

A las 19 horas y en la Plaza del Castillo, vamos a decir: en tu ausencia, Nagore, y diez años después, seguimos diciendo que te asesinaron y cada vez somos más. Vamos a gritar también que merece la pena ser constantes y fuertes. Queremos remarcar también la importancia de tener al movimiento detrás. La unión hace la fuerza.

¿Qué le dirías a la víctima de La Manada?

Le diría gracias por ser tan valiente a pesar de todas las dificultades del proceso. Le diría gracias por dejarnos poner su voz para gritar “basta”. Gracias por reconocer que nos has dejado tu testimonio. Gracias, hermana, porque tu valentía nos ha servido a todas nosotras, a las que hemos sido violadas y las que no. Gracias porque has demostrado que se puede decir “no” a esa justicia patriarcal. Gracias.

Culpable: el asesino. La culpa no está en decir “no”

Hace ahora diez años, en los sanfermines de José Diego Yllanes Vizcay asesinó a Nagore Laffage. Él tenía 27 años y era licenciado en Medicina. Ella tenía 20 años y era enfermera. Trabajaban juntos y se encontraron en las calles de Pamplona. Ambos estaban presuntamente ebrios. Él la llevó a su piso y cuando ella se negó a tener relaciones sexuales, Yllanes le rompió la ropa, la violó y la mató a golpes. La autopsia halló hasta 38 heridas en su cuerpo.

Tal y como dice la ley, después de cumplir poco más de nueve años de cárcel, el homicida confeso de Nagore Laffage disfruta de un régimen de semilibertad. A finales del año pasado, en plena tormenta mediática sobre el caso de ‘La Manada’, se supo que Diego Yllanes sólo iba a dormir a la cárcel y trabajaba en un clínica psiquiátrica privada durante sus permisos. Esta información desató la indignación de las redes sociales. La fotografía del autor del asesinato de Nagore desapareció de la página web del centro clínico y, poco después, Yllanes dejó de colaborar con la clínica. FIN

Publicado en Público

Refugiado se debería escribir con “a”, de mujer

De los 58,5 millones de personas que se ven forzadas a salir de sus países, más de la mitad son mujeres y sufren una violencia añadida solo por serlo.

Si el lenguaje hiciese justicia a lo que representa, este miércoles debería ser el Día de la Refugiada, porque de los 58,5 millones de personas que se ven forzadas a salir de sus países, más de la mitad son mujeres. Además, sufren una violencia añadida por una cuestión de género.

Y sí, las guerras son uno de los motivos para huir, pero no necesariamente. El norte de Centroamérica, por ejemplo, está considerado como una de las regiones sin guerra más peligrosas del mundo para ser mujer. El conocido Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y Salvador) presentan la mayor tasa del mundo de violencia sexual fuera de la pareja y la segunda mayor por parte de la pareja actual o pasada, denuncia el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. En esos países el feminicidio es ya una pandemia, según la Organización Mundial de la Salud.

Con motivo del Día Internacional de las Personas Refugiadas, que se celebra este miércoles, la Asociación de Mujeres de Guatemala (AMG) trajo este martes, al centro del debate público, la situación de las mujeres centroamericanas que deben huir de una de las zonas más violentas del planeta. Bajo el título De las violencias contra las mujeres en Guatemala y Centroamérica a la (Des)protección internacional, la organización buscaba recordar que la mayoría de las personas refugiadas en el mundo, casi 58 millones y medio, el 60%, son mujeres y subrayar cómo el derecho de asilo —según las leyes internacionales y europeas— es un mandato obligatorio para todas, hombres y mujeres en situación de riesgo real, ya sea por etnia, religión, persecución política o nacionalidad.

Y ser mujer en Centroamérica, tal y como constatan organizaciones como Acnur incrementa las posibilidades de ser víctima de algunas de las múltiples violencias que sacuden al continente. “En el Triángulo Norte de Centroamérica [Guatemala, Honduras y El Salvador] se sufre altos niveles de violencia provenientes de grupos delictivos organizados, incluyendo un aumento sin precedentes en los índices de homicidios, violencia sexual, desapariciones, reclutamiento forzado en las pandillas armadas y extorsión. Esta violencia afecta a una amplia variedad de personas incluyendo niños y niñas, mujeres, así como personas lesbianas, gais, bisexuales, transgénero e intersex (LGBTI)”, apuntaba la organización de Naciones Unidas en febrero de 2017. Corroboraban esa realidad las invitadas al encuentro auspiciado por el Ayuntamiento de Madrid, mujeres que tuvieron que abandonar sus países por su activismo u orientación sexual o defensoras de los derechos humanos amenazadas por su activismo y defensa de los derechos humanos.

Ser lesbiana fue el “delito” de Nuria Esther Landaverde, de El Salvador, víctima de torturas físicas y psicológicas por negarse a mantener una relación con el jefe de una de las maras de su ciudad. “Llegué a España en 2012 huyendo como si fuera una delincuente. Porque de repente, por el capricho de un hombre, un alto jefe de una banda criminal con más de 40 o 50 personas a su mando, tienes que salir huyendo de tu país. Y te toca irte porque te das cuenta que no tienes posibilidad de seguridad o protección. Atentaron contra mí (dispararon contra mi casa), me secuestraron… Cuando ocurrió intenté denunciarlo, pero nada. Nunca me tomaron declaración porque simplemente se pensaba que yo lo había provocado con mi negativa y tenía que hacer lo que él quería. Allí estamos expuestas a cualquier cosa. Nadie se preocupa por el colectivo LGTBI”, señalaba con la voz quebrada. Su asilo no fue fácil.

La guatemalteca Lolita Chávez, líder maya-kiché y refugiada dentro de un programa de acogida temporal en el País Vasco fue contundente al reclamar a Europa las responsabilidades por la situación de vulnerabilidad que viven sus comunidades por unos problemas creados aquí. “Es importante romper el silencio y hablar de las situaciones de desarraigo, de guerra y de renuncias a las que nos vemos forzadas a afrontar. Pero eso no pasa por casualidad. Ocurre porque hay una parte de la sociedad que ha colapsado por un enfoque individualista, racista, patriarcal y excluyente”, señaló. Chávez, amenazada de muerte y con un sinfín de reconocimientos a su labor en pro de los Derechos Humanos, también recordó la persecución que sufre por el hecho de ser mujer, porque la fuerza de las féminas es colectiva, un asuntó al que temen las políticas mundiales, afirmó.

Para Mercedes Hernández, organizadora del evento y directora de la Asociación de Mujeres de Guatemala, el motivo de centrar la jornada del martes de forma exclusiva en las mujeres se debe a la necesidad de recordar que en medio de la enorme crisis de las personas refugiadas en el mundo, la mayoría de quienes se ven forzadas a salir son mujeres. El foco en Centroamérica lo justifica por ser el lugar más violento del mundo para las mujeres, tanto cuantitativamente como cualitativamente.

En ese sentido, Acnur en un documento de 2015 titulado Mujeres a la huida reflejaba cómo las mujeres entrevistadas para el estudio indicaban que ellas y sus hijos se enfrentaban a niveles extremos de violencia casi cotidianamente. Describían ser violadas, asaltadas, extorsionadas y amenazadas por miembros de grupos armados criminales, incluidos pandillas y carteles de drogas. “El 85 por ciento de las mujeres señaló vivir en vecindarios que estaban bajo el control de maras (grupos armados criminales) u otros grupos criminales trasnacionales o locales. El 64 por ciento de las mujeres relató ser blanco de amenazas y ataques directos por parte de los integrantes de grupos armados criminales, y ese
fue uno de los principales motivos de su huida”, reza el documento.

as mujeres reportaron haber pagado tarifas elevadas a los traficantes y haber sido víctimas de la extorsión a lo largo del viaje, especialmente cerca de la frontera México/Estados Unidos. También denunciaban tomar anticonceptivos antes de viajar con el fin de reducir la posibilidad de quedar embarazadas en caso de ser violadas durante la huida. Es la normalización del abuso, que denunciaba Helena Maleno hace unos días en Público: “Denunciamos la situación de estas mujeres porque, aquí y en todo el mundo, no hemos sido consideradas ciudadanas de pleno derecho. Y con esta realidad, la que exponen estas mujeres, preguntamos: ¿para quién son esos Derechos Humanos? Porque nosotras no hemos accedido en muchas ocasiones a la condición de humanas. El Derecho es un instrumento enormemente patriarcal, misógino y racista erigido siempre desde el discurso de la neutralidad y la Justicia vista desde Occidente. Y neutralidad y Justicia no son sinónimos”, afirma Hernández.

Para ella, desde un punto de vista jurídico, uno de los problemas a los que se enfrenta cualquier refugiado es la falsa creencia, por parte de los países receptores, de que el asilo es un derecho concebido desde la gratitud de quien acoge y no como un derecho humano. “Entonces, cuando se suma que al hecho de tener que huir de tu país, eres mujer, de otra cultura y además pobre, se hace una enorme discriminación”, explica para acabar sentenciando que si los cadáveres que llegan a las costas de Europa tuviesen los ojos azules, el Mediterráneo no sería una fosa de muertos.

El encuentro también sirvió para denunciar casos como el de las 41 niñas calcinadas en un reformatorio estatal guatemalteco, víctimas de la desprotección del Estado. También se recordó a Berta Cáceres, la activista y ecologista asesinada en Honduras. Lo hizo su hija, mediante videoconferencia. La persecución sufrida por Teodora Vásquez, conocida como una de “las 17 de El Salvador”, mujeres criminalizadas y encarceladas por delitos de aborto fue otro de los temas tratados para visibilizar la persecución que sufren por defender los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

Y mientras que ellas y ellos huyen para salvar sus vidas, para no ser violadas ni torturadas, la Unión Europea se plantea la creación de centros para inmigrantes fuera de la UE que alojen a las miles de personas que a diario rescata en el mar.

No es no y una violación es una violación

Señoros jueces: voy a consultar simplemente con la RAE por si puede ayudarles a entender qué es una violación. Porque hay algo que todas hemos entendido, y a ustedes parece que les cuesta.

Para ello me acojo a las palabras que recoge la sentencia dictada por la Audiencia Provincial de Navarra, los hechos probados que sufrió una mujer de 18 años por parte de cinco hombres durante la fiesta de San Fermín 2016. La víctima se sintió ‘impresionada y sin capacidad de reacción‘, con ‘un intenso agobio y desasosiego, que le produjo estupor y le hizo adoptar una actitud de sometimiento y pasividad, determinándole a hacer lo que los procesados le decían que hiciera, manteniendo la mayor parte del tiempo los ojos cerrados’. En los vídeos, la joven violada aparece ‘agazapada, acorralada contra la pared por dos de los procesados‘, y expresando ‘gritos que reflejan dolor’.

“Acorralada”. Definición 1: encerrar o meter el ganado en el corral. Definición 2. Encerrar a alguien dentro de estrechos límites, impidiéndole que pueda escapar. Definición 3. Dejar a alguien confundido y sin tener qué responder. Definición 4. Intimidar, acobardar.

“Someter”. Definición 1: sujetar, humillar a una persona, una tropa o una facción.

“Agobio”: sofocación. Angustia.

“Agazapada”. Agacharse como lo hace el gazapo cuando quiere ocultarse de quienes lo persiguen.

Si a esto le sumamos que ella estaba –tal y como recogen los hechos- “sin capacidad de reacción”, “contra la pared”, “con gritos que expresan dolor” y en “situación de sometimiento y sumisión” eso es una violación en toda regla.

Y aquí vuelvo a la RAE:

“Violación”: Tener acceso carnal con alguien en contra de su voluntad o cuando se halla privado de sentido o discernimiento.

Lo terrible de este caso, por el que nos han violado a todas, es que aquí no se ha juzgado a estos hombres que a la fuerza y abusando de su superioridad física y numérica, introducen a una joven en un portal sin su consentimiento. Lo bárbaro es que se la ha juzgado a ella y lo peor, estamos dando carta blanca a los violadores para que sigan utilizando los cuerpos de las mujeres como si fueran propios.

Yo, y todas nosotras, que sí somos manada #NosotrasSomosLaManada no vamos a parar hasta que esto se revierta. Nuestro mensaje para la víctima es: te creemos. No nos importa, como parece que sí a la justicia patriarcal, que no enfatizases el uso de la violencia: estabas sometida, agobiada, aterrada… No hay más que explicar. Qué exquisitas, sus señorías, de repente cogiéndose a la semántica para aducir que solo utilizaste el verbo ‘obligar’ una vez: Nos basta con tu ‘me hicieron algo que yo no quería hacer’.

No vale juzgar a la víctima, no vale perseguirla, no vale espiar sus redes socialespara ver si ella hacía ‘vida normal’ tras tan salvaje atropello, no vale cuestionar si ella estaba borracha. No podemos aceptar volver a tener que escuchar exabruptos como los del magistrado González al escribir que vio en ella vestigios de jolgorio y regocijo. ¿De qué habla? Y más: ¿A quién juzga, a ella o a ellos? ¿Qué ojos hay que poner ante unas bestias que abusan de su fuerza, te roban el móvil, te vejan y graban y difunden el horror?.

  • Señoros: dícese de cierto tipo de hombres de comportamientos sexistas y con una visión del mundo tradicional y patriarcal. Son peligrosos, mandan, actúan bajo estereotipos y se sienten amenazados por el simple hecho de que una mujer sea consciente de sus derechos, y los reclame. (Esta definición todavía no está en el diccionario, pero llegará: se la regalamos a la RAE).

Publicado en 20 minutos, Más de la mitad

#MeNiegoA la indiferencia

Mayerlis Angarita, una defensora colombiana de los derechos de las mujeres, repetía algo que dio titulares en España cuando la entrevisté en su país. Decía: “No es normal que nos violen. No es normal que nos desaparezcan”. Aquí su frase llamó la atención; allí, menos.

Es como si en su país, acostumbrado al horror de la guerra y a más de ocho millones de víctimas, la gente se hubiese anestesiado contra el dolor. Ella, que vive con guardaespaldas porque varias veces han intentado matar, afirma también que la indiferencia mata.

En España, donde la violencia machista ya ha asesinado a 44 mujeresme niego a normalizar las muchas violencias que sufrimos las mujeres de aquí y de allá, de mayor y menor formación, de clases altas y bajas, de orientaciones sexuales diversas y los más variados credos y culturas. Porque es violencia contra nosotras que cobremos menos, que no estemos representadas en la política de una forma paritaria, es violencia que haya más desempleo entre las mujeres, que paguemos una factura mayor en términos de salud que los hombres, que la justicia todavía no cuente con una perspectiva de género, que nos cosifiquen, nos piropeen por las calles y los chistes machistas sigan siendo jaleando… Todo eso son violencias, especialmente cuando nos están matando. Y ante esos datos que sin duda constituyen una agresión a todas y cada una de nosotras, solo un 0,8 de los españoles consideran la violencia contra las mujeres como un asunto grave. Y hoy, a dos días del Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer, me uno a la campaña que lanza Oxfam Intermón contra esta enfermedad que son las violencias contras las mujeres, un problema calificado de pandemia por Organización Mundial de la Salud, y digo “#MeNiegoA la indiferencia contra las múltiples violencias machistas”.

E intencionadamente uso el plural porque son muchas las desigualdades. Van algunas, las más obvias. #MeNiegoA

  1. A que no lideremos y existan techos de cristal. Las mujeres ocupan un 14,3% de los puestos directivos.
  2. A que cobremos menos. Cobramos de media un 15% menos.
  3. A trabajar más en el hogar. El uso del tiempo es radicalmente distinto: nosotras dedicamos al hogar una media de 4,29 horas al día; ellos dos menos.
  4. A cobrar menos pensiones. Nuestra vida laboral es más corta, los sueldos más precarios y por lo tanto, cotizamos menos. Pensiones. Un 69% de los hombres cobra pensión, mientras que las mujeres son un 30,78%.
  5. A que sigamos sin jugar un papel igualitario y en paridad en la política.
  6. A que sea más difícil trabajar para una mujer. El paro entre las mujeres es mayor.La tasa de empleo femenino en 2012 no llegó al 39%, 10 puntos por debajo de la masculina. Entre 2008 y 2013, el desempleo femenino se duplicó, pasando del 13 al 27%. El 72,5% de las personas con contrato a tiempo parcial son mujeres.
  7. A que tengamos un papel secundario en el mundo de la ciencia.
  8. A sufrir acoso sexual
  9. Al maltrato físico y psíquico. El 35% de las mujeres en todo el mundo han sufrido violencia física y/o sexual.
  10. A un lenguaje sexista.

Pero hay muchos más motivos y causas a las que hombres y mujeres debemos negarnos. Va una lista rápida confeccionada entre mis compañeras:

Me niego a educar a mi hij@ en el machismo

Me niego a callarme cuando me interrumpen por el mero hecho de ser mujer

Me niego a tratar de manera diferente a las personas según su sexo

Me niego a escuchar tertulias sólo de hombres

Me niego a soportar que la pobreza y la desigualdad afecten más a las mujeres

Me niego a que miles de niñas sufran ablación

Me niego a alimentar los estereotipos que limitan a las mujeres

Me niego a comprar juguetes sexistas

Me niego a que las mujeres sigamos cobrando un 15% menos

Me niego a trabajar 54 días gratis

Me niego a que las trabajadoras domésticas estén discriminadas

Me niego a juzgar a las mujeres sólo por su apariencia

Me niego a que las mujeres cobremos menos. ¡22,9%!

Me niego a que ser madre perjudique la carrera profesional de una mujer

Me niego a que se minusvaloren los logros de las deportistas

Me niego a minusvalorar el maltrato psicológico

Me niego a que en mi país se tolere la explotación sexual de mujeres

Me niego a interrumpir a una mujer cuando habla

Me niego a perpetuar el machismo

Me niego a ignorar la violencia machista que existe a mi alrededor

Me niego a callar ante el ciberacoso

Me niego a callar ante el acoso

Me niego a participar en un panel o conferencia solo de hombres

Este post forma parte de una serie de entradas creadas específicamente por diversas expertas, en el marco de la campaña #MeNiegoA  de Oxfam Intermón.  Tienen como objetivo sensibilizar y generar debate acerca de la gravedad de las violencias machistas en nuestra sociedad durante los 16 Días de Activismo contra la violencia de género.

 

No son estadísticas; son vidas

2017 se está convirtiendo en España en el año de una masacre. Nos están matando y nos hacemos caso. Pasamos a otro tema, como si molestase o fuera poco importante. 21, hasta ayer, 3 de marzo, dos a la semana. ¿Han oído bien, dos a la semana? No quiero comparar con otros muertos por otras causas, porque me duele. El terrorífico número 21 esconde que la violencia machista la seguimos viendo como un suceso y un tema doméstico (ay, la semántica).

Sí, porque los medios siguen hablando de sucesos y de “mujeres”, siglas y nombres que no nos llegan. Quiero ver el mismo tratamiento que se da a la muerte de los que parece que sí importan. Exijamos el mismo enfoque y profesionalidad que esperamos de periodistas y políticos cuando mata el terrorismo islámico, el de Eta o cualquier. Busco las páginas y páginas, ediciones especiales y horas de visibilización del horror. Porque el día que en España empecemos a contar que nos matan con la contundencia que hicimos cuando el asesino era ETA (en una segunda fase), empezaremos a entender el drama.

“Aquí tienen que aplicarse políticas muy serias, el Estado y los violentos deben reconocer lo que le han hecho a las mujeres. Se debe saber que la violencia es una arma. Y hay que poner nombre a quienes lo permitieron y no lo evitaron. ¿Por qué se violenta a las mujeres? Es fácil: porque no se las reconoce como individuas, ni como grupo, ni como sociedad (…). Si nosotras permitimos que se piense así, que no haya políticas para enmendar esa realidad, que no se diga la verdad, que la sociedad no esté dispuesta a cambiar… pues no hemos hecho nada”, grita Patricia Guerrero en su discurso vital. Lo repite también en Mujeres al frente (libro y documental) y se refiere a Colombia, pero aplica igualmente a España.

Porque sí, señora ministra, hacen falta recursos y en este punto es importante recordad que el presupuesto para la prevención contra la violencia de género ha sufrido un tijeretazo del 26%. Y sí, además, hace falta coordinación, educación y un Pacto de Estado YA para que sepamos quién eran esas mujeres que se esconden bajo ese nombre de Matilde, peruana, B.E.M.A, Virginia, mujer en silla de ruedas…  Es mucha la educación que hace falta para que no volvamos a escuchar en boca de Interior que los crímenes machistas están relacionados con la decisión de las mujeres de separarse rápido.

mientras se dá la inacción por parte de las autoridades,un grupo de mujeres en la madrileña Puerta del Sol se han plantado para molestar, para desde el kilómetro cero de la capital, recordad que el patriarcado mata. No comen desde el pasado 9 febrero y reclaman ese Pacto de Estado contra la violencia machista. El próximo 6 de marzo acudirán al Senado para exponer sus propuestas contra esta lacra. Solo queda apoyarlas, en cuerpo y alma. Y una forma clara es la huelga a la que estamos invitadas todas las mujeres el próximo 8 de marzo, un paro de empleo, cuidados y consumo de media hora que comenzará a las 12,00, una iniciativa mundial convocada por el movimiento argentino Ni Una Menos. Yo paro. FIN

Publicado en Más de la Mitad